
La menopausia no solo transforma el cuerpo: también puede reorganizar el cerebro. Un estudio publicado en la revista especializada Menopause reveló que la conectividad funcional cerebral, es decir, la forma en que distintas regiones se comunican entre sí, varía según si la mujer está antes, durante o después de la menopausia
Las investigadoras que realizaron el trabajo pertenecen a la Universidad de Vermont, en los Estados Unidos, y postulan que la menopausia es una transición neurológica, no solo reproductiva.
Eso significa que los cambios hormonales del climaterio dejan huella en el funcionamiento del cerebro, con posibles consecuencias para el envejecimiento.
La investigación estuvo a cargo de Abigail Testo, doctora e investigadora posdoctoral, y de Julie Dumas, doctora, directora asociada de la Unidad de Investigación en Neurociencia Clínica y profesora de psiquiatría del Colegio de Medicina Larner de la Universidad de Vermont.
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El cerebro en transición

La menopausia se define como el cese definitivo de la menstruación por al menos 12 meses consecutivos. La etapa previa, llamada perimenopausia, suele ocurrir entre los 40 y los 58 años y se caracteriza por una gran variabilidad hormonal.
Muchos síntomas de la menopausia, como los sofocos, los problemas de sueño y los olvidos frecuentes, tienen origen neurológico. Eso indica que el cerebro está directamente involucrado en esta transición, más allá de los cambios reproductivos.
Estudios anteriores ya habían documentado que las mujeres en etapa peri y posmenopáusica presentaban menor volumen de materia gris y blanca en zonas del cerebro vulnerables al Alzhéimer. También se detectaron en esos grupos mayores indicadores de la enfermedad, como el depósito de una proteína llamada amiloide beta.
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Ahora, las investigadoras de Vermont buscaron entender si la etapa menopáusica influye en la conectividad funcional del cerebro en reposo, es decir, cuando la persona no realiza ninguna tarea activa. Esa conectividad refleja qué tan sincronizadas están distintas áreas cerebrales entre sí.
Los investigadores querían saber si esas diferencias existían entre mujeres premenopáusicas, perimenopáusicas y posmenopáusicas de edades similares. Su objetivo fue determinar si la menopausia, por sí sola, deja una marca medible en la actividad cerebral.
El cerebro después de la menopausia

Los datos provinieron del Proyecto Conectoma Humano—Envejecimiento (HCP-A, por sus siglas en inglés), una base de datos de neuroimágenes de gran escala. Se analizaron imágenes de resonancia magnética funcional de 151 mujeres de entre 40 y 55 años: 58 premenopáusicas, 41 perimenopáusicas y 52 posmenopáusicas.
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Para clasificar a las participantes, se usaron criterios hormonales, historial menstrual y el sistema de estadificación STRAW+10, un estándar internacional para determinar la etapa reproductiva. Las imágenes se procesaron con herramientas especializadas de análisis de conectividad.
Las investigadoras midieron la fuerza de las conexiones entre 132 regiones del cerebro durante el estado de reposo. Ese análisis permitió comparar los patrones de actividad entre los tres grupos y detectar diferencias estadísticamente relevantes.

Los resultados mostraron menor conectividad entre el giro supramarginal —zona vinculada a la memoria verbal de trabajo, es decir, la capacidad de retener y usar información de forma inmediata— y el plano temporal derecho en mujeres posmenopáusicas frente a las premenopáusicas.
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El grupo posmenopáusico también presentó menor conectividad en una red que incluye la corteza opercular central, la corteza opercular parietal y la corteza insular. Esas zonas participan en el procesamiento sensorial y cognitivo.
No se encontraron diferencias entre el grupo perimenopáusico y los otros dos. Los investigadores sugirieron que la perimenopausia actúa como un estado de transición neurológica, en el que el cerebro aún no asumió su configuración posmenopáusica.
Los investigadores advirtieron que el diseño transversal del estudio —una medición en un momento puntual, sin seguimiento en el tiempo— representa una limitación. No se controlaron variables como el uso de terapia hormonal o de antidepresivos, factores que podrían haber influido en los resultados.
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El equipo señaló que hacen falta estudios longitudinales para entender cómo evoluciona la conectividad cerebral a lo largo de toda la transición menopáusica.
La investigación también abre preguntas sobre el papel que los cambios estructurales del cerebro podrían tener en las diferencias individuales del envejecimiento.
Las investigadoras destacaron que, con décadas de vida por delante tras la menopausia, comprender los efectos neurológicos de los cambios hormonales en la mediana edad resulta prioritario.
El equipo continúa con estudios sobre cómo las hormonas naturales y las terapias externas afectan de manera diferente la salud cerebral en mujeres mayores.
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