Los costos del transporte de carga en Chile crecen con el nuevo precio del diésel

Transportistas advierten sobre el impacto de la suba del diésel en los costos operativos y estiman que el incremento puede llegar a un 25% en cada eslabón de la cadena logística

Guardar
La Confederación Nacional de Dueños
La Confederación Nacional de Dueños de Camiones estimó que ese ajuste se trasladará entre un 20% y un 25% a cada eslabón de la cadena, entre el productor inicial y el consumidor final (Foto: Shutterstock)

El transporte por carretera sostiene casi en su totalidad la distribución de mercancías en Chile. A diferencia de otros países de la región, la infraestructura logística nacional opera con una presencia ferroviaria muy limitada para la carga, lo que concentra en el camión la responsabilidad de conectar los polos productivos del norte, el centro y el sur del país.

Esa configuración convierte al diésel en el insumo central de toda la cadena. Cuando su precio se mueve, el impacto no se limita al flete: recorre cada etapa del proceso logístico, desde la salida del centro de producción hasta la entrega al punto de venta o al consumidor final.

Un ajuste que recorre toda la cadena

El gobierno chileno anunció que, a partir del próximo jueves, el precio del diésel subirá un 62% y el de la gasolina alrededor del 32%. Se trata de la segunda mayor suba histórica en el país, impulsada por el encarecimiento global del petróleo en un contexto de tensión en Oriente Medio.

La Confederación Nacional de Dueños de Camiones estimó que ese ajuste se trasladará entre un 20% y un 25% a cada eslabón de la cadena, entre el productor inicial y el consumidor final, con el correspondiente impacto inflacionario. El dato incluye el flete de larga distancia, la distribución regional y el abastecimiento de localidades donde el camión opera sin sustituto.

El gremio señaló que advirtió a las autoridades sobre las consecuencias de un ajuste de esta magnitud y aconsejó aplicarlo con gradualidad. Posteriormente, anticipó que evaluará acciones futuras y advirtió que las tarifas de flete deberán ajustarse para reflejar la nueva estructura de costos.

Sin red ferroviaria como alternativa

El impacto se amplía por una condición estructural del sistema logístico chileno: la ausencia de una red ferroviaria de carga funcional en la mayor parte del territorio. En países como Argentina, Brasil o México, el ferrocarril opera como alternativa real para el movimiento de granos, minerales y otros commodities, especialmente cuando los costos del camión se encarecen.

En Chile, esa posibilidad no existe en el corto ni en el mediano plazo. Los corredores de mayor flujo —los que conectan los puertos del norte con las zonas mineras, o los que articulan la zona central con el sur agroindustrial y forestal— dependen de manera exclusiva del transporte carretero.

A diferencia de otros países
A diferencia de otros países de la región, la infraestructura logística chilena opera con una presencia ferroviaria muy limitada para la carga, lo que concentra en el camión la responsabilidad de conectar los polos productivos del norte, el centro y el sur del país (Foto: Shutterstock)

Esa dependencia deja al sistema sin válvula de escape ante shocks en el precio del combustible. No hay modo de reasignar volúmenes a otra vía más eficiente en consumo energético. El ajuste tarifario, en ese contexto, se vuelve inevitable y de alcance transversal para todos los sectores que utilizan transporte terrestre.

Medidas que van más allá del transporte de carga

El gobierno acompañó el anuncio con medidas de compensación orientadas principalmente al transporte de pasajeros. Entre ellas, un subsidio mensual de alrededor de 110 dólares para taxis y colectivos por hasta seis meses, y una línea de crédito para renovación de flota con foco en la electromovilidad.

Sin embargo, el transporte de carga no cuenta con mecanismos específicos dentro del paquete oficial. El gremio del sector calificó las iniciativas como insuficientes y señaló que la ausencia de medidas orientadas a los operadores de carga terrestre deja expuesta a toda la cadena de distribución ante el nuevo escenario de costos.

El efecto no se limitará a los contratos entre transportistas y tomadores de carga. Productos de consumo masivo, alimentos frescos, insumos industriales y materiales de construcción registrarán incrementos que variarán según el peso del flete en su valor total y la capacidad de cada sector para trasladar o absorber el costo.

El escenario refuerza una discusión que el sector logístico chileno arrastra desde hace años: la necesidad de diversificar su matriz de transporte. El desarrollo de infraestructura ferroviaria para carga, la incorporación de vehículos eléctricos en flotas de distribución urbana y la optimización en la gestión de rutas y cargas son los ejes que aparecen como respuesta estructural ante la exposición a la volatilidad del precio del petróleo.