Comercio exterior en la industria textil: planificación, tecnología y un rol transversal

Fernanda Ibarra, manager de comercio exterior y purchase order, examina la evolución del intercambio internacional y los retos vinculados a la organización en un contexto cambiante

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Fernanda Ibarra
Fernanda Ibarra es manager de comercio exterior y purchase order (Foto: Movant Connection)

Al referirse a los cambios en la dinámica del sector textil, Fernanda comenta que “aparece el concepto de ‘carry over’, donde los productos pueden mantenerse vigentes durante más tiempo, incluso hasta un año”. En esta entrevista, aborda la actualidad del segmento, las complejidades en la gestión diaria y las capacidades requeridas para actuar en un escenario en constante cambio.

¿Cómo describirías la actualidad del comercio exterior?

Actualmente, el comercio exterior atraviesa un proceso de transformación muy marcado. Dejó de ser una operación meramente logística para convertirse en una función transversal dentro de las compañías.

En la práctica, eso significa que ya no se trata solo de coordinar embarques o gestionar documentación. Hoy el comex está directamente vinculado con finanzas, con la planificación comercial y con toda la cadena de abastecimiento.

Esto desafía mucho el rol de los equipos. Ya no alcanza con saber de normativa o de operatoria. También hay que entender los marcos regulatorios para acceder a pagos internacionales, interpretar la planificación de ventas para asegurar que el producto llegue en tiempo y forma, y al mismo tiempo optimizar costos.

Es un rol mucho más integral, con mayor exposición dentro de la organización y con impacto directo en la toma de decisiones.

¿Cómo impacta esto en la industria textil?

En la industria textil, particularmente en la experiencia que tengo, el abastecimiento puede ser dual. Es decir, conviven producción local e importaciones. El abastecimiento local aporta flexibilidad, cercanía con el mercado y capacidad de reacción. En cambio, lo importado permite acceder a mayor escala, mejor tecnología y, en muchos casos, mejor calidad de producto. Ese mix es lo que hoy le da valor a la industria. Permite ofrecer un producto más competitivo al consumidor.

Ahora bien, es un sector que viene atravesando un momento complejo a nivel local. Históricamente, es una industria que cae rápido cuando hay crisis, pero también es de las primeras en recuperarse.

En los últimos meses empezamos a ver algunos signos de reactivación. Entonces es un momento para consolidar, para ser más eficientes en la producción, en el abastecimiento y, sobre todo, para estar muy atentos a la demanda, que es donde todavía hay margen de mejora.

¿Cuáles son los principales desafíos en la operatoria diaria?

El principal desafío es la anticipación. En comercio exterior, todo lo que se decide hoy impacta en el futuro. Entonces es clave anticiparse no solo a la operación logística, sino también a los marcos regulatorios.

Por ejemplo, si voy a importar, tengo que asegurarme de que voy a poder acceder al pago en el momento correspondiente. Y si voy a exportar, tengo que entender cómo voy a liquidar esos ingresos.

En ese sentido, hoy estamos en un proceso de mayor agilidad operativa. Se ha facilitado la interacción con los bancos y eso mejora bastante la gestión diaria. De todas formas, sigue siendo un entorno desafiante, donde hay que estar muy atento a los cambios y tomar decisiones con mucha información.

¿Cómo juega la estacionalidad en el rubro textil?

La estacionalidad siempre fue un factor clave en la industria textil, pero está cambiando. Tradicionalmente, se trabajaba en ciclos muy marcados de seis meses. Cada temporada implicaba prácticamente empezar de cero.

Hoy eso empezó a modificarse. Aparece el concepto de “carry over”, donde los productos pueden mantenerse vigentes durante más tiempo, incluso hasta un año. Esto tiene varias ventajas. Permite trabajar con mayor volumen, mejorar costos y tener un abastecimiento más estable.

Además, reduce el riesgo de quedar desfasado en términos de tiempo. Antes, si un producto llegaba tarde, el impacto era mucho mayor. Hoy hay más margen para absorber esos desvíos.

En el caso de las marcas deportivas, esto se ve mucho. Quizás en moda más tradicional sigue habiendo más rotación, pero incluso ahí también hay una tendencia a flexibilizar los ciclos.

¿Cómo influyen los cambios en el consumo?

Influyen muchísimo. Un ejemplo claro es el cambio climático. Hoy estamos viendo que las temperaturas son más elevadas y eso impacta directamente en el tipo de productos que se demandan.

Cada vez se compra menos abrigo y más indumentaria liviana. Eso obliga a replantear las colecciones, los volúmenes y la planificación de compras. También se ve en los materiales. Hay productos que antes no tenían tanta presencia y hoy están mucho más instalados. Todo esto requiere una lectura muy fina del mercado para poder ajustar el abastecimiento.

industria textil
Refiriéndose a la actualidad de industria textil, Fernanda comenta que "en los últimos meses empezamos a ver algunos signos de reactivación. Entonces es un momento para consolidar, para ser más eficientes en la producción, en el abastecimiento y, sobre todo, para estar muy atentos a la demanda, que es donde todavía hay margen de mejora" (Foto: Shutterstock)

¿Qué tendencias ves en el segmento deportivo?

En el segmento deportivo hay una tendencia muy clara hacia la tecnología aplicada al producto. El consumidor ya no busca solo diseño o precio. Busca funcionalidad.

Por ejemplo, una remera de algodón deja de ser suficiente para alguien que corre. Hoy se buscan materiales que sequen rápido, que no retengan humedad, que sean más livianos o que tengan zonas específicas con ventilación.

Lo mismo pasa con el calzado o incluso con accesorios. Hay desarrollos que buscan mejorar el rendimiento desde distintos puntos, incluso desde elementos que antes no se consideraban tan relevantes. Esto eleva el estándar del producto y obliga a las empresas a estar a la altura, tanto en calidad como en precio.

¿Qué habilidades son clave para trabajar en comercio exterior hoy?

Para mí, la principal habilidad es la adaptación. El comercio exterior siempre fue dinámico, pero hoy lo es aún más. Lo que funcionaba hace tres meses puede dejar de funcionar hoy. Entonces es fundamental poder adaptarse rápidamente a los cambios, entenderlos y comunicarlos.

También es clave la empatía. Hay que interactuar con proveedores, forwarders, bancos, equipos internos, muchas veces en distintos países y culturas. Saber leer esos contextos es fundamental.

Por otro lado, el conocimiento técnico sigue siendo importante, pero ya no alcanza por sí solo. Hay que entender de finanzas, de planificación comercial, de abastecimiento. El comercio exterior es transversal. Y cuanto más integral sea la mirada del profesional, mejores decisiones va a poder tomar.

¿Cómo ves el futuro del sector?

Soy optimista. En los últimos meses se han avanzado acuerdos comerciales importantes que pueden abrir oportunidades. Hay negociaciones que llevan muchos años y que empiezan a concretarse. Además, el contexto global está cambiando y eso también genera nuevas posibilidades.

Argentina tiene capacidad productiva, talento y recursos. Si se logra cierta estabilidad en lo regulatorio y en lo cambiario, creo que hay una oportunidad real de integrarse mejor al comercio global. El desafío es grande, pero el potencial también lo es.

Para cerrar, ¿qué reflexión te gustaría compartir?

Creo que el comercio exterior está empezando a tener un rol más protagónico en Argentina. Durante muchos años fue un área más secundaria, pero hoy está ganando visibilidad y relevancia. Es una actividad muy dinámica, muy desafiante y, en lo personal, es algo que realmente disfruto. Hay mucho por hacer y mucho por profesionalizar en distintas industrias.