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“Le quitó su sueño de regresar”: Nicaragüense muere trágicamente en Miami a días de volver a su tierra natal

El nicaragüense Francisco Adrián Martínez, un abuelo y panadero de 65 años, estaba a punto de abordar el vuelo de regreso a su patria para disfrutar de su vejez tras toda una vida de trabajo. Sin embargo, su sueño se apagó trágicamente en una calle de Miami al ser embestido mortalmente por un conductor ebrio

Doña Albertina Martínez, madre de Francisco, exige la máxima pena para el conductor responsable de la muerte de su hijo (Cortesía: N+ Univision 23).
Doña Albertina Martínez, madre de Francisco, exige la máxima pena para el conductor responsable de la muerte de su hijo (Cortesía: N+ Univision 23).
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A sus 65 años, Francisco Adrián Martínez tenía las manos curtidas por el trabajo duro y la mirada puesta en un horizonte lejano. Durante décadas, su vida transcurrió entre el calor de los hornos y el olor a pan fresco. Se levantaba incansablemente a las cuatro de la mañana para cumplir con su jornada en el Publix de la calle 37, en Miami. Pero su entrega no terminaba ahí; para sostener a los suyos, solía mantener dos o más empleos.

Incluso tras haber alcanzado la tan ansiada edad del retiro, Francisco no descansaba. Todavía recorría las calles al volante repartiendo pizzas, no lo hacía por codicia ni por no saber estar tranquilo, sino porque alimentaba una meta sagrada: reunir lo suficiente para regresar a su natal Nicaragua, abrazar a su único hijo y disfrutar sus años dorados junto a sus tres nietos.

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“¿Para qué se está matando trabajando si ni niños chiquitos tiene?”, le preguntaba a menudo su madre, doña Albertina, intentando frenar aquel esfuerzo sin pausa. Francisco siempre le respondía con una sonrisa y una promesa clara: “Ya me voy a ir a encontrar con mi hijo”.

Francisco Martínez, un panadero de 65 años recién jubilado, soñaba con regresar a su natal Nicaragua para vivir con su hijo.

Sin embargo, la noche del 18 de abril, Francisco salió a trabajar como de costumbre y en la intersección de la avenida 59 y la calle West Flagler, el destino de la familia Martínez cambió para siempre.

Aquel trayecto nocturno fue interrumpido abruptamente por la imprudencia. Maykel Mulet Sánchez conducía su vehículo a una velocidad de 83 millas por hora en una zona donde el límite permitido era de tan solo 40. Iba al volante sin control y, según los reportes posteriores de las autoridades, bajo los efectos del alcohol y sustancias ilícitas. El nicaragüense fue embestido y no sobrevivió a la violencia del choque.

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Aquel viaje a Nicaragua que tanto había añorado el panadero finalmente ocurrió, pero de la forma más desgarradora imaginable. En lugar de desembarcar con las maletas llenas de recuerdos para abrazar a los suyos, llegó dentro de un ataúd.

La víctima trabajaba para regresar a Nicaragua y disfrutar de su retiro, pero un conductor presuntamente ebrio terminó con su vida y sus sueños.

Toxicología, arresto y el clamor de una familia en duelo

Durante cuatro largos meses, la familia Martínez vivió sumergida en la incertidumbre y el dolor de la pérdida, esperando respuestas. La confirmación oficial llegó tras revelarse los exámenes toxicológicos aplicados al sospechoso.

Mike Vega, portavoz de la policía de Miami, fue contundente ante los medios: existían pruebas irrefutables de que Mulet Sánchez conducía con un nivel de alcohol en la sangre superior al límite legal permitido por la ley del estado de Florida. Con las evidencias en mano, la policía procedió al arresto del sospechoso.

A Maykel Mulet Sánchez se le imputan cargos graves: homicidio por conducir bajo la influencia del alcohol o drogas y homicidio vehicular. Aunque se le fijó una fianza inicial de 20,000 dólares y se le prohibió volver a ponerse al volante, el proceso legal apenas comienza.

De ser hallado culpable y recibir sentencias consecutivas por los cargos presentados, el acusado podría enfrentar una pena acumulada de hasta 30 años en una prisión estatal.

No obstante, para doña Albertina y el resto de la familia Martínez, ninguna condena devolverá la vida al abuelo amoroso y al panadero ejemplar. Sin embargo, exigen que la ley caiga con todo su peso. “Él tiene que pagar por lo que hizo. Dejó a una familia bien adolorida y le quitó el sueño a un hombre que solo quería regresar a estar con su hijo”, concluyó la madre del difunto, con la esperanza de que la justicia traiga un poco de paz a su pérdida.

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