Carrió, ¿la cuña del mismo palo?

Esteban López del Pino

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Por estos días, más de un integrante de los pasillos de la Casa  Rosada y de Uspallata tiene como pensamiento recurrente el conocido refrán: "No hay peor cuña que la del mismo palo". Mientras, le piden al cielo que el huracán Carrió disminuya sus fuerzas por efecto de la elección de los votantes.

No parece ser buen consejero en estos menesteres el polifacético gurú Jaime Durán Barba, uno de los asesores estrella del nuevo presidente de Ecuador, Lenín Moreno. El mismo que, luego de llegar al poder gracias a la fuerza y a los votos de Correa, se ha convertido en su principal enemigo y destructor de los postulados del partido que lo vio triunfar: Alianza País.

La trayectoria política de Elisa Carrió no escatima en acontecimientos de rebelión o explosión cada vez que ella consideró que la conducta ética estaba por encima de las personas o los partidos. Se suele contar que Mauricio Macri ha confesado más de una vez a sus íntimos que Lilita es el precio que tiene que pagar por portar dicho apellido, anécdota difícil de comprobar.

En estas semanas de campaña se ve una actitud de Carrió que hace intrigante y desconcertante su papel luego del 22 de octubre: el silencio. Lilita mantiene grandes silencios sobre personas o relaciones que ella no considera aptas para ser cofundadoras de la nueva república. Como el juez de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, algún ministro del Gobierno nacional o de la Ciudad y uno que otro empresario que por sus desempeños no los hacen compatibles para la nueva tierra prometida, sin olvidarnos de sus internas y las diferencias con la figura política del momento: la gobernadora María Eugenia Vidal.

La falta de palabras de Elisa Carrió sobre algunas personas y determinados temas tiene sin duda su explicación en el momento político y en la necesaria validación de los votos. Esta actitud, seguramente pedida por los asesores de campaña, le está dando muy buenas chances electorales. Pero al mismo tiempo se ha convertido en la fuente de insomnio de muchos funcionarios y de algún que otro empresario.

Seguramente, la noche del domingo 22 y los días siguientes tendremos la oportunidad de desechar por inaplicable y vetusto al refrán o, por el contrario, la realidad nos mostrará que aún sigue vigente.

El autor es licenciado en Comunicación Social por la Universidad Austral. Desde el 2007 hasta la actualidad es asesor en comunicación empresarial y política.