La generación y el tratamiento de residuos sólidos urbanos es uno de los grandes desafíos de la gestión ambiental urbana del Área Metropolitana de Buenos Aires. Los residuos son, sin duda, un flujo metropolitano. Todos los días los habitantes del AMBA generan 17 mil toneladas de residuos que, sumado a lo producido por las industrias (en el AMBA residen el 40% de las industrias de Argentina), significan el 40% de los residuos generados en el país.

Históricamente se han puesto en práctica distintos sistemas de tratamiento de basura: la quema controlada con recuperación de materiales, la incineración, el depósito en basurales a cielo abierto y el relleno sanitario (iniciado en 1977 con la creación de la Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado, Ceamse).

Actualmente, en el AMBA se utiliza el enterramiento de basura (de la que se logra separar una pequeña parte para hacerla reutilizable) que, según Ceamse, se podrá realizar solo durante cinco años más. Además del relleno sanitario, hoy persiste en algunos municipios la quema de residuos en basurales a cielo abierto, que provoca la contaminación del suelo, el aire y el agua, daña la salud humana y aporta al deterioro climático.

Es imperioso repensar la gestión de residuos para que dejen de ser basura y se conviertan en materiales recuperables conforme a los principios de la economía circular.

Esta economía es restaurativa y regenerativa, trata de que los productos, los componentes y las materias mantengan su utilidad y valor máximo en todo momento. Permite que los residuos sean reutilizados como materias primas. Su implementación podría generar un mayor crecimiento económico, ahorro en costos de material, generación de empleo genuino y mejora en la productividad del suelo.

De acuerdo con la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos, el reciclado y la manufactura generan 36 puestos de trabajo cada 10 mil toneladas, 6 empleos para la operación de rellenos sanitarios y tan solo un empleo para la incineración.

Por su parte, la Agencia de Medio Ambiente Europea estimó en un informe en 2016 que la implementación de principios de la economía circular en la fabricación de algunos bienes duraderos reduciría los costos netos de materiales entre un 12% y un 23% por año en la Unión Europea. Para ciertos bienes de consumo (alimentos, bebidas, textiles y embalajes) se estimó un potencial global de ahorro de 700 mil millones de dólares por año, es decir, alrededor del 20% de los costos de insumos.

El principal desafío para los gobiernos es encarar una gestión integral de residuos sólidos urbanos (GIRSU) mediante la implementación de políticas de recuperación, reciclaje y tratamiento de los RSU. Esto requiere estrategias claras y planificación de mediano y largo plazo.

La formulación de políticas que atraviesen a todos los actores en el proceso de producción y consumo es fundamental. También educar para lograr el hábito de la separación en los hogares es esencial para el proceso del reciclado.

Además, es importante impulsar el consumo responsable y consciente de productos y servicios que cubran las necesidades básicas, reduzcan la utilización de materiales tóxicos, la generación de desechos y la emisión de contaminantes. Pero el componente central para sostener una gestión virtuosa de los residuos es la recolección diferenciada, que consiste en el retiro por separado de los residuos según su destino de recuperación. Es una tarea, hoy a cargo de los municipios pero que puede reformularse conforme las características de mercado de cada material, representar grandes economías sobre el actual sistema, ocupación y empleabilidad para recuperadores urbanos.

También establecer la responsabilidad extendida del productor es muy importante. Los productores deben mejorar diseños y procesos de fabricación, en pos de la reutilización de los materiales y el cuidado ambiental.

Si en la economía lineal (el paradigma a reemplazar) la ecuación de valor es económico-financiera, donde se pondera la optimización de ganancias, para la economía circular el balance es económico y socioambiental, intentando satisfacer necesidades mediante el aprovechamiento inteligente y responsable de los recursos disponibles.

La agenda ambiental del siglo XXI propone nuevos retos. Sin embargo, a diario observamos que esa agenda se diluye producto de conflictos ambientales irresueltos del siglo XIX, como los basurales a cielo abierto y otros focos de contaminación.

Debemos entonces incorporar instrumentos de gestión como la economía circular para dar cuenta de los viejos y los nuevos desafíos donde son decisivos el consumo y la producción responsable para salvar la vida del planeta.

El autor es miembro de Fundación Metropolitana. Biólogo y magíster internacional en Políticas Sociales.