Tengo una pésima noticia para muchos periodistas: Corea del Centro no existe. Existe Corea del Sur, cuya capital es Seúl, que es una República soberana e independiente que comprende la mitad inferior de la península de Corea y alrededor de tres mil islas. Dentro de ese territorio, que no es una fábula de Marco Polo, sucede lo siguiente: existe una República con plenos derechos constitucionales, cuyas autoridades surgen del voto popular según los cánones de las democracias pluripartidarias. Hay absoluta libertad de expresión, medios de comunicación sin mordazas de ningún tipo y los ciudadanos eligen los medios y los modos de informarse y entretenerse.

Desde que rige plenamente la democracia, cosa que ocurre desde mediados de los '80, Corea del Sur, que, insisto, goza de plena existencia, tuvo un crecimiento económico y social explosivo: es la 13ª economía del mundo y, por supuesto, está dentro del bloque de los países desarrollados. Es una de las naciones más avanzados del mundo, líder en producción tecnológica y la primera potencia en industria naviera.

Existe también Corea del Norte, un país soberano de Asia Oriental, cuya capital es Pionyang, y abarca la parte septentrional de la península de Corea. Dentro de ese territorio, que no pertenece al terreno de la literatura ni de la imaginación, sino que son tierras asentadas en la más pura realidad, suceden cosas diametralmente opuestas a las que ocurren en Corea del Sur: los gobernantes no son elegidos por el pueblo en elecciones libres, sino que se trata de una dinastía de mandatarios que gobiernan por linaje de sangre.

Kim Il-sung, fundador del Estado norcoreano, es Presidente Eterno de la República. El hijo menor de Kim Jong-il, Kim Jong-un, fue nombrado heredero de los poderes políticos de su padre en octubre de 2010, a los 27 años. La biología se impuso sobre el delirio del régimen y Kim Jong-il, falleció.

Entre los actos de gobierno de Kim Jong-un, se cuenta el de haber asesinado a su tío arrojándolo a un pozo en el que lo esperaba una jauría de perros hambrientos. Y hubo, por lo menos, otras 15 ejecuciones de funcionarios. Los medios de producción son propiedad del Estado y la economía se organiza a través de empresas estatales y granjas colectivizadas. Al mismo tiempo que Corea del Sur crecía sin techo, Corea del Norte sufrió una hambruna en la que murieron cerca de 3 millones de personas.

Hoy, precisamente hoy, un soldado del ejército de Corea del Norte desertó a Corea del Sur y en su itinerario trajo una noticia que seguramente entristecerá a muchos periodistas argentinos: en el medio no se encontró con Corea del Centro.

Una vez más: Corea del Centro no existe. Corea del Centro es un país ilusorio como las ciudades que imaginó Italo Calvino en su hermoso libro "Las ciudades invisibles".

Cualquiera puede tener su visión sobre Corea del Sur o Corea del Norte. Cualquiera puede expresar esta opinión (salvo en Corea del Norte, claro). Para algunos, Corea del Sur es el epítome de la explotación capitalista y Corea del Norte el paraíso socialista. Y es muy saludable que lo digan con todas las letras. Pero, una vez más, Corea del centro no existe.

No podría haber una síntesis ecuánime de dos universos opuestos, enfrentados política, social y filosóficamente. Existe una gama de modelos democráticos que van desde EEUU a Japón. Argentina, una vez más, presenta el problema de siempre: queremos inventar cosas que no existen en ningún lugar del planeta: ser ecuánimes y medir con la misma vara a vara al Estado Islámico que a Finlandia: "Así como condenamos los atentados masivos en centros urbanos, también condenamos los altos índices de suicidios del país nórdico" (juro que esta estupidez se la escuché decir a un periodista).

¿Cómo nació la delirante idea de Corea del Centro? Corea el Centro es la patria confortable de la conciencia de los "bienpensantes", de los conservadores de la vieja izquierda y la derecha recalcitrante. Es un territorio platónico que los deja cómodos con sus convicciones, con sus ideas inaplicables a quienes no quieren renunciar a la utopía marxista, la misma que fracasó en todo el mundo. Pero también es la tierra donde cavan sus trincheras los extorsionadores, los que quieren tirarle de la manga al gobierno, los que quieren beneficiarse a costa del Estado, los que quieren apretar las ubres públicas para sacarle plata, conseguir privilegios, prebendas y ventajas.

Corea del Centro es el territorio donde operan los viejos servicios de inteligencia, los que hacen operaciones periodísticas, los que ejercen lobby. Corea del Centro es lugar donde hay jóvenes desaparecidos en democracia, donde nadie se puede preguntar por el número exacto de desaparecidos, es el lugar en el que gendarmería asesina artesanos. Corea del Centro es el territorio desde donde te pueden gritar "judío de mierda" y no tenés derecho al desagravio, donde, además, te dicen "que los judíos son los dueños de los medios" y tenés que mirar para abajo. Corea del Centro es lugar en el que gritan: "Yo estoy comiendo un asado de tira, ¿dónde está Santiago Maldonado?".

Corea del Centro es el territorio donde un coreano del centro le espeta a un movilero de TN: "Devuelvan a los nietos". Pero también son coreanos del centro los que, con el dedito en alto, te dicen: "Hay que aplicar una solución de shock para la economía, cueste lo que cueste". Corea del Centro es el país en el que el Estado se tiene que hacer cargo del sueldo de los periodistas mercenarios que nos vaciaron los bolsillos y nos saturaron la paciencia durante doce años.

Corea del Centro es ese territorio inexistente en el que se reúnen a conspirar los extremistas de todos los signos y todos los tiempos.