El fallecimiento del ex Presidente Fernando de La Rúa representa para mí un hecho emocional muy fuerte: integré su gabinete cuando fue jefe de Gobierno porteño y cuando fue Presidente. Siempre seguí ligado a él y a su familia, a la que considero una extensión de la mía.

Tuvo una carrera profesional impresionante: jurista destacado, diputado nacional, senador varias veces (la primera venciendo al peronismo en Capital en los '70, cuando el peronismo arrasaba en las elecciones), fue el primer jefe de Gobierno de la Ciudad electo por el voto y fue Presidente de la Nación.

El hecho me lleva a pensar, inevitablemente, en el final desgraciado de su presidencia y rememorar hechos históricos. En un momento en que la vulnerabilidad económica era altísima por el agotamiento de la convertibilidad, la cerrazón internacional por el atentado de las Torres Temelas, la falta de disposición del FMI que quería "disciplinar" a ciertos países y varios factores más, lo lógico, por el bien del país, hubiera sido que la política local se comportara con noción de grandeza hasta que se superara el vendaval. Mientras muchos apostamos a eso, nos encontramos con todo lo contrario: una coalición de gobierno (Alianza) donde los radicales decidieron jugar un papel penoso dejando solo a un hombre de sus filas y siendo funcionales al peronismo que estaba dispuesto a todo para tomar el poder.

Muchos dirigentes radicales con Síndrome de Estocolmo se dejaron llevar por los que querían secuestrar las instituciones. El FREPASO era conducido por Chacho Álvarez, que pasaba de la depresión a la euforia y que abandonó su cargo de Vicepresidente pensando que tendría un 17 de octubre y lo único que consiguió fue mostrar su intrascendencia. Frente al patetismo de esa coalición estaba el peronismo embravecido y queriendo tomar el poder, sectores empresarios prebendarios, que necesitaban una devaluación brutal para licuar pasivos y hacer fortunas, y una burocracia sindical extorsiva que servía a eso fines.

En esos momentos Ricardo López Murphy propuso un plan de contingencia que serviría para pasar la crisis hasta el recupero de la crisis internacional y la recuperación del precio de los commodities (la soja estaba con un precio bajísimo de 170 dólares en ese momento). Ahí las mafias se conjuraron y lo dejaron sin poder para que deje su puesto. Tristemente, algunos ministros radicales del gabinete renunciaron y Lopez Murphy hizo lo propio. E

En momentos en que hacía falta un acuerdo de Estado para salvar a las instituciones (no a una persona), el establishment político mostro su frivolidad y se miró el ombligo. A partir de ahí, el golpe civil tomo envión y fue imparable. Los sectores políticos vaciaron al gobierno buscando su interés personal y los sectores empresarios priorizando el interés económico. La falta de grandeza fue notable.

De La Rúa no pudo lidiar contra eso y puede ser criticable. Creo que las enseñanzas de ese episodio finalmente llegaron: después vino Duhalde con una devaluación brutal que hizo ricos a unos pocos y pobres a muchos. Duhalde eligió a Kirchner y vinieron doce años de poco apego a la República y de una corrupción desatada. Hoy hay un sector de la Argentina que defiende la institucionalidad frente a los que quieren volver a la barbarie. La historia argentina sigue siendo eso: la república frente a los autoritarios. Ojalá siga ganando la Republica.

De La Rúa falleció el 9 de julio, día de la independencia (como Thomas Jefferson, que falleció el 4 de Julio, día de la independencia de EE.UU.). Una casualidad que, estimo, le gustaría. Le encantaban los datos históricos y amaba a la Argentina. Que descanse en paz, Presidente.

El autor fue Secretario de Cultura y Comunicación de la Nación durante el gobierno de Fernando de la Rúa. Ex ministro de Cultura de la Ciudad.