El dólar oscilando en los $40 puede ser asimilado a ese trompito, una ganancia que puede llegar a tener la economía argentina en términos de competitividad (Franco Fafasuli)
El dólar oscilando en los $40 puede ser asimilado a ese trompito, una ganancia que puede llegar a tener la economía argentina en términos de competitividad (Franco Fafasuli)

En una de las miles de tiras de Mafalda su hermanito Guille le pide a Manolito que le dé cuerda a su ómnibus. El amigo de Mafalda le hace el favor, pero con tanta fuerza que rompe la manija del juguete. Guille lo mira triste, ante lo que Manolito atina a hacer girar la manivela diciendo "Oooy… ¡El trompito, Guille…! ¡Mira el trompito!".

En el último cuadro se ve al nene que, lejos de consolarse, estalla en llanto; aparece Mafalda mirando acusatoriamente a Manolito, que sonrojado remata la tira diciendo: "Si tu hermano no aprende a valorar las pequeñas ganancias de las grandes pérdidas, va a sufrir mucho en este mundo".

Mafalda: “Si tu hermano no aprende a valorar las pequeñas ganancias de las grandes pérdidas, va a sufrir mucho en este mundo”

El dólar oscilando en los $40 puede ser asimilado a ese trompito, una ganancia que puede llegar a tener la economía argentina en términos de competitividad, que es pequeña en comparación con la gran pérdida de bienestar que la sociedad argentina está sufriendo como consecuencia de la devaluación.

Pros y contras del salto cambiario

No hay duda de que un salto en el tipo de cambio tiene varios efectos positivos. Mejora la rentabilidad de los sectores exportadores, permite que  algunas empresas puedan salir a conquistar mercados internacionales y elimina o reduce la competencia importada en beneficio de fabricantes locales.

Y a nivel macroeconómico, una devaluación puede servir para equilibrar las cuentas externas e incluso para estimular ciertas inversiones y generar condiciones de crecimiento a mediano plazo.

Pero una devaluación, y mucho más una devaluación brutal como la que hubo aquí este año, provoca daños mayúsculos. El aumento del desempleo que difundió ayer el Indec es el dato más reciente de una larga lista en la que figuran la estampida inflacionaria, la pérdida de poder adquisitivo de los ingresos, las rupturas en la cadena de pagos, el incremento del peso de la deuda en dólares que tienen el sector público, compañías y particulares, entre otras.

El Gobierno puede adoptar el consejo de Manolito y consolarse con el trompito. Pero es indiscutible que con su política y su mala praxis para frenar la crisis, las pérdidas son mucho mayores que las ganancias. La aguda contracción económica que se prolongará hasta bien entrado el año próximo lo resume todo.

Diferencias con otra época

Tampoco es seguro que, luego de un primer gran golpe recesivo, la devaluación sirva como combustible suficiente como para poner en marcha la reactivación. Mucho menos, si se sueña con que esta devaluación tenga un resultado similar a la del 2002. La situación actual es bien distinta a aquella.

En primer lugar, la capacidad productiva ociosa era mayor a la actual y el desempleo era el doble, con lo cual facilitaba la respuesta por parte de la oferta ante el estímulo de demanda que impulsó el gobierno de Eduardo Duhalde, primero, y fundamentalmente el primer kirchnerismo.

En esto último radica la segunda diferencia. Mientras en aquel momento el aumento en el tipo de cambio real estuvo acompañado por una política económica expansiva, esta devaluación viene de la mano de un fortísimo ajuste fiscal.

Y en tercer lugar, el entramado productivo actual está mucho más dolarizado que hace quince años, lo que implica que parte de las ganancias de competitividad que genera un dólar más alto sean neutralizadas por el aumento de costos.

El entramado productivo actual está mucho más dolarizado que hace quince años, lo que implica que parte de las ganancias de competitividad que genera un dólar más alto sean neutralizadas por el aumento de costos

A todo lo anterior hay que agregar que los efectos positivos de una devaluación se diluyen si el nuevo tipo de cambio es tomado como una señal transitoria. En otras palabras, importa que el tipo de cambio sea competitivo, pero también importa que sea estable.

Requisitos que debe cumplir el tipo de cambio

Sobre esto hay un ensayo publicado hace exactamente un año por el premio Nobel Joseph Stiglitz, junto con el ex ministro de Hacienda de Colombia y ex titular de la Cepal José Antonio Ocampo y el argentino Martín Guzmán, que básicamente plantea que el tipo de cambio real, es decir la cotización del dólar en relación con los precios y los costos, debe tener el nivel suficiente para estimular la diversificación productiva y para equilibrar las cuentas externas, pero además debe ser estable.

