Quisiera invitarlos por un momento a transitar un espacio libre de restricciones, ir más allá de la coyuntura que viven los actores públicos y privados del sector energético local, más allá de la lucha por alcanzar el autoabastecimiento, la diversificación de la matriz energética y la recomposición del equilibrio de mercado. Propongo entonces una mirada que nos transporte a un espacio donde podamos centrarnos en delinear los modelos energéticos del futuro.

Desde los orígenes del sector energético, la innovación ha sido uno de los pilares principales de la industria y la llegada de la nueva era digital abre, una vez más, la oportunidad de redefinir el modelo energético, y esta vez las barreras de entrada son prácticamente inexistentes.

Esta nueva ola de innovación ha generado un ecosistema donde el talento se encuentra en cualquier parte; es difícil contar con todas las capacidades dentro de las propias compañías, de allí que la innovación abierta se vuelva fundamental. En este contexto, las compañías establecidas logran atraer talento y nuevas tecnologías, ofreciendo a las startups el acceso a infraestructuras, carteras de clientes o conocimiento que no estarían a su alcance de otra manera. Se trata de un modelo de colaboración en el que ambas partes salen beneficiadas.

El auge de dicho enfoque colaborativo ha propiciado que fondos de capital riesgo corporativo de las compañías de electricidad, petróleo y gas, triplicasen sus inversiones en los últimos seis años, como herramienta para dotarse de tecnologías y nuevos modelos de negocio que les permitirán acometer los retos que se presenten. Esta es una de las principales conclusiones de Energy Trends, un estudio elaborado por everis que examina las inversiones de capital riesgo corporativo dentro del sector energético y analiza la innovación abierta como herramienta para posicionarse en el nuevo modelo energético.

En este contexto, las CleanTech, startups relacionadas con electricidad, biotecnología, nuevos materiales, biocombustibles, agua y movilidad sostenible, que buscan reducir los impactos ambientales negativos a través de mejoras significativas en la eficiencia energética, el uso sostenible de los recursos o las actividades de protección ambiental, son las que han registrado un mayor crecimiento inversor. De acuerdo con el informe, mientras en los últimos cinco años los accionistas de veinte compañías de energía cotizadas sufrieron una destrucción de valor de unos 40 billones de dólares, en ese mismo período se dio el mayor crecimiento en las CleanTech.

Concretamente, la participación de las empresas de energía sobre este segmento ha aumentado desde una posición casi residual, pasando de un 4% en 2012 hasta llegar a una cuota actual significativa de un 15% en 2016. En este período, las compañías de electricidad y gas fueron las máximas inversoras en startups de CleanTech, agrupando más de un 82% de las inversiones de capital riesgo corporativo de las compañías de electricidad y gas. Del mismo modo, de todas las inversiones realizadas por las compañías petroleras, un 61% fueron destinadas a CleanTech.

Energy Trends también ahonda en la identificación de tendencias de inversión en tecnologías y modelos de negocio por parte de las compañías de energía. De esta forma, tras analizar las startups invertidas entre 2008 y 2017, el informe concluye que el segmento que más interés genera son las empresas de nueva creación pertenecientes al sector de la electricidad, que agruparon un 46% de las inversiones.

Dentro de este grupo, las compañías tradicionales apuestan principalmente por aquellas startups dedicadas al análisis de datos, la energía descentralizada, las soluciones renovables y el almacenamiento de energía a gran escala y la movilidad eléctrica. A la hora de categorizar estas áreas de actividad a nivel geográfico, el estudio expone cómo la mayor parte de las startups invertidas tienen su origen en Estados Unidos (debido, en gran parte, al ecosistema de capital de riesgo de Silicon Valley). Con una excepción: la movilidad eléctrica, donde Europa lidera la inversión, situándose prácticamente en el doble de operaciones que las llevadas a cabo en Estados Unidos.

En nuestro país, los sectores de telecomunicaciones y financiero han sido los más activos en inversiones vinculadas con fondos de capital riesgo corporativo (CRC). Por otro lado, el Gobierno impulsa legislación que apoya el desarrollo del emprendedurismo y su acceso al financiamiento tanto público como privado emulando casos de éxito a nivel internacional.

En lo que respecta específicamente al campo energético, Argentina cuenta con inmejorables posibilidades tanto desde el punto de vista de recursos (energías renovables, yacimientos de hidrocarburos no convencionales, reservas de litio, etcétera) como desde talento y know-how local. La posibilidad de ser parte de la concepción de los modelos energéticos del futuro dependerá fundamentalmente de la avidez del sector privado de desafiar el statu quo y de su capacidad para reconocer las ventajas que los CRC ofrecen como ecosistema ampliado de trabajo.

Hemos comenzado a transitar el camino. El desafío pasará por mantener la tensión entre las agendas críticas de corto y largo plazo que nos conduzca hacia una verdadera transformación del sector.

La autora es vicepresidenta de operaciones.