
La política en el mundo enfrenta un desafío enorme, producto de una pandemia que amenaza la salud de millones de personas en todo el planeta. El rol de la política se transforma poniéndonos a todos al servicio de la gestión de la crisis. Cada uno tiene el deber de ayudar, de canalizar situaciones concretas que merecen atención especial en medio de la emergencia.
Lo único que importa es evitar todas las muertes que se pueda, potenciar los recursos para tener la mayor capacidad para reducir el daño. En este evento extraordinario, al parecer, solo nos salvará nuestra propia responsabilidad de respetar el aislamiento y las normas que nos impone la autoridad. A todos nos pone a prueba y para obedecer debemos creer en lo que nos dicen. Para poder creer, es necesario poder confiar. Es por eso que la información y la buena fe son claves en este momento.
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La información tranquiliza. Transmitir expresamente cuáles son las medidas de prevención y que la población conozca cuántos recursos se invierten en gestionar la emergencia permite que la ciudadanía planifique. Lo sabemos, es un escenario cambiante, sumamente dinámico y en el cual las iniciativas que hoy parecen suficientes, mañana pueden no serlo. Sin embargo, no es exagerado mantener abierto un canal de información oficial eficiente, preciso y transparente.
El Estado tiene la obligación activa de dar información. Si queremos que una sociedad valore a la autoridad, esa autoridad tiene que informar lo suficiente, haciendo uso de las herramientas que tiene, como ser proactivo y veraz en la publicación de estadísticas, la realización de conferencias de prensa diarias y hasta la cadena nacional para que el otro entienda la dimensión del problema.
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El gobierno nacional está preocupado por la proliferación de noticias falsas (fake news) o la circulación de información no oficial. Esto sucede siempre cuando la información es confusa o insuficiente. Cualquier idea de ocultamiento y manipulación de la información por parte de un gobierno alimenta rumores y aumenta la angustia de una población cada vez más expuesta a las redes sociales.
Es imprescindible que la comunicación se base en información confiable para el manejo de la crisis. Se deben evitar distorsiones u omisiones que nos llevan al juego tradicional de la política de tiempos normales. Para que la sociedad acompañe al gobierno en su responsabilidad de liderar la emergencia, la transparencia es una condición necesaria. Eliminar el registro de gasto público en publicidad oficial sin duda va en el sentido contrario, solo abre las sospechas de un manejo discrecional de fondos para los medios, hoy necesarios para transmitir información certera. Responsabilizar a la gente por la falla en la organización del cobro en los bancos de jubilaciones, en lugar de corregir el curso rápidamente, nos pone a todos en riesgo.
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Nos pasamos en el aislamiento viendo en canales de noticias testimonios de ciudadanos argentinos varados en algún lugar del mundo producto de las medidas tomadas por el gobierno, cuyo mensaje en común es “no tenemos información”. En momentos de pandemia, la claridad debe primar en los mensajes oficiales. Potenciar el contacto y la información dará seguridad y tolerancia a toda la sociedad. El gran desafío será, entonces, no tentarse con especulaciones políticas.
La mayor responsabilidad que tiene hoy el gobierno es coordinar con los órganos rectores en materia de salud y transmitir mensajes coherentes con la evolución de la pandemia y las medidas adoptadas. No es mi intención detenerme en señalar los desaciertos, sino poner en debate la importancia de la acción coordinada y concertada entre todos. Es momento de dejar la miopía política, la pequeña ventaja sectorial para ver el conjunto de lo que, como especie humana, estamos enfrentando.
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El derecho humano al acceso a la información debe protegerse especialmente. Debemos rechazar toda restricción y procurar que las excepciones se ajusten a la norma comprendiendo el valor de la información oficial como garante de la credibilidad entre los gobiernos y la sociedad.
En este momento excepcional que atraviesa el mundo, el periodismo es un aliado y el antídoto para mitigar la circulación de noticias falsas es la información transparente, abierta y oficial. Para el gobierno, dejar roces estériles con el periodismo y trabajar en conjunto es una tarea indispensable para que circule información fidedigna.
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Desde el momento en que se comprende que la enfermedad puede afectar a todos y las medidas parecen paralizar la vida de las personas, estas tienen derecho a saber qué implicancias económicas y sociales pueden tener las políticas que se tomaron.
El coronavirus domina la agenda. Tiempos inciertos requieren de datos confiables. La proliferación de noticias no garantiza por sí misma una correcta información por parte de la sociedad. El carácter oficial y la oportunidad de las informaciones son absolutamente necesarios para salvar nuestras vidas y mitigar el contagio.
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La autora es diputada nacional de la UCR en Juntos por el Cambio de la Provincia de Buenos Aires.
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