
El bullicio del barrio Escalante queda lejos al cruzar la puerta de Casa Calala. Dentro, el aire cambia: el aroma a café se mezcla con el verde de las plantas, y siempre hay mesas donde alguien invita a sumarse a la conversación. Así imaginó Jopsan Espinoza este espacio, un sitio donde hasta los desconocidos pueden sentirse en casa.
Todo comenzó cuando Espinoza, migrante nicaragüense, llegó a Costa Rica en 2018, con dieciocho años y la palabra “calala” en la memoria, nombre que en su país se le da al maracuyá. Primero surgió el club de trueque “Calala Plantas”, donde quienes extrañaban sus raíces se reunían para intercambiar esquejes y anécdotas en espacios prestados. Pero la comunidad creció y, en noviembre de 2025, la necesidad de una sede propia se volvió inevitable.
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El salón principal de Casa Calala puede recibir hasta treinta personas; si se aprovechan todos los rincones, caben entre cincuenta y sesenta, según detalló Espinoza a Confidencial.digital. Actualmente, el espacio abre de jueves a domingo por la tarde, en un horario que su fundador considera temporal. Espinoza siempre quiso que nadie cruzara la puerta solo para consumir un producto o asistir a una actividad: su meta era que todas las personas sintieran pertenencia. “La idea es construir un hogar fuera del hogar”, explicó, recordando su propia experiencia como migrante.
El ambiente está marcado por plantas, un jardín central que aísla del ruido urbano y rincones donde las mesas se unen espontáneamente. Para Espinoza, la idea era recrear la calidez de una sala familiar y fomentar la convivencia, replicando la sensación de estar en casa. Esa visión se refleja en cada detalle y en la forma en que los visitantes establecen lazos, incluso entre desconocidos.
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Un espacio construido con esfuerzo migrante y apoyo familiar
Levantar Casa Calala no fue sencillo. Espinoza estudió trabajo social y completó una beca técnica en administración gastronómica antes de entrar al sector de restaurantes en San José. En 2025, renunció a su empleo con la idea de descansar, pero en solo dos meses ya había encontrado el local que daría forma a su proyecto. La financiación salió de sus ahorros, la liquidación y el apoyo de su madre, quien se convirtió en socia.

El proceso incluyó largas esperas por trámites migratorios y administrativos. Como refugiado en Costa Rica, Espinoza pasó meses renovando su Dimex, el documento de residencia, lo que le impidió solicitar permisos y abrir cuentas bancarias a tiempo. “Fueron meses de pega burocrática”, relató. El proyecto es, en esencia, el resultado de superar esas barreras con recursos propios y el respaldo familiar.
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Desde el inicio, la programación de Casa Calala incluyó actividades culturales y comunitarias. Se construyó una huerta junto a amigos de las primeras etapas, cuyos ingredientes hoy nutren bebidas naturales, infusiones y repostería artesanal. La carta gira en torno al café, las bebidas frías y calientes, y la repostería de fin de semana. Los platos fuertes se preparan solo bajo reserva y se adaptan a cada evento: refrigerios saludables para talleres de yoga, almuerzos completos para reuniones de trabajo.

El espacio ha albergado talleres de cerámica y fotografía impartidos por costarricenses, nicaragüenses y hondureños, así como noches de DJ con cenas compartidas. Otros emprendimientos gastronómicos, como La Gigantona, encontraron en Calala una nueva oportunidad para reconectar con su clientela. Entre las actividades mensuales destaca “Cenar Comunidad”, donde no hay mesas reservadas y la propuesta es compartir la charla con personas desconocidas. Según relató Espinoza a Confidencial.digital, la idea es ofrecer un ambiente tranquilo, silencioso y de amistad, donde socializar esté al alcance de todos.
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Casa Calala es un refugio forjado por la migración, los afectos y la voluntad de construir comunidad más allá de las fronteras. Espinoza invita a quienes buscan un ambiente tranquilo y amistoso a cruzar la puerta y sumarse a la experiencia de un hogar reinventado, donde cada encuentro demuestra que el arraigo también puede florecer lejos del origen.
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