
Tengo total certeza sobre la respuesta, pero para abordarla quisiera antes reflexionar sobre algunos factores significativos que giran alrededor de la hoy ya declarada “Pandemia del COVID-19”.
Gracias a la revolución tecnológica, casi sin darnos cuenta, en estas últimas décadas nos hemos sumergido y vivimos beneficiándonos de una nueva dinámica en la generación del conocimiento científico. En el actual escenario de esta nueva enfermedad, esto ha permitido que ocurran tres hechos determinantes:
1. Que en tiempo récord se haya logrado identificar al agente causal y haya sido posible ubicarlo dentro de los coronavirus, una familia de virus que afectan a los humanos y sobre los cuales se conoce su comportamiento en enfermedades frecuentes y también en epidemias anteriores como han sido las de SARS y MERS.
2. Que en tiempo real esté siendo posible monitorear la evolución de la pandemia gracias a la disponibilidad de plataformas epidemiológicas colaborativas que permiten conocer y geolocalizar el número de casos confirmados, en estudio, curados y fallecidos.
3. Que también casi al instante la ciencia globalizada esté pudiendo actualizar sus conocimientos al compartir los hallazgos, resultados y novedades publicadas en revistas científicas y organismos de salud internacionales.
Puede que a un porcentaje de la población, particularmente a los más jóvenes, estos tres hechos no les resulten relevantes. Los que llevamos algunos años más de recorrido, sin embargo, no podemos más que maravillarnos ante las inmensas posibilidades y oportunidades que la nueva dinámica de generación del conocimiento científico está aportando hoy a la salud global, y que el COVID-19 ha llegado para que lo entendamos y valoremos.
Hoy los gobiernos pueden tomar decisiones informadas ante la amenaza de un agente infeccioso que hasta hace apenas unos meses era desconocido y que, de haber llegado al mundo en otros tiempos, hubiera sido por años impredecible en su génesis, transmisión e impacto.
Tan rápido vamos, que la velocidad de adquisición del conocimiento científico supera en cientos de veces a la velocidad de transmisión del virus. Y es la democratización planetaria de este conocimiento la que abre las puertas a la esperanza de poder luchar mano a mano contra este virus, y que en el mediano plazo podamos ir empatando o ganando el partido.
Pero volviendo a mi pregunta, si existe toda esta increíble generación del conocimiento, ¿por qué el público sigue sin saber a quién creerle?
En los últimos días hemos escuchado audios diversos: la señora china que hablaba español y que recomendaba agua con limón para prevenir la infección, la cadenas de inverosímiles recomendaciones falsamente atribuidas a una de las más prestigiosas infectólogas pediatras de la Argentina, los casos de enfermos que existen en el país pero no se comunican, y la lista sigue con ejemplos que cada uno podría sumar de los tantos recientemente recibidos. Las falsas noticias se mezclan exitosamente con las reales recomendaciones científicas de los gobiernos y los organismos de salud, y una gran parte del público aún no logra distinguirlas.
Un valiosísimo recurso que sin lugar a dudas logrará encauzar la información y desactivar la delincuencia sanitaria de las fake news son los multisaberes. Grupos de expertos de diferentes disciplinas que se alían para generar información única, sólida, clara, concisa, dinámica y transparente, más allá de las fronteras de la ciencia y de toda ideología.
En nuestro país, y en muchos otros, los gobiernos están haciendo un inteligente uso de los multisaberes, y el público está comenzando a comprenderlo.
La epidemiología, la infectología, los especialistas en impacto sanitario, virólogos, emergentólogos, expertos en salud mental, adultos mayores, y tantos, tantos otros representantes de las distintas disciplinas y trascenciendo a las ciencias, se reúnen para generar protocolos para el diagnóstico, tratamiento y prevencíon del COVID-19 y para diseñar las estrategias de contención y mitigación del riesgo y controlar su ejecución.
Para que todos podamos decidir a quién creerle, juegan un rol fundamental en el multisaber otros dos grandes actores: las sociedades médicas que respaldan a los profesionales y sus capacidades, y los medios de comunicación, que están demostrando un fenomenal criterio para reunir y brindar información validada y basada en la evidencia médica.
Si ahora ya sabe a quién creerle, permítame confesarle que, a pesar de la información y de ser parte de los que la generamos, yo también estoy preocupado por la pandemia.
El autor es médico infectólogo, vicepresidente de la Sociedad Latinoamericana Infectología Pediátrica, y coordinador de Relaciones Institucionales del Hospital Garrahan
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