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Gioconda Belli acusa a Rosario Murillo de impulsar el fin del sistema electoral en Nicaragua

En un artículo de opinión en The New York Times, la escritora vinculó la maniobra con una sucesión familiar tras la eventual muerte de Daniel Ortega y con el temor a perder incluso comicios manipulados

Imagen de archivo de la escritora nicaragüense Gioconda Belli durante una entrevista con EFE el 23 de mayo de 2024 en Ciudad de Panamá (Panamá). La escritora y poeta nicaragüense Gioconda Belli, exiliada en Madrid desde 2022, calificó de "magnífica" la solidaridad de España con los intelectuales desterrados de su país por el presidente Daniel Ortega, y condenó la reciente reforma constitucional que convierte a su mujer Rosario Murillo en "copresidenta" de Nicaragua. EFE/ Bienvenido Velasco
Imagen de archivo de la escritora nicaragüense Gioconda Belli durante una entrevista con EFE el 23 de mayo de 2024 en Ciudad de Panamá (Panamá). La escritora y poeta nicaragüense Gioconda Belli, exiliada en Madrid desde 2022, calificó de "magnífica" la solidaridad de España con los intelectuales desterrados de su país por el presidente Daniel Ortega, y condenó la reciente reforma constitucional que convierte a su mujer Rosario Murillo en "copresidenta" de Nicaragua. EFE/ Bienvenido Velasco
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La escritora nicaragüense Gioconda Belli afirmó que Rosario Murillo impulsa el desmantelamiento del sistema electoral en Nicaragua para asegurar una sucesión dinástica y evitar incluso el riesgo de perder comicios manipulados tras la eventual muerte de Daniel Ortega.

La tesis de Belli vincula esa decisión con una reforma promovida en la Asamblea Nacional para extender el mandato presidencial a siete años renovables. La autora interpreta ese paso como parte de un proceso más amplio de desmantelamiento de los derechos civiles y políticos en Nicaragua.

En un artículo de opinión publicado en The New York Times, la escritora sostuvo que el abandono de la fachada electoral no expresa fortaleza, sino fragilidad. “Murillo teme perder incluso unas elecciones amañadas; le asusta aparecer sola en la boleta electoral”, escribió.

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Ese análisis apareció después del discurso que Daniel Ortega pronunció el 19 de julio, durante el 47.º aniversario de la Revolución sandinista. En esa intervención, Ortega declaró abiertamente que las elecciones ya no serían una vía para acceder al poder en Nicaragua.

Pocos días después, Murillo intentó matizar esa definición. Dijo que los procesos electorales continuarían, pero dentro de un nuevo marco normativo concebido para excluir a quienes el oficialismo considera “traidores” y “lacayos imperialistas”.

Caricatura de Daniel Ortega y Rosario Murillo sostienen urnas en un escenario; una multitud con banderas de Nicaragua y pancartas de protesta los rodea.
Daniel Ortega y Rosario Murillo, en caricatura, sostienen urnas electorales frente a una multitud con banderas de Nicaragua que protesta. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Belli sitúa el fin de las elecciones dentro del control del régimen desde 2007

El análisis de la autora ubica este giro en el desmantelamiento institucional que, según su lectura, Nicaragua arrastra desde el regreso de Ortega al poder en 2007. El régimen, señaló, ya ejerce control absoluto sobre el poder judicial, la legislatura, el ejército y la policía.

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Belli, exiliada y despojada de su nacionalidad por la dictadura, recordó además lo ocurrido en el proceso de 2021. Entonces fueron encarcelados los principales precandidatos presidenciales, se expulsó a opositores y se retiró la ciudadanía a cientos de críticos, entre ellos la propia escritora.

La respuesta que plantea su texto es que Murillo busca un sistema sin competencia real. La copresidenta, según Belli, necesita impedir que cualquier adversario llegue a la boleta para garantizar la transmisión del poder sin someterse al veredicto de las urnas.

La autora establece también una diferencia entre ambos líderes del régimen. Mientras Ortega conserva, a su juicio, un vínculo residual con la mitología de la revolución de 1979 que derrocó a la dinastía Somoza, Murillo carece de legitimidad histórica y de popularidad propia.

Esa falta de respaldo explicaría, en parte, la dureza de su estrategia. Citada por el medio, Belli sostuvo que la sociedad nicaragüense percibe a Murillo con recelo y temor, hasta el punto de apodarla “la Chamuca” por su uso constante de simbolismo esotérico.

Combo de fotografías de archivo que muestra al presidente de Nicaragua, Daniel Ortega (i), y su esposa, Rosario Murillo, durante un evento en Managua (Nicaragua). EFE/ ARCHIVO
Combo de fotografías de archivo que muestra al presidente de Nicaragua, Daniel Ortega (i), y su esposa, Rosario Murillo, durante un evento en Managua (Nicaragua). EFE/ ARCHIVO

La escritora describe una purga dirigida a blindar la sucesión de Murillo

Consciente de su impopularidad, Murillo ha apartado de forma sistemática a cualquier figura que pudiera cuestionar su sucesión, advirtió Belli. Esa política, añadió, alcanzó tanto a figuras históricas del sandinismo como a integrantes de la propia familia gobernante.

El caso que la escritora presentó como más revelador fue el del general Humberto Ortega, hermano del presidente. Después de sugerir públicamente que la sucesión debía resolverse por la vía electoral, fue puesto bajo arresto domiciliario hasta su muerte.

Para Belli, ese episodio resume el sentido de la ofensiva actual: no se trata solo de controlar una elección, sino de eliminar la posibilidad misma de que exista una disputa por el poder. En esa lógica, la desaparición de la competencia electoral funciona como garantía de una herencia política cerrada.

“La democracia de Nicaragua, por la que tantos lucharon durante tanto tiempo, muere con su determinación de portar la banda presidencial, cueste lo que cueste”, concluyó la escritora en el artículo citado por medios como Centroamérica 360.

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