A los 72 años acaba de partir el profesor Santiago Mir Puig, catedrático de Derecho penal de la Universitat de Barcelona, luego de lidiar durante diez años y con notable entereza contra una cruda enfermedad.

El enorme dolor que nos cabe a quienes tuvimos el honor y el placer de disfrutar sus clases, conversaciones, historias, enseñanzas y, sobre todo, su compañía, contrasta con la felicidad y satisfacción por su permanente y generoso legado.

Santiago Mir es uno de los más importantes exponentes de un Derecho penal liberal y apoyado en un Estado social y democrático de Derecho y, con toda seguridad, un pensador que ningún penalista puede ni podrá eludir. Su visión de un Derecho penal mínimo, respetuoso de las garantías y, sobre todo, de la dignidad personal de los ciudadanos se erigió prácticamente en un código de conducta para todo penalista.

Especialmente en Latinoamérica su pensamiento se extendió de manera profusa. Cientos de alumnos de todo el continente tuvieron la dicha de aprovecharlo en sus clases, conferencias, seminarios, pasillos, y hasta en el café.

Santiago fue tan grande como ecuménico y generoso. De una presencia impecable, enciclopédico y siempre encendido, podía explicarte la composición química de su comida y, antes de terminar el plato, toda la teoría del delito en muy pocas palabras.

Nunca olvidaré el día que lo conocí -recién iniciado yo- que al finalizar la clase y en una persecución típica de pasillo me hizo entender su visión del concepto personal del injusto penal que es la premisa de su pensamiento científico y que podía explicar aun con la prisa de un docente que corre hacia otro compromiso.

Así era Santiago Mir. Siempre predispuesto, siempre preciso, siempre docente. Cada intervención suya transmitía la calma de quien disfruta compartir genuina y generosamente su conocimiento. Nunca se guardaba nada y así también demostraba su grandeza. Fue un verdadero analítico, no necesitaba de palabras difíciles ni de ningún oscurantismo para expresar con claridad su pensamiento (que es además muy claro) y, por sobre todas las cosas, se permitía dudar y cambiar de opinión aunque fuera drásticamente y ello mereciera una nueva edición de su Manual de Derecho penal. Fueron diez ediciones desde 1983 y no hay quien no tenga en la primera página su dedicatoria ni quien pueda encontrar dos iguales (fiel a aquél concepto personal).

Fue un maestro de maestros. Podría decirse, sin exagerar, que la Escuela Catalana de Derecho penal reconoce en él a su mentor. Quienes pertenecemos a ella integramos un árbol genealógico académico que deriva de él y de su pensamiento. Hubo un antes y un después de Santiago Mir en el Derecho penal.

No hay penalista latinoamericano (mucho menos argentino) que no tenga al menos su manual en la biblioteca. Y todos los que ejercemos la docencia o litigamos recurrimos a él para nuestra primera cita. Cientos de fallos de todos nuestros tribunales se apoyan en su pensamiento (los casos de LAPA, Once, Pedraza, Cromagnon, Sevel, Varando, entre tantos otros). Su palabra es más que autorizada.

Recuerdo como si fuera hoy escuchar al gran maestro examinándonos en cada clase con su manual. Párrafo por párrafo, cita por cita. Siempre vivaz, haciendo todos los chistes que la situación permitiera, aun llegando al límite de su habitual sarcasmo. Enseñando con una pasión y una dedicación plena. Y no puedo menos olvidarlo en su último acto académico formal, su homenaje a los 70 años. Tan hidalgo, tan genuino, tan sinceramente crudo, mientras se reconocía en el “corredor de la muerte”, dando una de sus últimas enseñanzas: “Si me preguntasen ¿qué prefieres? No tener esta enfermedad pero no tener a nadie que te aprecie o tener esta enfermedad mortal y tener a mucha gente que te aprecie. Yo me quedo con lo segundo”.

“Más que los hechos importa el significado de los hechos”, solías decir. Tu legado se identifica así con tu significado. Porque partiste pero da por hecho que todos los penalistas del mundo (cada cual a su modo, algunos también con el corazón) mucho te apreciamos. Hasta siempre, querido Santiago.

Abogado, Doctor en Derecho -Universitat de Barcelona- y Magister en Derecho penal -Universitat de Barcelona/Universitat Pompeu Fabra-. Profesor de Derecho penal -U. Austral-