¿Hombres-virus que destruyen el mundo?

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El papa Francisco
El papa Francisco

En Laudato si', después de recordarnos que el hombre y la naturaleza son obra de Dios, que Dios nos concedió el dominio y administracion de la tierra para el disfrute de todos, el Santo Padre expuso lo que en la relación “hombre-medio ambiente” se puede ver en el mundo actual.

¿Hombres-virus que destruyen el mundo?

“¿Qué vemos?”, pregunta el Papa. En primer lugar, “observamos un gran deterioro de nuestra casa común” (61) y enumera: la contaminación, la cultura del descarte (20), la ausencia de un sistema de producción capaz de limitar el uso de los recursos no renovables y moderar el consumo, reciclar los desechos (22), el calentamiento del sistema climático, la emisión de anhídrido carbónico, el uso intensivo de combustibles fósiles, la deforestación (23) el derretimiento de los hielos polares y de planicies de altura, la destrucción de ecosistemas (24), el aumento de las migraciones huyendo de la miseria empeorada por la degradación ambiental (25), el ocultamiento de los síntomas por parte de los poderes económicos y políticos (26), la cuestión del agua (27-29) cuyo acceso es un derecho humano (30), la amenaza del control futuro del agua por grandes empresas mundiales (31), la pérdida de la biodiversidad (32) con desaparición de las especies (33), los agrotóxicos y las semillas transgénicas (34), los corredores biológicos (35), el rédito económico rápido y el descuido (36), el descuido de lugares de gran importancia para el ecosistema mundial (37), la Amazonia y la Cuenca fluvial del Congo, los grandes acuíferos, los glaciares, la quema de selvas para desarrollar cultivos, las propuestas de internacionalización de la Amazonia (38), la reforestación irracional, la pérdida de los humedales, (39) los océanos (40), la destrucción de las barreras de coral, el aumento de la temperatura de los océanos (41), la insuficiencia de inversiones en investigación, la ausencia de un inventario de las especies (42), el consiguiente deterioro de la calidad de la vida humana y degradación social, ciudades insalubres vs. ciudades ecológicas para ricos, la cultura del abuso digital y la mera acumulación de datos sin sabiduría ni reflexión ni encuentro (43-47), la inequidad planetaria cuando los más graves efectos de las agresiones ambientales la sufren los mas pobres (48), cuando las mayor parte de la población mundial son los excluidos, cuando no se escucha ni el clamor de la tierra ni el clamor de los pobres (49), y se promueve la reducción de la natalidad, se afirma incompatibles el crecimiento demográfico y el desarrollo integral (50), países ricos que acumulan una “deuda ecológica” con los países pobres (Norte-sur) por su enorme emisión de hidróxido de carbono (51), la deuda ecológica (52), la ausencia de una cultura suficiente para enfrentar la crisis (53), primacía del interés económico sobre el bien común (54), quienes dicen que hay que reducir la presencia del ser humano en el planeta (60).

La ruta equivocada

El hombre tuvo una inclinación a someter la tierra y todas sus criaturas con el afán de “obtener importantes beneficios (particulares, y en ese afán) se hace pagar al resto de la humanidad… los altísimos costos de la degradacion ambiental” (36). Y esto fue motivado en un exacerbado espíritu de dominación por parte de unos a costa del abandono de otros y de una gran injusticia social (53-49).

La acumulación (particular) ilimitada

Los hombres construyen “medios destinados a la acumulación ilimitada…” (61). Donde lo que está en contra de su beneficio particular y acumulación de ganancias se tira y así se crea una cultura del descarte. De lo material y del hombre que no les sirve (22).

La tecnocracia (en manos de muchos para el dominio de unos pocos)

La técnica -dice Francisco- ha traído «cosas realmente valiosas para mejorar la calidad de vida del ser humano» (103) (pero) “sometió a la economía, a la política y a la naturaleza en vista de la acumulación de bienes materiales (109). El hombre cree que la técnica todo lo soluciona y parte del error de pensar que hay una «disponibilidad infinita de los bienes del planeta»” (106).

La tecnocracia alimenta el antropocentrismo extremo (todo tiene sentido únicamente si sirve y está bajo el dominio del hombre, ¡de determinados hombres!).

Volver a Dios y al magisterio de la naturaleza

El sentido de la vida es otro. Pero el siglo XXI nos encontró con muchos hombres lejos de Dios y de su prójimo arrojados a un mundo de un egoísmo impiadoso, turbados por una carrera dominada por el dinero, comprometidos por el imperio del racionalismo que excluye la vida del espíritu, autosuficiente y todopoderoso. En 2015, el papa Francisco nos advirtió el peligro en Laudato si’ (en pdf gratis en la web). Pocos le hicieron caso cuando de pronto la naturaleza (mediante el Covid-19) irrumpe cinco años después contra el hombre y la mujer de hoy y estos tienen que reconocer la insuficiencia de su ciencia y el hombre de ciencia, en una alianza con el hombre de fe, luchan por salvar al prójimo. Y una vez más, ante el mal de la pandemia, aparecen hombres y mujeres dignos de admiración y de respeto.

Jorge Mario en Buenos Aires decía lo que en los últimos días nos reitera desde Roma: “¡Cuidado! Dios perdona siempre, el hombre a veces, la naturaleza nunca”.

La ruta es mantener el respeto por el orden natural creado por Dios. El hombre, que es naturalmente bueno, no debe dejarse engañar. ¿Acaso no es en el saber cuidar y en el amor al prójimo donde radica su salvación?

(*) Los números entre paréntesis remiten a los parágrafos de la Encíclica Laudato si'.