Nicaragua, entre la memoria y la imposición: relatos de un 19 de julio dividido

Un excombatiente, una empleada pública y una universitaria exiliada relatan cómo el 19 de julio, antes símbolo de esperanza, se ha convertido en una fecha marcada por la presión oficial y la nostalgia por una revolución que ya no reconocen como propia.

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Hombre de pie en una plaza de Managua rodeado de siluetas translúcidas de personas, bancos vacíos, globos y papeles; al fondo, un edificio con el escudo de Nicaragua.
Pablo afirma que la represión de 2018 cambió su visión del sandinismo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Pablo recuerda la mañana en que, siendo joven, llevaba a sus hijos a la plaza para conmemorar el 19 de julio. “Enseñé a mi familia a celebrar la caída de una tiranía”, cuenta. Durante años, se definió como “sandinista hasta la muerte” y defendió con convicción el legado de la revolución. Sin embargo, su vida cambió tras el regreso de Daniel Ortega al poder y la represión de 2018: “Abrí los ojos y vi que era un tirano. Además, mi esposa y mi hijo sufrieron en carne propia los atropellos de los sandinistas”.

Hoy, Pablo forma parte de los lisiados de guerra y observa la convocatoria de 2026 como “una triste evidencia de la soledad de los tiranos”. Considera que el régimen ya no logra movilizar respaldo genuino y denuncia que muchos participantes deben llevar al menos a dos familiares para llenar los actos oficiales. Aquel 19 de julio que vivía con orgullo se transformó en un recordatorio de pérdida y ruptura, según relató a Confidencial.digital.

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Empleados públicos y el peso de la obligación en los actos oficiales

Mientras tanto, Félix, empleado del Ministerio del Interior, describe julio como “un calvario grande”. Lleva más de doce años trabajando para el Estado y relata que, si no asiste a todas las actividades partidarias, “de inmediato perdería el trabajo”. El mes está marcado por dianas al amanecer, colocación de flores, ferias y caravanas, siempre con la exigencia de mostrar entusiasmo y con la lista de asistencia pasando de mano en mano.

Para Félix, el 19 de julio dejó de ser una celebración y se convirtió en “un día más de trabajo”, donde todo se documenta con fotografías y la participación es obligatoria. Considera que los actos promovidos por el régimen “son una farsa de la historia”, en la que el relato oficial presenta el derrocamiento de Somoza como el fin de todos los males y atribuye a Ortega y Murillo un papel salvador que no comparte, según su testimonio recogido por Confidencial.digital.

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Voces críticas: duelo, traición y memoria fracturada

Lludely Aburto, de la Articulación de Movimientos Sociales, describe esta fecha como un día de “sentimientos encontrados”. Recuerda la promesa de cambio y el fin de “una dictadura asesina y oprobiosa”, pero lamenta que se haya transformado en “otra dictadura asesina”. Para Aburto, Nicaragua debería abrir un debate nacional sobre el significado de la fecha y no perpetuar gobiernos autoritarios, recordando a “más de 50,000 muertos” y el dolor que sigue vigente.

Ilustración de una persona sin rostro caminando por una avenida con edificios, escudos de Nicaragua, guirnaldas rotas, globos y carteles de 'julio'.
Lludely Aburto plantea que Nicaragua debe debatir el significado del 19 de julio ante la memoria de más de 50,000 muertos y la persistencia del autoritarismo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La exguerrillera e historiadora Dora María Téllez sostiene que el régimen “ha vaciado de contenido” el 19 de julio y lo utiliza para “llenar de elogios a los tiranos”. Critica la falta de una memoria histórica compartida que represente identidad ciudadana y advierte que fechas como esta pueden terminar siendo “un feriado más” si no se construye una memoria nacional basada en avances democráticos y la inclusión de sectores marginados.

Para Diana Silva Carballo, universitaria exiliada tras estudiar Matemática en la UNAN-Managua, julio dejó de ser solo un feriado. Después de la represión de la Operación Limpieza en 2018, el mes se asocia para ella con duelo y migración. Afirma que la revolución fue “robada” y que Ortega y Murillo convirtieron la conmemoración en una celebración partidaria, aunque insiste en que la fecha no debe olvidarse y debe resignificarse en el futuro.

La oposición denuncia el culto a la personalidad y el desapego social

El abogado Juan Diego Barberena, de la Unidad Nacional Azul y Blanco, asegura que el 19 de julio perdió su sentido de cambio político y ahora es solo una actividad “estrictamente familiar” dedicada a la familia Ortega-Murillo. Desde 2018, el oficialismo recurre a jóvenes influencers para simular respaldo popular ante la falta de militancia y el descontento interno, según declaraciones recogidas por La Prensa.

Caricatura de una figura humana de espaldas y un edificio institucional monumental con el escudo nacional de Nicaragua, proyectando una larga sombra.
El régimen sandinista anunció para 2026 pantallas en cada municipio y un acto reducido en la Plaza de la Fe por el desgaste del FSLN y el rechazo social. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El periodista exiliado Gerall Chávez, de Nicaragua Actual, señala que el actual contexto de represión, “significa la perpetuación del luto y del exilio” para muchos nicaragüenses. Describe la ceremonia como “un culto a la personalidad” reservado al círculo cercano del poder, y observa que este año la atención pública estará más puesta en la final del Mundial que en los actos oficiales. En su visión, la fecha dejó de recordar la caída de los Somoza para convertirse en símbolo de duelo, migración y represión.

Cambios en el formato y pérdida del símbolo histórico

En 2026, el régimen sandinista anunció que instalará pantallas en cada municipio y mantendrá un acto reducido en la Plaza de la Fe, transmitido en cadena nacional. Desde 2019, estas ceremonias sustituyen las antiguas concentraciones masivas de la Plaza de la Revolución. Rosario Murillo afirmó ante medios oficialistas que la jornada incluirá desfiles en la mañana y reuniones por la tarde, después de la final del Mundial de Fútbol: “Vamos a estar reunidos desde las plazas municipales y desde la Plaza de la Fe, congregados, celebrando la paz”.

La decisión de modificar el formato, según reportes de Confidencial.digital, responde al desgaste del Frente Sandinista de Liberación Nacional y al rechazo social. El 19 de julio, que hace 47 años representó el fin de la familia Somoza, hoy divide a la sociedad entre quienes apoyan al oficialismo y quienes ven la conmemoración como muestra de “una nueva dictadura”.

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