La generación de residuos sólidos urbanos ha sido sin duda uno de los grandes desafíos de la gestión ambiental urbana tanto en el área metropolitana de Buenos Aires (AMBA) como en la Ciudad Autónoma. Desde la Buenos Aires colonial hasta la actualidad se han implementado diversos sistemas de tratamiento que fueron cambiando conforme se establecían distintas prioridades en materia de gestión y de la posibilidad de acceso a tecnologías de tratamiento.

Es así que a comienzos del siglo pasado se implementaba un sistema de quema controlada con recuperación de materiales, para dar luego paso a la incineración; técnica que posteriormente ocasionara múltiples conflictos producto de humos y hollines, principalmente en la entonces capital federal.

Con la creación de la Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado (Ceamse) (decreto 911/1977), la gestión de los residuos adquiere escala metropolitana y se extiende la disposición final bajo la implementación de la técnica de relleno sanitario, a 22 municipios del Conurbano bonaerense y la capital federal.

En la actualidad el ámbito geográfico de acción de la Ceamse es la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y los partidos bonaerenses de Almirante Brown, Avellaneda, Berazategui, Berisso, Brandsen, Ensenada, Escobar, Esteban Echeverría, Ezeiza, Florencio Varela, General Rodríguez, General San Martín, Hurlingham, Ituzaingó, José C. Paz, La Matanza, La Plata, Lanús, Lomas de Zamora, Magdalena, Malvinas Argentinas, Merlo, Moreno, Morón, Pilar, Presidente Perón, Quilmes, San Fernando, San Isidro, San Miguel, Tigre, Tres de Febrero y Vicente López. En conjunto, suman cerca de 14,5 millones de habitantes, según el censo 2010, o sea, más del 36% de la población argentina, distribuida en una superficie de 8.800 kilómetros cuadrados.

Esta región produce unas 17 mil toneladas diarias de residuos que representan el 40% del total generado en el país y allí están radicadas el 40% de las industrias.

En la actualidad, frente al futuro colapso del sistema de rellenos sanitarios existentes en el AMBA y la dificultad para abrir nuevos, los gobiernos de la provincia de Buenos Aires y de la Ciudad Autónoma están impulsando una estrategia para la gestión de residuos que incluye la incineración como forma de tratamiento para las más de 15 mil toneladas de residuos diarios que se generan en AMBA.

En tal sentido, para que el proyecto resulte viable será necesario ajustar el marco legal, modificar la ley 1854 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, conocida como ley de basura cero, ya que la norma prohíbe la incineración hasta tanto no se recupere el 75% de los residuos sólidos urbanos (RSU) que se generan en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Si bien la valorización térmica es una tecnología fuertemente utilizada en Europa y algunas ciudades de Estados Unidos, por citar algunos ejemplos, es dable destacar que la eficiencia está directamente vinculada con la composición de los RSU. En Europa, los residuos tienen una previa clasificación, por la cual son separados los orgánicos (húmedos) y los reciclables; se incinera solo la porción de rechazo que no puede ser valorizada de otra forma. En nuestra región los niveles de recuperación y reciclado son muy bajos y la composición de los residuos que va a disposición final es la resultante de una mezcla de residuos con todos sus componentes, muchos de estos potencialmente recuperables.

Con este escenario de escaso grado de avance en materia de recuperación de materiales en nuestra región, de materializarse esta iniciativa, desalentaría aún más cualquier programa de recuperación, ya que para generar energía se necesitan materiales con alto poder calorífico que se encuentran precisamente en el mercado de reciclaje, que además genera una cantidad considerable de puestos de trabajo en el segmento informal urbano.

Este punto resulta clave, ya que la incineración termina absorbiendo mayoritariamente las corrientes de residuos que pueden ser recuperadas y que, en el AMBA, como hiciéramos referencia en el párrafo anterior, están relacionadas con la población de recuperadores urbanos que vive de la búsqueda de parte de estos materiales que tendrán otro destino de implementarse esta tecnología para todos los residuos.

A esto me permito sumarle el desaliento que accionaría en cuanto a motorizar políticas de responsabilidad extendida de los productos por parte de los productores, y leyes y políticas activas para los envases y los embalajes, históricamente postergadas.

Otro aspecto a tener en cuenta son los costos que este nuevo sistema demandaría y quién absorbería este incremento. Aunque esta tecnología estuviese pensada para generar energía eléctrica, debe considerarse que la electricidad generada por la termovalorización de RSU es más costosa que la generada por otras fuentes como carbón, hidráulica e incluso nuclear. Como es sabido, para los municipios la gestión de los residuos sólidos urbanos es uno de los ítems más costosos en su presupuesto actual y difícilmente podrían sostener un incremento en el costo de tratamiento.

Ante este escenario de cambio tecnológico, es necesario considerar el impacto en todas las dimensiones (sociales, económicas y ambientales) que una reconversión tan profunda como esta traerá aparejada. El acceso a una mayor información de la actualmente disponible por parte de las autoridades y la participación activa de todos los estamentos gubernamentales y la sociedad civil en su conjunto resultarán claves para lograr los consensos necesarios para que este tipo de iniciativa prospere.

El autor es director del Centro de Estudios Metropolitanos (UNAJ-UMET-UNAHUR).