¿La sociedad líquida se solidifica?

Esteban López del Pino

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El gran sociólogo y filósofo Zygmunt Bauman describió el cambio cultural de las décadas de los 80 y 90 y acuñó el término de “modernidad líquida” a los tiempos actuales, basándose en los conceptos de fluidez, cambio, flexibilidad, adaptación, entre otros. Bauman afirma que lo líquido es una metáfora regente de la época moderna, ya que esta sufre continuos e irrecuperables cambios. Sin duda ese manto cultural ha penetrado las vivencias cotidianas, principalmente en Occidente. Tal es así que no hay nada más irritante para muchas personas que pedirles que se definan por algo. Ya sea un tipo de música o hasta la propia sexualidad.

Desde la comunicación política se observa un giro que va desplazando estos conceptos por posturas rígidas, un tanto dogmáticas, excluyentes y un poco extremas. Son los rasgos que Cristina Fernández de Kirchner y Hugo Chávez, de un lado, y Donald Trump y Jair Bolsonaro, del otro, han ido recorriendo. En nuestro país terminó siendo toda una definición del estado de la sociedad la existencia de “la grieta”. Que, como dice Facundo Manes, “la grieta nos hace más brutos”. ¿Quién puede dudar de lo tremendamente nocivo que han sido los fundamentalismos o dogmatismos en la historia de la humanidad? Su siembra siempre dio frutos de muerte, sangre, opresión y discriminación, entre otros males.

Nos encaminamos a un año marcado por las elecciones presidenciales. Sin duda, muchos consultores y políticos sentirán la tentación de caminar a lo Bolsonaro. Lo pragmático marca muchas agendas. Como se suele decir, hay cosas que se sabe dónde comienzan pero difícilmente se sepa dónde terminan. Y sabemos que no es bueno jugar con fuego si no queremos quedar en medio del incendio. Antes y después de la elección, principalmente estamos los ciudadanos que merecemos calidad de vida.

El autor es licenciado en Comunicación Social por la Universidad Austral. Desde el 2007 hasta la actualidad es asesor en comunicación empresarial y política.