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El transporte público está cotidianamente en agenda por los aumentos en el precio del boleto. Sin embargo, temas anteriores y profundos que terminan impactando en este último indicador son aquellos que nos ocupan en la tarea legislativa.

El subte es una red compleja y se entrelaza con la antigua concentración que la ciudad encierra. La dirección y el horario en el que se produce el aluvión de pasajeros tienden a que ni la frecuencia, ni la cantidad de coches que la red soporta logren resolver el problema.

En los últimos tres años la hora pico se amplió, estableciendo una franja compleja para usuarios y trabajadores que va de las 16 a las 19 horas de lunes a viernes. Esto aumentó el malestar diario en una red que intenta, defectuosamente, hacerse cargo de las problemáticas que la aquejan.

Es importante tener en cuenta que muchos de los problemas no podrá resolverlos el subte como red en soledad, tendrán que ser abordados por medio del desarrollo conjunto de una lógica de interacción social descentralizada y moderna, que logre contemplar la heterogeneidad de la ciudad y sus particularidades.

Algunas líneas, como la B y la D, si bien agrupan el mayor número de pasajeros, son también las más atendidas en sus problemáticas. Las líneas más relegadas por Metrovías son la C y la E; juntas concentran aproximadamente la cantidad de usuarios de la línea A.

Viajar en subte es un suplicio para cualquier usuario, los reclamos son frecuentes y los trabajadores del subte no la pasan mejor, dadas sus carentes condiciones laborales. Es decir, si hablamos de subte, nadie se encuentra a gusto.

El punto a reflexionar es que hoy los problemas endémicos del subte no encuentran respuesta en la interacción entre Metrovías, sus trabajadores y sus usuarios, y Sbase. Poniéndonos así en las puertas de una reflexión, que si bien todos los espacios del arco político opinan que hay que realizar, difícil es acordar los marcos para la construcción de consensos que nos hagan dar un paso adelante en la administración del subte de la ciudad.

Mientras viajamos apretados, la accesibilidad no se cumple y los trabajadores no tienen espacios adecuados para aislarse del ruido en sus momentos de descanso. Vemos audiovisuales publicitarios en YouTube que el Gobierno de la Ciudad propaga para que nosotros veamos lo bien que se viaja y cuánto mejoró el servicio. Solo alguien que no viaja en subte puede creer esos videos.

No podemos seguir llevando la discusión a cada año electoral, tenemos que trabajar por un subte gestionado, operado y controlado por la Ciudad.

Metrovías, empresa del grupo Roggio que opera el subte desde 1994, no ha podido resolver los problemas básicos como escaleras y ascensores defectuosos o fuerza de servicio de modo permanente, temas de accesibilidad, característica obligatoria en el transporte público de pasajeros, frecuencia, limpieza, sanitarios, sumados a una contaminación sonora que podría resolverse con medidas ya conocidas. Estos son solo algunos de los problemas que vemos todos los días al viajar y que dan cuenta de la desinversión o la mala distribución de recursos. El subte encierra una múltiple cantidad de negocios asociados, que deberían generar aún más recursos para la calidad de la red.

Este año podría suponer un quiebre en la lógica que venimos sosteniendo y no nos da resultado. Es importante dar el debate, intentar nuevas formas. Sea que se profundice el control por parte de Sbase o que deje Metrovías de operar el subte. Nos mantenemos atentos al tema, seguimos presentando pedidos de informes y proyectos de ley para que esta situación mejore. Un subte eficiente y eficaz aportaría mejor calidad de vida a una ciudad que, si bien aún es concentrada, puede y debe circular con mayor seguridad y bienestar.

La autora es diputada de la Ciudad de Buenos Aires, presidente del bloque Evolución.