Muchos analistas describen internet como "el nuevo campo de batalla global". No se trata de un escenario futurista ni de una película de ciencia ficción, sino de una realidad conocida por todos. Parece que, por fin, nuestro país ha tomado nota de esta situación y se apresta a ocuparse de ella en lo inmediato. Celebramos que, en distintas oportunidades, el ministro de Defensa, Oscar Aguad, haya hablado de la ciberdefensa como un área fundamental en la que su cartera está poniendo especial énfasis. "El próximo Pearl Harbor al que nos enfrentemos podría muy bien ser un ataque cibernético que paralice nuestros sistemas de energía, red eléctrica, seguridad y nuestro sistema financiero", aventuró el experimentado Leon Panetta, extitular de la CIA y del Pentágono en la administración Obama. Esa es la cruda realidad de un mundo complejo, un escenario amenazante que exige la máxima atención de las autoridades civiles y la total disponibilidad de los máximos responsables del Ministerio de Defensa, así como el involucramiento de los altos mandos de las Fuerzas Armadas y otros organismos del Estado.
En Taeda, desde el mismo momento del lanzamiento de nuestra revista DEF, cuando este tema parecía no preocupar tanto, intentamos explicar a nuestros lectores en qué consiste la ciberdefensa y qué caminos debemos adoptar para prevenir y hacer frente a ataques o acciones de sabotaje canalizadas a través de la red. Al tema dedicamos coberturas especiales, advertimos acerca de la guerra silente que se libraba en el ciberespacio y convocamos a los mayores expertos a participar de los seminarios internacionales sobre seguridad hemisférica que organizamos en Washington (2010), Bogotá (2013) y Buenos Aires (2014), así como jornadas académicas dirigidas a estudiantes y profesionales especializados en la materia.
En un mundo hiperconectado, en el que podemos realizar transacciones bancarias u operaciones de comercio electrónico casi instantáneas sin movernos de nuestro hogar, todo movimiento u acción está ligado a la red. En ese contexto, la protección de las infraestructuras críticas se encuentra estrechamente relacionada con la defensa del ciberespacio. Para ello, es fundamental contar con la decisión política, el equipamiento adecuado, profesionales entrenados y una fuerza militar preparada para hacer frente a amenazas del crimen organizado y del ciberterrorismo. Los tentáculos de estas poderosas bandas se extienden a escala planetaria y ningún país puede darse el lujo de menospreciar el peligro que encarnan. En estas circunstancias, bajar la guardia puede ser letal.
No es casual que hace apenas unos meses, en noviembre de 2017, en Estonia, hayan tenido lugar los ejercicios más avanzados en materia de ciberdefensa realizados en el ámbito de la Organización para el Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Como parte de la revisión de su estrategia de defensa, la alianza atlántica incorporó las ciberamenazas como posible causa de activación del sistema de "defensa colectiva", en los términos del artículo 5 de su tratado fundacional, el mismo que se aplicó luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001.
Estados Unidos, por su parte, cuenta con su propio cibercomando bajo la órbita del Pentágono. Israel puso su National Cyber Bureau en línea directa con la oficina del primer ministro. Otros grandes poderes militares, como Rusia y China, también han desarrollado sus propias capacidades en la materia. Nuestro principal socio del Mercosur, Brasil, cuenta desde 2010 con un Comando Conjunto de Defensa Cibernética y, desde 2015, con la Escuela Nacional de Defensa Cibernética.
Con vistas a una protección de nuestra soberanía, el Ministerio de Defensa analiza la creación de una fuerza especializada e independiente dedicada a la ciberdefensa en el ámbito de las Fuerzas Armadas, para lo cual se planea convocar a personal militar y a profesionales capacitados en el manejo de las nuevas tecnologías. De esta forma, se estará dando un paso en la dirección correcta, poniendo el foco de atención en una amenaza que puede impactar en el mundo real y afectar el control de infraestructuras críticas, como el abastecimiento energético y de agua potable, el tráfico aéreo y terrestre, y la seguridad de información estratégica. Es hora de volcar este marco teórico a una acción clara y contundente que asegure el cuarto espacio nacional.
El abordaje de esta problemática exige el compromiso de las autoridades nacionales para el establecimiento de los grandes lineamientos políticos y la firme conducción de las Fuerzas Armadas, con el asesoramiento de los mayores expertos en la materia. Una política adecuada para defendernos de las operaciones de ciberterrorismo requiere, finalmente, un trabajo coordinado entre el sector público, la academia y las corporaciones privadas. Solo uniendo nuestros esfuerzos y maximizando los recursos disponibles podremos garantizar un entorno seguro que nos proteja del accionar de grupos inescrupulosos que buscan sembrar el caos.
El ciberespacio está sometido a múltiples amenazas. Así como protegemos nuestro territorio, mar y cielo, debemos tomar conciencia de que tener una política de ciberdefensa es también proteger nuestra soberanía.
El autor es presidente de Taeda.
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