El próximo 18 de octubre se producirá uno de los hechos políticos más trascendentes a nivel global. El gobernante Partido Comunista de China (PCC) iniciará su 19º Congreso Nacional. Este evento se produce cada cinco años, desde la fundación del partido, en 1921. Toda China y los principales actores políticos y económicos del mundo estarán expectantes de lo que allí suceda. Se espera que el Congreso, compuesto por 2287 delegados que representan a unos noventa millones de afiliados, ratifique la profundización del actual rumbo político y económico de China. Al mismo tiempo, la atención estará puesta en la esperada renovación de algunos cuadros del Politburó.

Continuidad para la era política de Xi Jinping

En primer lugar, es seguro que el Congreso revalidará por otro quinquenio el mandato de Xi Jinping, quien ostenta los cargos de presidente de la república, secretario general del Comité Central del PCC y presidente de la Comisión Militar Central. Xi se ha consolidado como el líder más fuerte desde los tiempos de Deng Xiaoping (1978-1993), quien fuera el iniciador de la revolución económica y social que ha convertido a China en una potencia.

En 2016, Xi fue declarado núcleo del partido, lo que reafirmó su liderazgo indiscutido hacia el interior del PCC. Al mismo tiempo, Xi ha ido ganando cada vez más proyección y protagonismo a nivel global. Esto se ha hecho más evidente desde que Donald Trump asumió el poder en la Casa Blanca, con lo que dejó un vacío en la conducción del mundo capitalista y globalizado. Paradojalmente, Xi ha tomado la posta, exhibe a la robusta economía china como la contracara del aislacionismo proteccionista de Trump.

¿Hasta dónde llegará la renovación del Politburó?

El segundo dato a prestar atención del Congreso es la esperada renovación, por exceso en la edad límite para ocupar sus cargos, de cinco de los siete miembros del Comité Permanente del Politburó, órgano que integran un total de 25 cuadros partidarios. Tanto Xi como el primer ministro Li Keqiang podrían seguir en sus puestos, no así los cinco restantes. Ahora bien, esto significaría el retiro de, entre otros, uno de los hombres clave en la estructura de poder de Xi: Wang Qishan, jefe de la Comisión Central de Disciplina y encargado de la campaña anticorrupción, una de las políticas emblemáticas del Presidente.

Si Wang se mantiene, sería una gran exhibición de poder por parte de Xi. Inclusive algunos analistas han especulado que Wang podría desplazar a Li Keqiang como primer ministro, cargo que tiene bajo su órbita la política económica y la conducción de la burocracia china. Por otro lado, también habría cambios y bajas por retiros de varios de los restantes 25 cargos del Politburó.

La caída de Sun Zhengcai en la antesala del Congreso

En la antesala del Congreso se conoció una noticia de gran trascendencia política. El ascendente Sun Zhengcai fue expulsado del partido e inhabilitado para ejercer cargos públicos, en medio de una investigación por corrupción.

Sun, con 54 años de edad, era un prominente miembro del Politburó y máxima autoridad del PCC en Chongqing, tercera ciudad en importancia de China en términos poblacionales. Sun se convirtió así en uno de los tantos tigres que han sido alcanzados por la campaña anticorrupción de Xi, que ya ha hecho caer a más de doscientos altos rangos del PCC. Muchos de ellos, inclusive, fueron capturaros en el exterior y repatriados a China.

El ambicioso sueño chino de cara a los dos centenarios

El nuevo plan quinquenal de Xi estará enfocado en avanzar en la concreción del sueño chino de revitalización de la nación. China ha fijado las ambiciosas metas de los dos centenarios: lograr una sociedad modestamente acomodada para el año 2021, centenario de la fundación del PCC y, la segunda, convertir a China en un país socialista moderno para el 2049, centenario de la fundación de la República Popular.

Esto implica, por un lado, erradicar para 2021 la pobreza; se estima que quedan unos cincuenta millones de chinos en esa condición. Para 2049, en tanto, el objetivo de China es lograr un nivel de ingresos per cápita similar al de los países desarrollados. Tras haber sacado a más de setecientos millones de la pobreza en los últimos 35 años, no suena para nada utópico pensar que los chinos podrían lograr ambos objetivos en los plazos previstos.

China seguirá siendo motor del crecimiento y la innovación global

En cuanto al modelo de desarrollo económico chino, seguirá en la línea de la nueva normalidad, iniciada en 2014. Esta tiene como pilares la promoción del consumo interno y los servicios, con eje en la innovación tecnológica y tasas de crecimiento en torno al 6%-7% anual. Pese a la desaceleración, el PBI de China alcanzó los 11,2 billones de dólares en 2016, contribuyendo a más del 30% del crecimiento global. China crece menos, pero, así y todo, es el país que más crece e invierte.

Los resultados han sido sorprendentes: China lideró en 2016 la tabla mundial en financiamiento a inversiones en nuevas tecnologías y secundó a los Estados Unidos en inteligencia artificial, robotización, realidad virtual, educación técnica y vehículos inteligentes. Según el McKinsey Global Institute, China ya tiene 262 "unicornios", empresas de internet que, en menos de una década, pasaron a ser valuadas en mil millones de dólares o más. La proyección es que China pronto superará a los Estados Unidos.

Finalmente, China seguirá enfocada en la reafirmación de la soberanía en los mares del sur y este de China, junto con la implementación de la nueva ruta de la seda, terrestre y marítima. Se trata del mayor plan de infraestructura de la historia de la humanidad, que implicará una inversión de más de 325 mil millones de dólares, en su etapa inicial. El proyecto, de ser exitoso, no sólo afianzará a China como la mayor superpotencia del siglo XXI, sino que directamente delineará un nuevo orden geopolítico mundial.

El autor es magíster en Políticas Públicas (Flacso) y master of China Studies (Universidad de Zhejiang). Politólogo y docente universitario (UCA). Director de Diagnóstico Político.