Si alguien es limpio, seguramente sea calificado como una buena persona, tal vez por considerar que ese orden exterior sea un posible reflejo del interior. Para la inmensa mayoría de los seres humanos, la limpieza es una virtud, estimada especialmente en la clase media. Al ser encasillada arbitrariamente como una virtud burguesa, ella ha suscitado el rechazo de las mentalidades progresistas y de todos los contestatarios del orden burgués, como los antiguos hippies, una de cuyas características era ser sucios y desarrapados.

Perversión y suciedad van de la mano. Para los usos policiales un individuo mal entrazado es automáticamente sospechado de ser un malviviente. Si bien esto ahora es algo perteneciente al pasado, durante un largo tiempo la formalidad era un valor tan socialmente apreciado que un novio desaliñado tenía altas posibilidades de ser mal mirado (e incluso de sufrir un desaire) en su ingreso a la familia, aunque se tratara de alguien adornado con grandes condiciones humanas, intelectuales y morales.

El fair play (juego limpio), o sea participar de una contienda con respeto al contrincante y sin trampas (o en el lenguaje leguleyo: sin chicanas), es una rareza en la política actual, donde los pillos están a la orden del día. La política es una cosa sucia, pontifican los moralistas. Sin embargo, la expresión tiene aún hoy su prestigio por ser algo apreciado como un comportamento virtuoso en los deportes (salvo en el fútbol, a menudo corrompido por el fanatismo). Lo cierto es que en el ágora de la política ser limpio significa poco menos que ser tonto.

Está demostrado incluso que el pueblo vota ladrones y que si un gobernante roba pero hace, está perdonado. Si seguimos la línea de admiración popular por la astucia, el latrocinio fiscal puede ser visto como algo virtuoso. Avivato fue un personaje de historieta de Lino Palacio, caracterizado por ejercer la tradicional avivada argentina, que consiste en el hábito de sacar ventajas de cualquier situación.

El nombre de una revista, de un tango y hasta de una película, y el éxito que este personaje disfrutó en un público muy amplio, muestra que él refleja un modo de ser muy nuestro, pero también esa sensibilidad popular admirativa del vividor que trafica con el mal hecho con ingenio. La tentación de saltarnos las reglas para obtener un rédito aun a costa de los derechos de los demás parece estar en el gen argentino.

El pintoresco político brasileño Janio Quadros, quien llegó a ser por un breve tiempo nada menos que presidente de su país, gustaba aparecer en las campañas electorales con una escoba como símbolo de su voluntad de barrer la corrupción. La promesa de un barrido a fondo representaba la esperanza de un futuro mejor.

La limpieza de los Establos de Augías es uno de los 12 Trabajos de Hércules y constituye una figura de la inmensa cantidad de excrementos que ensucian la vida pública, y al mismo tiempo mueve a reflexionar que siendo tan extendido y profundo el mal, lograr su saneamiento constituye un trabajo verdaderamente titánico o hercúleo. Los golpes militares fueron motorizados por la creencia de una gran parte de los ciudadanos civiles que juzgaron oportuno hacer una limpieza. La memoria histórica muestra que los resultados no parecen haber sido los esperados.

Pero la limpieza también puede ser una obsesión, en la forma de un trastorno obsesivo compulsivo que movido por una ansiedad enfermiza busca el perfeccionismo de la pulcritud hasta extremos verdaderamente patológicos. Es un síndrome que padecen, por ejemplo, las personas que se lavan continuamente las manos. Me pareció advertir algo de este síndrome cuando hace unos años sobrevino una suerte de leve psicosis y se multiplicaron hasta el hartazgo las prevenciones por el contagio de la gripe.

El concepto de limpieza se equipara al de pureza. Una mirada limpia es la que no esconde dobles o turbias intenciones. La limpieza involucra desde luego a la religión. "Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios", sentencia el Sermón de la Montaña. Un dogma católico es la Inmaculada (sin macula, sin mancha) Concepción, es decir que la Virgen María ha sido concebida sin pecado. Una advocación española la designa específicamente como la Pura y Limpia Concepción.

Durante décadas aparecieron en revistas de notorio arraigo infantil como Billiken unos avisos publicitarios del polvo limpiador Puloil, que llaman la atención por su prédica de resonancias religiosas. Ante apocalípticos anuncios del fin del mundo, y entre citas bíblicas, extraños textos anunciaban el comienzo de una nueva era y naturalmente llamaban a utilizar el producto, pero hablaban de "una cruz iluminada por Dios" y de una Ruta Nº1 donde "diez enfermedades de cada doce ('?) se curan solas".

La mujercita con la escoba y el cepillo dibujada en los tarros de Puloil representaba así algo mas que la posibilidad de una vajilla reluciente. Los avisos estaban firmados por David Cauchaner, que se presentaba como fundador de la empresa y "Fundador de la Ingeniería Humana". Pasaron los años, pero el misterio de los avisos de Puloil continúa siendo tan enigmático como el primer día. "El edén de Puloil y el tarro de Puloil están a su disposición, señora", rezaba la piadosa (e interesada) invitación del reclame. Se viene una limpieza…

El autor es director académico del Instituto de Cultura del Centro Universitario de Estudios (Cudes).