El ensayo titulado "Políticas de tipo de cambio real para el desarrollo económico" pone como ejemplo lo que sucedió aquí entre 2003 y 2008, un período en el cual se mantuvo una política de tipo de cambio real competitivo, que además estaba diferenciado por sectores mediante la aplicación de impuestos a la exportación, de manera tal de fomentar los sectores con mayor capacidad de derrame sobre el resto de la economía.

Stiglitz, Ocampo y Guzmán recomiendan complementar el tipo de cambio real competitivo y estable con políticas industriales tradicionales, y con la aplicación de controles al movimiento de capitales para evitar las oscilaciones en la cotización del dólar y mantener la estabilidad financiera.

Stiglitz, Ocampo y Guzmán recomiendan complementar el tipo de cambio real competitivo y estable con políticas industriales tradicionales, y con la aplicación de controles al movimiento de capitales para evitar las oscilaciones en la cotización del dólar y mantener la estabilidad financiera

Todo lo contrario a lo que venía haciendo el gobierno de Mauricio Macri hasta que detonó la crisis: careció de política industrial, levantó todos los controles y estimuló el ingreso de capitales especulativos que junto con los dólares del endeudamiento revaluaron la moneda.

El costo del fracaso de las expectativas

Así como reivindican al primer kirchnerismo y aconsejan lo contrario a lo que venía haciendo el macrismo, Stiglitz, Ocampo y Guzmán critican la política económica de la última etapa del gobierno de Cristina Fernández. "Las políticas que estimulan aumentos significativos del consumo sobre la base de expectativas de futuras mejoras en la productividad, pueden fracasar dramáticamente si esas expectativas no se cumplen. Si las políticas macroeconómicas terminan siendo demasiado expansivas, pueden terminar generando presiones inflacionarias que dañen severamente la posibilidad de mantener un tipo de cambio real competitivo. El caso reciente de la Argentina es un indicador de ese riesgo: cuando el país aplicó una política de tipo de cambio competitivo y estable (2003- 2008), la performance macroeconómica fue exitosa. Cuando esa estrategia se dejó de lado (desde 2010) la performance económica fue mediocre".

Stiglitz, Ocampo y Guzmán: “cuando el país aplicó una política de tipo de cambio competitivo y estable (2003- 2008), la performance macroeconómica fue exitosa. Cuando esa estrategia se dejo de lado (desde 2010) la performance económica fue mediocre”

Muy lejos de la recomendada estabilidad, salvo períodos excepcionales el precio real del dólar en la Argentina se mueve como una montaña rusa que sube y baja y que cada tanto sube o baja violentamente. Lo que ha sucedido en los últimos cinco meses es uno de los tantos ejemplos de un brusco aumento, y si se cumple lo que el gobierno plantea para el 2019 con cotización promedio de 40 pesos y una inflación anual del 23 por ciento, el valor real del dólar habrá acumulado hasta diciembre del año próximo una fortísima caída.

Y esa enorme volatilidad se da de patadas con el tipo de política cambiaria recomendada para promover crecimiento y desarrollo. La montaña rusa en la que viaja el dólar es tan vertiginosa que entre el lunes y ayer se pasó del pánico a lo que podría ocurrir con el desarme de las Lebac y la inercia de la semana anterior, a una situación en la que se reanudó el flujo especulativo de dólares desde el exterior, con caída en la cotización y una incipiente euforia en los mercados financieros.

Incipiente euforia que puede derretirse rápidamente o puede consolidarse. Aunque en cualquiera de los dos casos, por supuesto mucho más si reaparece la corrida, la realidad de la mayoría continuará siendo por bastante tiempo como esa tira de Mafalda en la que en el primer cuadro Manolito piensa y se responde: "¡¡Primavera!! ¡Como si la primavera cambiara la situación!"; en el segundo: "¡¡La primavera es la más alegre de las estaciones!! ¡Como si el déficit se arreglara con carcajadas!"; en el siguiente cuadro: "¡¡Las plazas y jardines se cubren de flores!! ¡Como si la inflación se frenara con margaritas!"; y finaliza pensando "Desde lejanos países llegan las  golondrinas", y respondiéndose "¡Como si la balanza de pagos se equilibrara con pajaritos importados!".

Pese a todo, Feliz Primavera.