Empujado por mi pasión por la historia y en especial la del siglo XX, fui a ver la película Dunkerque cuando se estrenó. No salí tan satisfecho como hubiera querido. Eso no significa que la película sea mala, en un sentido contundente del calificativo. Está muy bien realizada, pero le falta emoción. Lo que claramente se dice "sensibilidad humana". Y la razón de ser de reacciones que suenan a egoísmos feroces, donde lo único que tratan es de salvar sus vidas, sin importar los medios.
Muy bien llevados a cabo los trabajos de edición, de filmación, pero todo queda atrapado en una batalla donde hay perdedores y ganadores que no se ven.
Parecería que al director, Christopher Nolan, no le interesa la didáctica. No hay, al comienzo, una explicación con sentido pedagógico de por qué casi cuatrocientos mil hombres ingleses, franceses y de otras nacionalidades están concentrados en una playa, bajo la metralla de los aviones, sin defensa alguna, esperando un rescate que, en parte, fracasa al comienzo.
La mayoría del público debe ir a ver una de guerra, no conoce ese acontecimiento del pasado o lo sabe de oídas. El comienzo de la película carece de algunas líneas de pequeños e intrascendentes detalles. Debería haber explicado la fecha misma, del 26 de mayo de 1940 al 4 de junio del mismo año, el porqué del acorralamiento, el sentido del derrumbe, las pérdidas materiales, la psicología de la derrota.
En la película Dunkerque, de psicología no hablemos. De descripciones humanas, quiénes son, de dónde vienen algunos protagonistas, su pasado, el sentido imperioso de la huida, todo eso falta. El director Nolan sólo se detiene en los ataques a centenares de miles de desamparados y sin protección de ninguna naturaleza. Tiene destreza y técnica de primera, en ese sentido, sin duda. Lo mismo los ataques entre aviadores británicos y alemanes, que demuestran una gran disponibilidad de técnicas.
Nolan amplía la visión de los daños materiales, no humanos. La única excepción es el silencio apabullante de un rescatado por un civil y su hijo del casco de un barco hundido. De sus motivos, de su mudez que impresiona.
Entre la invasión a Polonia el 1º de septiembre de 1939 y comienzos de mayo de 1940, cuando Alemania lanzó la guerra "relámpago" (Blitzkrieg), una estrategia que había inventado un general ruso, Tujachevski, fusilado por intrigas y por decisión de Stalin en las purgas de 1936. Consiste en atropellar al enemigo con todos los elementos disponibles, tanques, cañones a distancia, infantería y aviación, y ganar espacio con gran rapidez y sin descanso. Fue tan inmediata, tan increíble esa movida que ahora los historiadores están escribiendo bibliografías sobre el uso de estimulantes (el Pervitin, por ejemplo) que les entregaban a los soldados alemanes. Esos soldados no durmieron los tres primeros días de la invasión.
La maniobra aconteció a comienzos de mayo, después de meses de calma sin sentido. A ese período en el que nada sucedió, cuando los aliados (Francia e Inglaterra) se habían ubicado detrás de la línea Maginot, con un Ejército galo de tres millones de soldados y divisiones inglesas en el occidente europeo, se la llamó "la guerra boba".
La ociosidad y la falta de movimientos fueron minando al Ejército francés, cuando, en la década del treinta, el período de los grandes desafíos ideológicos, todo se resquebrajó. Los soldados franceses, en su mayoría, eran de izquierda. Los oficiales en su mayoría adherían a las derechas nacionalistas, de alto grado de religiosidad. No se podían entender.
Los alemanes sortearon la monumental línea Maginot, entraron a Francia por Bélgica y pusieron al desnudo la falta de preparación y de disposición para el combate de sus adversarios. El jefe francés Maurice Gamelin intentó detener a los germanos en Bélgica, pero fueron rebalsados. Veintinueve divisiones alemanas atacaron a través del sur de los Países Bajos y el centro de Bélgica hasta el occidente francés. Fueron 41 mil vehículos alemanes los que avanzaron. Los franceses fallaron al no enviar sus aviones. La división panzer, una fuerza independiente alemana, ingresó con 122 tanques y 378 vehículos de apoyo, lo que incluía la infantería motorizada, baterías antitanques y antiaéreas, bajo el mando de Heinz Guderian y Hans Reinhardt, entre otros.
