El consumo de alcohol en adolescentes y sus graves consecuencias

Ricardo Papaleo

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La adolescencia, en nuestro tiempo, se caracteriza por la búsqueda de identidad personal y autonomía, necesidad de experimentar con situaciones nuevas, alejamiento de los valores familiares y de las figuras de autoridad, y el requerimiento de aceptación por el grupo de pares que brinda inclusión, seguridad y pertenencia. Y por el temor a la dependencia, la soledad, el vacío emocional, las conductas impulsivas que pueden favorecer el consumo de alcohol como conducta recreativa, evasiva o adictiva.

El consumo de sustancias legales e ilegales es un fenómeno complejo en el que intervienen diferentes variables, como la persona, con sus factores psicológicos y familiares, la sustancia y el contexto social. Requiere un abordaje integral desde los ámbitos normativo, sanitario, psicológico y social, sin hacer reduccionismos que simplifican y empobrecen el abordaje.

El alcohol es la sustancia legal más consumida por los adolescentes en nuestro país y numerosos estudios indican que la prevalencia en la vida del consumo de bebidas alcohólicas de los estudiantes secundarios fue aumentando hasta llegar al 70 por ciento. La edad media de inicio fue bajando y se ubica en 13 años. Además, la percepción de riesgo disminuyó y es muy fácil conseguir las bebidas alcohólicas.

Es muy importante señalar que se ha evidenciado un cambio en la modalidad de consumo que consiste en un consumo excesivo de alcohol en breve período de tiempo: se realiza los fines de semana, por fuera de la alimentación y del ámbito familiar, en ámbitos nocturnos con fines recreativos. Este tipo de consumo, que se ha denominado "previas" o consumo excesivo episódico, es también utilizado por los jóvenes con fines tóxicos para modificar sus conductas, su humor o su percepción. El 30% de los bebedores de alcohol se emborracha al menos una vez al mes, durante los fines de semana.

Esta nueva modalidad de consumo no nos ha generado la suficiente reflexión sobre sus graves consecuencias neuro-psicosociales en los consumidores adolescentes, que incluyen violencia, accidentes de tránsito, embarazos no deseados y deterioro cognitivo. Tendríamos que reunir todos los recursos de los que disponemos como comunidad, partiendo de las familias, la escuela y las instituciones para revertir esta naturalización del consumo y sus riesgos, y fortalecer a los sujetos con educación en valores y promoción de la salud.

Es necesario continuar con este llamado de atención de los riesgos que genera el consumo episódico y abusivo de alcohol. Hay que promover conciencia familiar, social y colectiva, tratando de postergar el inicio de consumo y disminuyendo el consumo perjudicial, dirigido a niños, adultos y a población no alcohólica, considerando a los adolescentes como población de riesgo.

Tenemos que dar visibilidad a este problema para que no siga haciendo estragos en los jóvenes. Despertar del sueño de "no pasa nada", "sólo sigo esperando el sábado", para construir una alternativa a este nuevo vínculo entre alcohol, diversión y ocio, fomentando actitudes y valores propicios para gozar de la vida sin el imperativo de la gratificación inmediata y garantizada a través del consumo de alcohol.

Si el consumo de alcohol es la primera y única opción, el adolescente pierde su libertad y su futuro, y la comunidad, su horizonte ético.

El autor es investigador del Instituto de Ciencias Sociales de la Fundación UADE.