Desde Córdoba.— El humo negro se eleva sobre la esquina de Alem y Rancagua, en el barrio General Mosconi, en Córdoba. Sale de una pila de neumáticos, madera y cartón que algunos vecinos prendieron fuego y van alimentando de a poco. A unos metros, se observa la presencia de patrulleros. El despliegue policial es amplio, pero por el momento no hay disturbios.
Son cerca de las 18.30 del sábado y hace poco más de dos horas que se confirmó la noticia que nadie quería escuchar. Agostina Vega está muerta, la mataron: sus restos aparecieron en un descampado después de dos días de rastrillaje.
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Aunque la adolescente de 14 años llevaba siete días desaparecida, entre sus familiares, vecinos y amigos todavía sobrevivía una esperanza de encontrarla con vida. El hallazgo de sus restos transformó la angustia en bronca.

A medida que la noticia comenzó a circular por Córdoba, cada vez más personas llegaron hasta la casa familiar de la adolescente, sobre la calle Alem al 3700. Muchos todavía llevaban en las manos los mismos carteles que habían utilizado durante las marchas de los días anteriores. “¿Dónde está Agostina?”, decía uno. “Que aparezca ya”, reclamaba otro. “Seguimos buscando a Agostina Vega”, se leía en otro.
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Dentro de la vivienda el clima es devastador. Familiares lloran, se abrazan y se lamentan. “Nadie nos escuchó. No hicieron nada. Cuánto se tardaron”, reprochó una tía de la menor.
Afuera del domicilio, mientras tanto, la bronca popular comienza a expandirse. Ya no apunta únicamente contra Claudio Barrelier, hasta ahora, el único detenido por el crimen. También alcanza a la policía y a las autoridades provinciales. “Quinteros hijo de puta”, gritan algunos en referencia al ministro de Seguridad de Córdoba. Otros reprochan la actuación policial durante la búsqueda y la presunta demora en declarar la Alerta Sofía. “Les importó más un partido de fútbol que la desaparición de una chica”, se queja una vecina. “El ministro ya tendría que haber renunciado”, agrega. “Vamos a prender fuego todo”, siguen.
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Por precausión, algunos comerciantes de la zona deciden bajar las persianas de sus locales antes de tiempo.

La madre de Agostina no está presente. Según explicó su abogado, Carlos Nayi, Melisa Heredia sufrió una fuerte descompensación y fue trasladada a un centro de salud. “Está en terapia intensiva, con un cuadro de deshidratación severa, hipertensión y algunas complicaciones orgánicas. Todavía no conoce la noticia oficial”, detalló el letrado.
Muchos de los que están ahí se autoconvocaron. Ya lo habían hecho los días previos para acompañar el reclamo de la familia en plena búsqueda de la joven. “Tenemos el corazón roto”, dice una mujer que se acercó junto a otras madres del barrio. “Estamos acá por solidaridad. Como dice el dicho: ‘Hoy por tí, mañana por mí’. Todos tenemos hijos”, explica. “Sí, somos una comunidad”, responde otra.
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También están los compañeros de colegio de Agostina, algunos todavía llorando después de haberse enterado de la noticia por televisión. “Agos era buena onda; medio quilombera, pero buena onda”, la describe uno de los chicos. “Haya sido lo que haya sido, no merecía morir. Tenía 14 años, toda la vida por delante”, agrega otra.
Sobre la vereda del comicilio de Agostina improvisaron un altar y encendieron velas para honrar a la adolescente
Con el correr de los minutos, el nerviosismo escala. Cerca de las 19.30, el fiscal Raúl Garzón y el ministro de Seguridad Juan Pablo Quinteros brindan una conferencia de prensa para informar los avances de la investigación. Pero las explicaciones que ofrecen no alcanzan para calmar los ánimos. La tensión que se percibe en las calles también se traslada dentro del recinto. Garzón rechaza cuestionamientos sobre la investigación y mantiene varios cruces con periodistas que le preguntan por la búsqueda de la adolescente y las medidas adoptadas durante los siete días que permaneció desaparecida.
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Ya entrada la noche, decenas de vecinos se movilizaron hasta el Destacamento Policial Juan Pablo II, ubicado a pocas cuadras de la casa de Agostina. Allí se produjeron los primeros incidentes. Algunos manifestantes arrojaron piedras contra el edificio. La policía respondió con disparos de balas de goma y gases lacrimógenos. Hubo corridas, gritos y momentos de descontrol.

En medio de ese escenario apareció el abuelo de Agostina, Miguel Heredia, que no pudo contener el llanto frente a las cámaras. “No esperaba esta noticia, es la peor que pudimos recibir en nuestra vida”, dijo con la voz quebrada. “Voy a seguir marchando hasta que tenga la justicia que necesita mi nieta. A mi nieta me la mataron. Quiero que caigan todos los que tengan algo que ver con su muerte”, siguió.
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La noche avanza sobre Córdoba y el humo sigue cubriendo parte de la avenida. La ciudad que durante una semana pidió que Agostina apareciera con vida ahora exige respuestas.
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