Las frases más impactantes de Krishnamurti

Por Claudio María Domínguez

Guardar

Lo que hay aquí es el estado natural, es algo vivo.

No puede ser atrapado por mí ni dejado por ti. Es como una flor, tú no puedes conservar su perfume, cualquier cosa que intentes retener de ella es sólo un perfume químico, sintético, no una cosa viva.

La conciencia es tan pura que cualquier cosa que hagas para purificar esta conciencia le añade impureza.

Lo que llamas amor es sólo una vibración. Si no es recíproca, se transforma en apatía u odio.

Piensas cuando no quieres hacer algo. Pensar es una pobre alternativa a actuar. Tu pensar consume toda tu energía.

¡Actúa, no pienses!

La comida es el enemigo número uno del hombre.

Comemos demasiado y por placer. El cuerpo no requiere demasiada comida.

Menos comida no te perjudicará, pero más comida ciertamente te matará más rápido.

La muerte es una liberación para la persona que sufre.

Pero incluso así, prefieres conservar antes tu relación con el hombre que sufre y mantenerlo vivo con el soporte de todos estos sistemas de apoyo, en vez de encarar el vacío creado por su muerte.

¿Ves lo egoísta que eres?

No tener ego es un gran mito.

Cualquier cosa que hagas, cualquier movimiento en cualquier

dirección o en cualquier nivel, está reforzando al ego.

La frustración produce resultados.

Todo tu mundo artístico está construido sobre la frustración.

Cualquier cosa que experimentes está creada por ti; y estas experiencias, por muy grandes e intensas que sean, no permanecen.

Tú sólo observas a través de un velo de ideas puestas en ti por tu cultura.

El silencio real es explosivo; no es el estado muerto de la mente que los buscadores espirituales piensan que es.

Este es volcánico en su naturaleza; está burbujeando todo el tiempo —la energía, la vida—, es su cualidad.

Siempre sufres porque quieres ser diferente de lo que eres.

Los problemas del mundo no son más que extensiones de nuestros problemas personales.

 

En el programa de radio, Claudio habla sobre qué es el desapego. ¿Cómo entender que nada ni nadie nos pertenece?