
“La civilización viene a ser la capacidad de reconocer al otro, aunque sea diferente a nosotros. La barbarie, por su parte, surge cuando se llega a considerar al otro como un ser inferior". - Tzvetan Todorov.
El Facundo de Sarmiento, escrito en 1845, materializa un conflicto que inicia con el proyecto civilizatorio europeo: la lucha entre la civilización y la barbarie, el hombre blanco y la ciudad como íconos de la primera, el campo y el gaucho como representantes de lo segundo. La gran épica argentina, el Martín Fierro, buscó en 1872 reivindicar a ese gaucho renegado, incivilizado y postergado, buscando Hernández, como Todorov, invertir la relación.
Eventualmente arribó la gran ola de inmigración europea, deseada por la afluencia esperada de hombres blancos e instruidos, que fue seguida por las no tan deseadas migraciones internas a Buenos Aires. Como un nuevo gaucho, nació el “cabecita negra”, un término para referirse a estos nuevos habitantes de la ciudad con alto porcentaje de mestizaje que eventualmente se identificarían con el peronismo y aparentemente incivilizados en contraste con los porteños y con los inmigrantes europeos.
La danza entre estos dos conceptos, una marca registrada de nuestra identidad, se materializa entonces en casos como el de Braian Gallo, el joven presidente de mesa del cual se difundió un meme discriminatorio. Se dice que, en este caso, la raíz del prejuicio fue la vestimenta, pero ¿hubiera sucedido lo mismo de tratarse de un hombre blanco?
Lo que se esconde detrás de esto es una nueva versión de una vieja historia. Hoy, al parecer, lo incivilizado sigue encontrándose en aquel histórico “cabecita negra”, en el descendiente de aborígenes o de afroargentinos cuyo aspecto es una sinécdoque de la barbarie.
De acuerdo con los datos difundidos por el Observatorio Crítico de la Opinión Pública, según el INADI, en todas las regiones del país excluyendo el AMBA, el motivo principal de discriminación es el nivel socio-económico (entre el 16 y el 25% de los casos), mientras que en el AMBA la discriminación por la condición de migrante (27%) y por el color de piel (15%) son más frecuentes. A su vez, según datos del CONICET, en la CABA el sujeto activo de la discriminación, es decir, aquel que la efectúa, suele centrarse en el racismo por un 45.5%.
Evidentemente, el conflicto entre la civilización y la barbarie sigue más vivo que nunca. Las redes sociales son un medio tanto para encenderlo como para apagarlo pero son los gestos de la política, como aquellos llevados a cabo por el presidente electo Alberto Fernández, los que lo insertan en la agenda pública y visibilizan el problema. Ahora Braian, sin saberlo y sin quererlo, es un símbolo de esta lucha. Por todos los que fueron y por todos los que serán sujeto de discriminación: todos somos Braian.
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