Una mujer camina frente al Banco Central (EFE/Juan Ignacio Roncoroni)
Una mujer camina frente al Banco Central (EFE/Juan Ignacio Roncoroni)

Argentina sufre de problemas estructurales de largo plazo y de problemas coyunturales que se concentran más en el corto plazo, aunque en varias ocasiones son problemas repetidos del pasado. Y sí, en Argentina es un constante “¡Otra vez sopa!”. Sin embargo, hay dos problemas coyunturales que han comenzado a preocupar más en el gobierno: la brecha cambiaria y el nivel de reservas internacionales.

En estos momentos, la brecha cambiaria entre el dólar oficial y el contado con liquidación (CCL) se encuentra alta superando el 66% en el promedio mensual. Para el caso de junio, se toma el promedio móvil de 20 días hábiles. Por otro lado, las reservas internacionales netas (descontando los encajes, el swap con China, los depósitos del Tesoro Nacional y las Obligaciones con Organismos Internacionales) se ubican en torno a los USD 7.500 millones. En concreto, Argentina está en el peor de los mundos, con brecha alta y con reservas internacionales netas en niveles mínimos. Dos debilidades que en el gráfico se ven en espejo claramente. Dadas las circunstancias, no llama la atención que al gobierno le interese reducir la brecha cambiaria y fortalecer las reservas. El problema es que, las decisiones que se toman terminarán generando el efecto contrario.

Argentina está en el peor de los mundos, con brecha alta y con reservas internacionales netas en niveles mínimos. Dos debilidades que en el gráfico se ven en espejo claramente

Resulta interesante analizar estas variables en los últimos años. En este marco, podemos distinguir tres etapas. La primera, para el lapso 2011-2015, donde se observaba al inicio un alto nivel de reservas internacionales netas y una brecha elevada. ¿Qué ocurrió en ese período? Las reservas netas internacionales entraron en caída libre, mientras que la brecha obtuvo un promedio de 33,9% con un máximo de 70% en mayo del 2013 para luego ceder a niveles del 50% hacia finales del 2015. En el medio se observa una fuerte caída de la brecha cambiaria que responde a la devaluación que se llevó a cabo en enero del 2014 con Kicillof-Fábrega. Sin embargo, la brecha luego volvió a escalar. Una segunda etapa se puede observar durante enero del 2015 hasta agosto del 2019. En esta ocasión, luego de una devaluación y de liberar el tipo de cambio, la brecha se redujo prácticamente a 0% y se iniciaba un proceso de fortalecimiento de las reservas netas internacionales. Sin embargo, las reformas estructurales quedaron pendientes y la demanda por el dólar siempre estuvo presente.

Luego, desde mediados del 2018, el costo de contener el tipo de cambio en un nivel artificial, consistió en sacrificar reservas internacionales netas. Finalmente, en la última etapa (la actual) podemos observarla a partir de septiembre del 2019. Aquí, nuevamente la brecha cambiaria comienza a crecer y en los últimos tres meses del 2019 se observa una fuerte caída de las reservas internacionales con la intención de contener un dólar que ya era evidente que tenía un destino alcista, como siempre ocurrió en Argentina.

No es un dato menor que el BCRA desde mediados de abril hasta finales de mayo haya tenido que vender USD 1.759 millones para evitar que el tipo de cambio oficial se disparara, a pesar de tener una balanza comercial positiva y de ser época de agro-dólares

El presente nos encuentra entonces con la brecha cambiaria en máximos y con las reservas internacionales en mínimos. Además, la presión sobre el dólar continúa existiendo. No es un dato menor que el BCRA desde mediados de abril hasta finales de mayo haya tenido que vender USD 1.759 millones para evitar que el tipo de cambio oficial se disparara, a pesar de tener una balanza comercial positiva y de ser época de agro-dólares.

Como este ritmo era insostenible para el nivel de reservas, el BCRA emitió una normativa que profundizó el cepo cambiario. De esta manera, las empresas importadoras que contaban con dólares líquidos en el exterior, deberán utilizarlos para el pago de sus obligaciones en el exterior, en lugar de comprar dólares al tipo de cambio oficial para poder hacerlo. Con esta restricción adicional, el gobierno pudo comprar algunos dólares y ya recuperó USD 805 millones de las ventas realizadas entre abril y mayo. No obstante, este tipo de medidas sólo funcionan en el cortísimo plazo y traen otros problemas. Por un lado, se les obliga a las empresas que habían logrado generar activos en dólares para protegerse de la inflación a comprar al dólar paralelo mientras que el resto lo seguiría haciendo con el dólar oficial. De esta manera el BCRA busca cuidar sus reservas sacrificando la de los productores que pudieron y supieron ser precavidos. Por otro lado, también trae problemas de desabastecimiento en ciertos sectores ya que se trabó la venta de fertilizantes y agroquímicos.

Argentina ha vivido esta película demasiadas veces y siempre termina de la misma manera: con una devaluación del tipo de cambio oficial. En conclusión, las restricciones podrán comprar tiempo, pero la realidad siempre ha marcado que le mercado cambiario baila al compás del paralelo.

El autor es economista Jefe de la Fundación Libertad y Progreso