
Luego del informe sobre pobreza por ingreso presentado en diciembre por el Observatorio de la Deuda Social Argentina, en algunas redes sociales y medios de comunicación se pusieron en discusión los resultados de investigación, reproduciendo información errónea acerca de los índices de pobreza publicados.
Las actuales redes sociales tienden a degradar el modo en que se desarrollan los análisis político-sociales fundados en evidencias científicas. La divulgación de resultados de investigación social tiende a quedar atrapada por una maniquea devaluación de sentido. Las estadísticas sociales son puestas a jugar en la grieta simbólica a través de las redes sociales y los medios de comunicación, sin importar su real contenido, recorte metodológico y valor social. En ese marco, manipulando los datos de cualquier manera o descalificando la idoneidad de los investigadores según sean sus resultados, los actores políticos en conflicto “delinean” la realidad de acuerdo con sus particulares agendas. El ciudadano de a píe -incluso el periodismo tradicional- encuentra dificultades para construir una narrativa objetiva de los problemas, al emerger un relato fanático, proclive a reafirmar los postulados del bando político-ideológico al que se pertenezca.
En este contexto, la nota periodística que motiva esta respuesta, surgida de una entrevista realizada por Infobae, forma parte de una cadena de desinformación, en donde, una vez más, lo que importa es que la noticia genere impacto. En principio, corresponde decir que en dicha entrevista nunca transmití algo así como un mea culpa o error por dar a conocer resultados de investigación que dan cuenta de un agravamiento de la situación social durante los últimos dos años. En ese marco, expliqué que la decisión de dar a conocer una proyección de datos del Indec había sido mal utilizada por actores que juegan a profundizar la grieta ideológica en nuestro país, y que el problema había sido haber comunicado en las redes información técnico-académica dirigida a un público especializado, sin manejar ni prever cómo se opera en ellas. Asimismo, imputarle a la UCA el ejercicio de hacer “mea culpa” o de “arrepentirse”, es, además de no ser verdad -la entrevista fue conmigo, soy testigo de ello -, constituye una falsedad orientada a generar impacto político-mediático; mucho más si consideramos que informados los editores del error, nada se corrige.
Entreveo el risueño gesto de algunos amigos ubicados a ambos lados de la grieta, como diciéndome: “¿Y recién te das cuenta?... ¡Es el periodismo, estúpido!”. Quizás en algunos casos tengan razón, pero afortunadamente no todo el periodismo ni todo el mundo que participa de las redes sociales forma parte de este “modus operandi”. Hay buenos y muy buenos periodistas, y hay actores valiosos que ponen en juego ideas, valores, evidencias, respuestas y propuestas de verdad a los temas que preocupan a la ciudadanía o, al menos, a una parte de ella. Hay una gran ventana de oportunidad alrededor del periodismo profesional y de las redes de comunicación social, ¡no lo perdamos de vista!
Pues bien, ¡ninguna mea culpa ni un error de comunicación! Eso no quita que como académicos no hayamos aprendido algo nuevo de cómo funcionan las redes sociales en tiempos de grieta política cuando se trata de evaluar las grietas sociales. No son las redes sociales en mejor lugar donde se puedan “debatir” diagnósticos complejos y sensibles. Tampoco, le corresponde al ODSA adelantar los datos oficiales de pobreza del Indec. Qué lo haga el Indec cuando corresponda.
El ODSA confirma que su medición de la pobreza urbana por ingresos que realiza desde 2010, a través de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA), dada a conocer en los informes del 05/12/2019 y 28/12/2019, registró, luego de una importante caída de la pobreza en 2017, dos años consecutivos de deterioro, alcanzando en la segunda parte del año 2019 una tasa de 40,8% de personas bajo la línea de pobreza, de los cuales 8,9% se ubicaron por debajo de la línea de indigencia.
Al igual que en tiempos pasados, nuestras estadísticas sociales ha sido recientemente denostadas por algunos que antes las defendían, perdiendo de vista, que lo importante no son las cifras de la pobreza, sino los problemas que ellas expresan y, en ese marco, los urgentes acuerdos que deben lograr los sectores económicos, sociales y políticos enfrentados para superar nuestra parálisis histórica.
El autor es director del Observatorio de la Deuda Social de la UCA
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