La verdad debe exponerse, pero siempre desde y mediante el amor. En el afán de ser sinceros, podemos herir en medio segundo a una persona y provocar que ese dolor dure toda una vida. Nuestras palabras tienen un enorme poder y, cuando no las impulsa el amor sino el ego, suelen ocasionar grandes mortificaciones en los demás.
Nos encontramos en condiciones de mencionar de varias maneras una verdad. Descubrir la apropiada es la tarea. A veces la vida nos pone frente a situaciones que no sabemos cómo manejar, por ejemplo, cuando tenemos que dar una noticia dolorosa, comunicar una enfermedad o al informarle a nuestra pareja que deseamos dejar de compartir la vida con ella. Por eso, resulta importante que meditemos la manera de decir las cosas, busquemos las formas adecuadas y adaptadas a la persona en cuestión y a la situación. Esto incluye gestos, tonos, actitudes, palabras y contenidos.
¿Sugerencia importante? Asumamos, por un momento, el papel del otro. Nos ayudará a dirigirnos a la persona con la dignidad que se merece.
Todos hemos obrado en muchas ocasiones con ignorancia, justificándonos mediante la frase: "Yo soy sincero y expreso lo que pienso", pero ahora sabemos que ser sincero y expresar lo que se piensa puede resultar un veneno letal para el prójimo. Aprendamos de situaciones ya hechas, sin necesidad de flagelarnos por los errores cometidos cuando no poseíamos el discernimiento adecuado, aunque recordando que hubo una consecuencia, puesto que todo efecto tiene una inevitable causa. A partir de ahí, concentrémonos en admitir la situación, reconocer su alcance y evitar repetir las acciones que derivaron en el sufrimiento que provocó.
Para cambiar, obremos y hablemos desde el alma, que a partir de ella nuestras palabras dejarán de lastimar y de pronto clarificarán, se tornarán esclarecedoras.
Apenas nos convenzamos de que, como seres humanos, vivimos con la cáscara, con lo epidérmico, que termina envolviéndonos y confundiéndonos en un engaño cotidiano, iniciaremos el camino que nos acerque cada vez más a la bondad.
En este video, Claudio habla sobre un tema bien provocador que divide las aguas: Lo que nos afecta de nuestros padres, estén o no vivos, y cómo percibir la libertad que podríamos lograr ya mismo. No culpes más a tus padres.
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