La brújula y la alforja de Venezuela

(AFP)
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Hugo Chávez y después Nicolás Maduro tuvieron la oportunidad de oro para juntar a todos los sectores socioeconómicos venezolanos, desde los afines a los más opositores para fundar la potencia que quería Bolívar. Una potencia de felicidad, de progreso, donde cupiesen los postergados a los que dio visibilidad Chávez, los pobres jamás respetados, pero también la clase media baja y alta, intelectuales y artistas. Y una vez que aprendiesen la lección, también la gran empresa, siempre que entendiese que no se debe hambrear a ningún venezolano, que seguro lo habrían entendido. Llegó un momento en que la oligarquía dio señales de haber aprendido la lección, pero, en lugar de eso, continuó la política de la cizaña, del odio y la división para extraer ganancias del enfrentamiento entre compatriotas.

Todos los sectores llegado el momento tuvieron la oportunidad y la voluntad, menos Maduro y la cúpula que tenía ya dividido al país.

Hoy es un infierno, todos los vectores de la miseria alcanzan récords, hay hambre, una inflación centroafricana. Es una oda a la violencia criminal, y encima el gobierno mata a quien considera desafecto.

Las preguntas son muchas, las más inmediatas son: ¿Quién y con qué fines tomará el poder después de este crimen de masas? ¿Reeditarán la misma represión con la parte contraria y volverán a explotar a los humildes?

¿O por fin entre venezolanos se habrán dado cuenta de que la solución está en levantar un país para todos, donde ninguna sensibilidad ideológica ni clase social, ni en definitiva ningún venezolano quede relegado?

A veces es bueno perder la alforja y la brújula para redescubrir nuevas fuerzas, ideas y caminos. Venezuela hoy no solo se representa a sí misma, en su territorio se debaten diferentes asuntos. ¿Quedará fulminado el socialismo bolivariano incluso en su tramo final? ¿Qué manos tramitarán los destinos sinuosos del petróleo y sus beneficios? ¿Qué condiciones pondrá China para que su préstamo de cinco mil millones de dólares no se vaya con Maduro? Y, por último: ¿Cómo gestionará de ahora en más Vladimir Putin, el encargado de devolver el orgullo de superpotencia a Rusia, su anhelo de construir una base en el Caribe?

Experimento la contradicción de preocuparme por los cubanos más pobres una vez que el Gobierno de la isla no cuente con esta vaca con la ubre ya agrietada de tanto ordeñarla; con el hecho de que deberán encontrar también su rumbo.

Y que ningún venezolano debe permanecer un minuto más exiliado, preso, ni amenazado por sus ideas actuales ni futuras, en caso de cambio de sensibilidad ideológica en el poder, a la vez que es deber cívico apoyar el derecho de los manifestantes a efectuar los reclamos que estimen convenientes, y de igual manera, oponerse de plano a cualquier remota posibilidad de invasión violenta extranjera, que irrumpa tanto en la soberanía de Venezuela como de cualquier nación del mundo.

Como siempre, en el plano consciente elijo el optimismo y la ingenuidad y confiar en que quien sea que termine tomando el timón intentará hacer lo mejor para el país en su totalidad. Pero esa moneda tiene otra cara: el plano inconsciente en donde no elijo, sino que de súbito aparece lo que con más claridad me temo y suele ser precisamente lo contrario.

El autor es escritor. Es argentino pero se crió en Cuba. Hijo de Juan Martín, hermano menor de Ernesto “Che” Guevara. Vive en España.

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