
“Podés salir a buscar y, si le ponés ganas, lo conseguís”. Con esa mirada sobre el comercio exterior, Nina recorre los cambios en las cadenas de suministro globales, los obstáculos concretos que frenan a las empresas argentinas que buscan internacionalizarse y las claves para dar los primeros pasos sin quemarse en el intento.
¿Qué cambios estás observando en las cadenas de suministro globales?
Últimamente han habido muchos cambios y hay muchos factores que los produjeron. Uno de los que más noto a nivel global es que se están buscando contratos y negocios más flexibles. El contrato rígido de cumplimiento muy estricto se le está complicando a todo el mundo. Por ejemplo, cuando Estados Unidos decidió subir aranceles de un día para el otro, si tenías un contrato muy rígido te complicaba en serio.
Lo mismo pasa con los tiempos de tránsito: hoy nadie puede asegurar que tu mercadería llegue en un tiempo exacto. Hay factores que se pueden prever y otros que no, como una guerra que de repente traba toda una región y demora todo.
También se está buscando algo más regional. Algunas empresas prefieren pagar un poco más y mover la carga cerca, en lugar de venir de China con toda la incertidumbre que eso implica hoy. Los fletes desde allá suben y bajan, y es muy difícil saber cuánto vas a pagar el mes que viene. Lo que antes era solo una cuestión de precio, ahora también pasa por la seguridad operativa.
¿Cuáles son los principales obstáculos que enfrentan las empresas cuando intentan salir al comercio internacional?
El comercio internacional tiene muchos pasos y muchos participantes. En Argentina, para mí el principal obstáculo es el tipo de cambio. Cuando importás, hoy calculás que te va a salir tanto, pero cuando llega la mercadería no sabés a qué tipo de cambio vas a estar ni si vas a poder pagar. Y encima hay un montón de tipos de cambio en la operativa: el de aduana, el que podés girar, el de las marítimas. Para alguien que recién empieza, entender eso es un obstáculo real.
Para exportar, el problema es el tipo de cambio al que se liquidan las divisas, que no acompaña la inflación. A eso sumale las retenciones: salís a competir pagando extra para vender tu mercadería afuera, cuando Brasil no hace eso. Por suerte se redujo la lista de productos con derechos de exportación, y el año pasado se eliminaron retenciones para más de 4.000 productos. Se está trabajando para mejorar las condiciones, pero todavía falta.
¿Y qué pasa con el acceso al crédito para importar?
Es otra traba grande, sobre todo para pymes. Argentina estuvo en un momento en que no pudo pagarle a los proveedores del exterior, así que ya entramos con alerta. Ningún proveedor del mundo te va a dar crédito de entrada. Y si en Argentina no podés pagar anticipado, tenés un problema serio: nadie te vende si no podés garantizar el pago.

Las pequeñas empresas encuentran esa pared y tienen que buscar la manera de conseguir que alguien las ayude a girar desde afuera. Es muy difícil construir un negocio así. Hoy los dos obstáculos más grandes son el tipo de cambio variable y el cepo, que no deja mucho margen de negociación.
A pesar de todo eso, ¿qué es lo que más te atrae del sector?
Lo interesante de comercio exterior es que tenés todo el mundo como cliente o proveedor. Podés salir a buscar y, si le ponés ganas, lo conseguís. Eso es garantizado. Lo que les recomiendo a cualquier empresa o persona que empiece es que se asesore bien. Es crucial. Un buen asesoramiento te ahorra tiempo, plata y disgustos.
Y otro consejo, sobre todo para los que recién arrancan: no se vayan tan lejos de entrada. Empezá con algo cercano, Uruguay, Chile, algún país que hable el mismo idioma y al que te puedas acercar fácilmente. Es un aprendizaje con muchos pasos, y cuanto más familiarizado estés con el destino o el origen, más simple se hace la operativa. Después, con experiencia, llegás más lejos.
¿Cómo ves el momento actual para quien quiere dar ese primer paso?
Estamos en un buen momento para salir al comercio exterior, sobre todo para empresas que recién comienzan. Se trabajó mucho el año pasado para allanar el camino. Falta muchísimo todavía, en particular todo lo que tiene que ver con el cepo y los tipos de cambio. Pero en cuanto a trámites, organismos y respuestas del Estado, está todo mucho mejor. Los trámites salen rápido, se redujo la cantidad de pasos en un montón de organismos.
Es un buen momento para acercarse, investigar, preguntar qué te van a pedir si querés exportar algo. Están respondiendo en tiempo y forma. Mientras se siga allanando el camino, me parece que hay una oportunidad real para empezar, por lo menos, a averiguar.
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