
Como todos conocemos y padecemos, nuestro país tiene grandes problemas económicos, como también conflictos políticos y sociales entre diferentes espacios que no podemos resolver con madurez como nación.
Hace unos años atrás comenzó a utilizarse la palabra grieta para denominar a este tipo de diferencias que, mayoritariamente, los argentinos padecemos, en cualquiera de los lados de ella y sobre todo aquellos que no queremos estar de ninguno de esos extremos y terminamos sufriendo el ataque de quienes suponen que nos ubicamos en uno de los polos.
Es decir, la grieta no solo genera rupturas, sino en muchos casos pensamientos acríticos y prejuiciosos. Ya no importa lo que se diga, lo que se evalúa es quién lo dice y de qué lado está.
Sin embargo, también en nuestro país, suceden cosas singularmente positivas que generan sorpresas en el mundo. Desde hace muchos años, las comunidades judías, cristianas e islámicas a través de distintos dirigentes prefirieron tender puentes antes que ampliar grietas. Se trata de un ejemplo de convivencia que no todas las naciones pueden demostrar y que en muchos casos no saben de qué modo resolver.
Seguramente el paso del tiempo determine varios momentos formales claves. Uno de ellos podría ser un acuerdo contra toda forma de fundamentalismo y terrorismo y en contra de la intolerancia religiosa firmado por el entonces cardenal Jorge Bergoglio, Luis Grynwald (AMIA) y Omar Massud (CIRA) en 2005. Una confirmación de una relación que día a día se alimenta y se incrementa con infinidad de actividades y proyectos comunes, marcando el camino de la armonía entre hermanos en el respeto de las diferencias.
No hay grieta religiosa en Argentina
Los argentinos necesitamos profundamente comprender este mensaje de fraternidad que se da a través de las tres religiones y tomarlas como un camino de comunicación y reconocimiento de nuestro hermano que nos puede ayudar a acercarnos unos a otros.
Si pudiéramos incorporar que ninguno es propietario de la verdad o la razón, sino que cada uno tiene una forma diferente de transitar por la vida, dentro de la cual tenemos valores básicos comunes, habremos recorrido gran parte del camino.
Esta situación particular y ejemplar que se da en Argentina se fortalece cuando el poder político va en el mismo sentido.
Por eso creemos que la visita de la semana pasada del presidente de la nación, Alberto Fernández, a Israel para estar presente en la recordación del 75° aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz y el viaje al Vaticano donde visitó al Papa se enmarca en esta convivencia de la que nuestro país es ejemplo.
Como candidato a presidente de AMIA por la agrupación UNA AMIA, no puedo más que celebrar semejante gesto político y simbólico que sirve como aval, porque fomenta y reafirma el compromiso de convivencia pacífica que han tomado las comunidades de los tres credos monoteístas en nuestro país a lo largo de los años y que nos comprometemos a profundizar desde nuestra gestión.
Este debería ser un modelo de exportación e Argentina al mundo entero y también de importación para tantos de nuestros dilemas.
La hermandad y la paz se construyen con acuerdos y hechos porque es mucho más lo que nos une que aquello que nos separa.
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