
Gabriela describe cómo la mayor presencia de importados, la imprevisibilidad de los tiempos de tránsito internacional y la necesidad de flexibilidad permanente redefinen la gestión logística del sector: “nunca podés basar tu abastecimiento en una única fuente, porque si algo falla te quedás sin stock, y eso es lo que no te puede pasar”.
¿Cómo está cambiando la industria de indumentaria en la Argentina frente a una mayor presencia de productos importados?
Estamos viendo un cambio de paradigma. Después de tantas décadas con el país cerrado a actores del exterior, ahora hay una apertura que implica también el tema de la importación, y están llegando marcas de todos los segmentos: desde las premium hasta las de segmento medio y las grandes cadenas internacionales. Igual sigue habiendo desarrollos argentinos, tanto en indumentaria como en blanquería.
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Para competir en ese escenario hay que definir bien a quién le estás vendiendo, porque no todas las marcas tienen la misma estrategia. Hay que segmentar geográficamente el país: pensar solo desde Buenos Aires es un error, porque en el interior la realidad es totalmente distinta y no siempre da sostener la misma oferta de marcas que en un shopping porteño.
¿Qué impacto tienen los plazos de producción y transporte internacional a la hora de planificar una colección?
En cualquier negocio de indumentaria conviven prendas de diseño, básicas y de temporada. Un abrigo pesado se piensa para mayo o junio, pero si se retrasa la llegada del frío y hay veinte grados en pleno junio, ese abrigo no se vende. Por eso la gestión de stock es clave, tanto para el abastecimiento como para la venta y la distribución.
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No es una planificación lineal: hay que tener un plan, pero también mucha flexibilidad y una estructura que permita responder ante cambios inesperados. La estacionalidad marca la tendencia, pero además hay que segmentar por clima y por región, igual que sucede en cualquier mercado del mundo.
¿Cómo se administra el abastecimiento cuando la moda exige velocidad y renovación constante?
El costo financiero de mantener stock es alto, así que la clave está en la planificación, no en acumular. Nunca podés basar tu abastecimiento en una única fuente, porque si algo falla te quedás sin stock, y eso es lo que no te puede pasar. Siempre hay que tener varios planes alternativos, porque el mundo es muy cambiante.
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Según datos de la Cámara de Indumentaria, entre enero y junio de este año las importaciones crecieron un 65% en volumen a nivel país, aunque en facturación el aumento fue de entre 30% y 35%. Eso muestra una mayor afluencia de importados, en parte porque el sector busca bajar precios y darle más dinámica a los locales y al ecommerce.
¿Qué volatilidad enfrenta hoy la logística internacional del sector?
Gran parte de la producción de esta industria está a 20.000 kilómetros de distancia, y en el medio pasan muchas cosas: en los últimos seis años ya tuvimos una pandemia que cambió por completo el escenario de la logística internacional a nivel global.
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Antes sabía que un barco llegaba entre 32 y 42 días, con una salida semanal previsible. Hoy siguen anunciando esa salida semanal, pero siempre aparece un imprevisto: un tifón, falta de equipos, cargas reasignadas o un barco que omite el puerto de embarque por exceso de demanda de espacio.
Los tiempos se volvieron muy difíciles de planificar y hasta de predecir. Por eso la clave es la flexibilidad: el comercio exterior tiene cambios constantes, incluso desde la política, con aperturas y cierres que se alternan. Hay que estar permanentemente adaptándose, y que todo el equipo entienda que las cosas no se hacen siempre de la misma manera.
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¿Qué es lo que más te atrapa del comercio exterior de indumentaria?
Que nunca te aburrís. Hace un tiempo estaba mucho más enfocada en la parte documental y bancaria, porque los bancos exigen estar muy atento a toda la documentación, hasta a las comas. El despacho de aduana también dejó de ser una traba como antes: hoy ya no es el foco principal de la operación.
Ahora puedo enfocarme más en el negocio en sí: cómo bajar costos de logística, cómo lograr que las cargas lleguen más rápido, cómo cerrar mejor con los proveedores y cómo hacer que todo sea más eficiente. Cuando cambia un paradigma de forma tan radical como esta apertura importadora, aparecen muchas cosas nuevas para trabajar, como revisar costos de almacenamiento o definir mejor qué conviene traer.
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Para quienes hoy están decidiendo qué estudiar o hacia dónde orientar su carrera, ¿qué mensaje les dejarías?
Con el comercio exterior siempre vas a tener trabajo, porque abarca muchas más ramas de las que se cree: logística internacional, logística local, despacho de aduana. Es una actividad muy abarcativa, y una vez que estás adentro podés elegir en qué especializarte. Siempre vas a encontrar algo que te guste.
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