El 13 de mayo, los bombarderos de la Luftwaffe llevaron a cabo 3.940 salidas, bombardearon masivamente las posiciones francesas, mientras los escuadrones de stukas realizaban otras trescientas misiones de ametrallamiento y bombardeos en picada.
Una serie de contraataques ingleses y franceses no pudo detener el atropellado avance alemán. Los ingleses fueron retrocediendo y las tropas de Hitler detuvieron su avance hacia la playa de Dunkerque, donde los británicos quedaron encerrados. Los invasores creyeron que los aliados estaban definitivamente destruidos. No se equivocaban. En los hechos, habrían de ocupar Francia en cinco semanas, con un ejército francés en retroceso casi vergonzoso. A su paso, los germanos integrantes de las SS fusilaban a los prisioneros. Hubo numerosísimos casos.
En el cuartel general germano hubo discusiones de estrategia. Si destrozar a los británicos semidesarmados o seguir viaje hasta París. Hitler ordenó continuar hasta la capital francesa. Pero fue el comandante de la aviación Hermann Göring el que solicitó permiso, que fue concedido para destruir las fuerzas concentradas en Dunkerque.
El 10 de mayo de 1940, Winston Churchill asumió el cargo de primer ministro de Gran Bretaña y se puso al frente a la Oficina de Guerra. Tuvo que enfrentar la decisión de qué hacer con su ejército atrapado cerca de la ciudad francesa de Lille. En otras playas de casi cien kilómetros de extensión, las tropas francesas esperaban ayuda o evacuación. Los ingleses dispusieron hombres como una especie de anillo protector de los que se evacuarían, que duró hasta la última bala, hasta el 29-30 de mayo.
Churchill solicitó que todo aquello que flotara, barcos civiles a motor o a vela, saliera a salvar a su ejército destrozado. Entre el 27 de mayo y el 4 de junio, 338.200 ingleses lograron escapar rumbo a Inglaterra, cruzaron el Canal de la Mancha. En ese salto hacia la isla, la aviación de Goering y los submarinos enemigos hundieron barcos importantes que llevaban heridos y soldados agotados. A los salvados se sumaron 140 mil soldados franceses, polacos y belgas. Todos ellos volverían al continente de alguna manera el día de la invasión de Normandía, cuatro años después. Y antes lo hicieron en el norte del África contra las tropas de Rommel. Otros se sumaron, previo aprendizaje, a la aviación.
Churchill no pudo salvar a todos los aliados. Cuarenta mil franceses fueron hechos prisioneros y luego obligados a trabajar como mano de obra esclava en las fábricas alemanas que serían bombardeadas por los aliados meses después.
El Ejército inglés, pese a las víctimas, fue rescatado en una gran mayoría. Pero allí se inició otra odisea inglesa. Tuvieron que soportar bombardeos frecuentes, altamente destructivos en las ciudades, mientras la aviación inglesa se rearmaba para la defensa. Y a ello se sumó el temor por la invasión de Inglaterra que muchos mariscales alemanes soñaban, pero que nunca se llevó a cabo por falta de recursos necesarios, que eran millonarios e imposibles de fabricar.
¿Por qué Hitler no destruyó al Ejército británico en Dunkerque? He aquí una incógnita histórica que nadie pudo develar con exactitud. Yo adhiero a una hipótesis. Hitler no quería la pelea con Gran Bretaña. Soñaba con una capitulación pacífica, de allí la propuesta de su lugarteniente Hess cuando llegó en avión a Inglaterra. Y convertirla en aliada en la futura lucha, un año después, contra la Unión Soviética. Hitler no pensaba en vano. En Inglaterra, los neutralistas estaban a la orden del día y no querían una guerra contra Alemania. Dentro de esas filas había muchísimos pro-nazis. Gran parte de la nobleza inglesa, por el miedo atroz al comunismo, idealiza para bien la figura del nazismo. Todos ellos se callaron apenas comenzó la lucha cuerpo a cuerpo en el continente y fueron bombardeados. Muchos pro-nazis fueron silenciados con la cárcel y con la desaprobación masiva de los propios ingleses.
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