
El comercio exterior en la industria farmacéutica atraviesa una etapa de cambios, donde la desregulación convive con desafíos operativos que impactan directamente en los tiempos y costos. En ese contexto, la logística se vuelve un factor determinante para garantizar la disponibilidad de productos. Como señala Martín, “la logística va de la mano con el comercio exterior”, reflejando el nivel de integración que exige esta industria.
¿Cómo describís la actualidad del comercio exterior en la industria farmacéutica?
Hoy la industria farmacéutica, como muchas otras, está atravesando una etapa de cambios constantes. En comercio exterior siempre decimos que estamos en movimiento, a veces para un lado y a veces para el otro.
En este momento hay un foco claro en la desregulación, en tratar de sacar trabas y hacer que el comercio fluya un poco más, con menos burocracia. Eso en el mediano plazo debería ser positivo, pero en el corto trae algunos problemas.
Cada cambio normativo tiene su período de adaptación. Sale la norma, pero hasta que se implementa completamente y se resuelven todas las aristas, lleva tiempo. En ese proceso aparecen grises, ajustes y también dificultades operativas.
Además, hay temas que no cambiaron e incluso empeoraron. Por ejemplo, los tiempos de liberación en aduana o los turnos en terminales para verificar mercadería. Eso hoy genera demoras, costos adicionales y problemas para mantener el abastecimiento.
En ese contexto, ¿cómo se planifica el abastecimiento para evitar quiebres de stock en productos críticos?
Ahí no interviene solo comercio exterior, sino toda la cadena de supply chain. Es un trabajo conjunto, sobre todo con el área de planificación. Planificación tiene que recopilar información de distintas áreas: ventas, marketing, producción o incluso licitaciones o lanzamientos que puedan alterar la demanda habitual. Es clave que supply chain esté integrado en esas conversaciones y no trabaje de forma aislada.
Después entra finanzas, que muchas veces pone límites sobre cuánto stock tener para no inmovilizar capital. Y otro punto muy importante es la parametrización en los sistemas. Hoy, para evitar sorpresas, necesitás tener bien configurados los productos: tiempos de reposición, vencimientos, lotes, impacto financiero. Esa información permite tener una curva de stock más sana y tomar decisiones más precisas.
¿Qué desafíos logísticos diferencian a la industria farmacéutica de otras?
La cadena de frío y la trazabilidad son dos grandes diferenciales. Estamos trabajando con productos que requieren un nivel de calidad más alto que el promedio. Hay productos de temperatura ambiente, pero muchos requieren temperatura controlada, incluso en distintos rangos.
Eso reduce la cantidad de proveedores con los que podés trabajar, porque no todos tienen la capacidad o la tecnología necesaria. Los que sí pueden hacerlo suelen ser más caros y además hay menos disponibilidad, tanto en almacenamiento como en transporte. Eso te obliga a planificar con más anticipación.
A su vez, toda la cadena tiene controles muy estrictos. Por ejemplo, los embarques incluyen dispositivos que registran la temperatura durante todo el trayecto. Si hay un desvío, interviene el área de calidad para analizar si el producto sigue siendo apto. En el peor de los casos, si ese desvío afecta al producto, puede implicar la destrucción del embarque. Eso genera costos, faltantes y la necesidad de reponer de urgencia.

Para quienes no están en el sector, ¿cómo explicarías estos dispositivos de control de temperatura?
Son dispositivos, conocidos como dataloggers, que viajan junto con la mercadería. Registran la temperatura desde el momento en que se acondiciona el producto hasta que llega a destino.
Cuando se abre el embarque, el dispositivo se activa automáticamente y la información queda registrada. Eso permite ver toda la curva de temperatura del viaje. Si hubo desvíos, se puede analizar cuánto duraron y si impactan en la calidad del producto. Es una herramienta clave para asegurar que lo que llega al paciente está en condiciones.
¿Hay productos o situaciones que resulten más complejas de lo que parece a simple vista?
Sí, muchas veces pasa con productos que parecen simples, como repuestos. Uno pensaría que son más fáciles de importar, pero no siempre es así. En algunos casos, la complejidad está en cómo está clasificado el producto o en la información que se requiere a nivel global. Puede haber diferencias entre cómo se registra localmente y cómo está definido en origen.
Eso hace que tengamos que buscar información adicional que no está disponible en el packing o en la documentación inicial. Y ese proceso termina siendo más largo y complejo de lo esperado.
El problema es que esos repuestos muchas veces son críticos. Sin esa pieza, no podés instalar un equipo o un hospital no puede operar correctamente. Entonces el impacto es directo.
¿Qué cambios estructurales ves para el comercio exterior farmacéutico en los próximos años?
Creo que uno de los principales ejes va a ser la reducción de costos. Es algo que atraviesa a todas las industrias, pero en la farmacéutica está tomando cada vez más relevancia.
Eso va de la mano con procesos de regionalización. Muchas empresas están evaluando instalar centros productivos o de distribución en regiones más cercanas para reducir tiempos y costos logísticos.
También veo un rol cada vez más fuerte de la tecnología y la inteligencia artificial, sobre todo en planificación. La posibilidad de aprender del histórico y ajustar mejor los niveles de stock va a ser clave para evitar excesos y faltantes.
Y por otro lado, el trabajo conjunto del sector también va a ser importante. Las empresas están cada vez más alineadas para presentar posiciones comunes frente a cambios regulatorios, entendiendo el impacto que pueden tener en toda la cadena.
¿Cómo definirías el rol de la logística dentro del comercio exterior farmacéutico?
La logística y el comercio exterior van de la mano. A veces funcionan como áreas separadas, pero en la práctica tienen que operar como una sola. Desde la recepción de mercadería hasta la distribución local, todo requiere coordinación y comunicación constante. Estamos hablando de productos sensibles, con vencimiento, con condiciones específicas de almacenamiento y transporte.
Además, no siempre se puede trabajar con grandes niveles de stock. Eso obliga a ser muy preciso tanto a nivel global como local. Y cualquier desvío tiene impacto. Por eso es clave mantener los mismos estándares en toda la cadena, cumplir con las exigencias y asegurar que cada operación llegue en condiciones, porque en este caso estamos hablando directamente de la salud de las personas.
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