
Durante la década del ‘80, el romance entre Mónica Gonzaga y Cacho Castaña se consolidó como uno de los más notorios y comentados en el ámbito artístico argentino. El vínculo entre ambos trascendió la pantalla, donde compartieron protagonismo en varias películas como Los éxitos del amor, La carpa del amor, La playa del amor, La discoteca del amor y Ritmo, amor y primavera. Sin embargo, el inicio de ese amor estuvo marcado por una decisión personal y un secreto: la actriz dejó a Julio Iglesias para estar con el cantante y, para lograrlo, le mintió a su madre.
En una entrevista reciente realizada por Catalina Dlugi, por La Once Diez Radio Ciudad, Gonzaga rememoró ese momento de su vida y las tensiones familiares que acarreó. Ante la pregunta de Dlugi sobre las mentiras a su madre, la actriz respondió: “No, me tuvo que perdonar porque yo ya le había mentido con Cacho. Le mentí después con Cacho, que eso fue peor. Porque ella no quería saber nada con Cacho. Con Julio tampoco. Pero bueno, dentro de todo a Julio, lo bancaba. Pero a Cacho no. Fue más difícil que me perdonara lo de Cacho porque era separado. Imaginate lo que te estoy hablando: separado. En esa época, ‘cabecita negra’ se les decía. Entonces, para mamá, cantante y de la noche, imaginate”.
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Gonzaga también explicó que su madre le perdonó más fácilmente la mentira relacionada con Julio Iglesias. “Así que me perdonó más fácil lo de Julio, porque yo la engañé cuando estaba trabajando y me fui de gira con él. Me perdonó más fácil esa que la de Cacho. La de Cacho duró como unos siete años”.

Luego, la actriz reflexionó sobre cómo han cambiado las relaciones y el compromiso entre generaciones: “Decís, ¿de qué estamos hablando? Por otro lado, me doy cuenta que ahora dicen: ‘Bueno, me pongo de novio’. Esto es así nomás. Tienen una relación, tienen relaciones así nomás de todo tipo. Y después se ponen de novios. O sea que también han pasado a la formalidad, ¿entendés? Y me doy cuenta cómo toman el compromiso, ¿entendés? Pero en la vida, obviamente, conviven, relaciones, todos unos con los otros, ninguno tiene que casarse, ni tiene que irse de la casa, ni tiene que nada. Pero después tienen un compromiso cuando se ponen de novios”.
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El testimonio de Gonzaga no solo revive un capítulo emblemático de su vida sentimental, sino que también ilustra las tensiones familiares y los cambios culturales en torno a las relaciones y el amor.
A principios de año, la actriz y expareja de Iglesias rompió el silencio cobre las acusaciones de abuso sexual y trato discriminatorio al cantante. Su testimonio surgió en medio de una fuerte conmoción internacional y el avance de acciones judiciales en España.
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En entrevista con DDM (América), Gonzaga explicó que su conocimiento del caso proviene de personas cercanas y periodistas españolas. “No tengo televisión ni radio. Lo que sé es por una amiga de España que me llamó y por una periodista española con la que hablé”, aseguró. Insistió: “Yo nunca lo defendí porque no había de qué defenderlo”. La actriz subrayó que su único interés es contar su propia historia: “Lo que conté fue mi vida y lo que pasó en mi vida con él, desde los dieciséis a mis veintiséis”.
Recordó años de convivencia con Iglesias y viajes juntos. Lo describió como un hombre “caballero, amoroso y señor”. Y añadió: “Incluso hace diez años lo vi igual que siempre”. Gonzaga se mostró sorprendida por la distancia entre esa imagen y las denuncias actuales: “Yo estuve viviendo en Beverly Hills y en Miami con Charo, la madre, con Mame, la cuñada, con Carlos, el hermano. Después, más adelante, estuvimos en Estados Unidos, fui a la Casa Blanca con él. Bueno, siempre un señor, siempre un, una figura que traspasó todas las naciones, aprendió todos los idiomas como pudo y cantó en todos los idiomas. Ahora, hoy, aquí, eh, después de tantos años, con Julio teniendo ochenta y dos, y esto que sucede, yo no puedo negarlo, no puedo defenderlo, no puedo nada porque está muy lejos de mi entender. En realidad me da una tristeza brutal, tanto por esas mujeres como si Julio hizo algo de esto”.
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Al analizar los cambios de época y la naturaleza de la relación que tuvieron, que se inició cuando ella tenía apenas 16 años, reflejó: “Hoy, si te pones a ver para atrás, es delito todo”. Rememoró giras con las Trillizas de Oro y la convivencia de muchos familiares, resaltando: “Compartíamos un Julio que era muy familiero”.
Y nuevamente reparó en la distancia entre el Julio Iglesias que ella conoció y el que refleja la investigación sobre sus abusos: “Yo te diría que de la persona que yo conocí a esta noticia, a esta realidad que vos me contás, yo tengo que pensar que está o con una demencia senil o que algo le pasó. De hecho, físicamente, Julio con ochenta y dos años es lo más enclenque posible como para forzar violencia en una mujer, ¿comprendés?"
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