
Al referirse a la planificación y a los desafíos operativos, Magali comenta que “en juguetes, los tiempos son críticos porque dependemos de fechas muy puntuales”. En esta entrevista, comparte su mirada sobre la actualidad del sector en Argentina, la dinámica de las importaciones y la necesidad de coordinación para abastecer un mercado estacional y altamente exigente.
¿Cuál es hoy la actualidad del sector de juguetes en Argentina?
La realidad es que el sector está bastante comprometido. El contexto económico es muy complicado y, lamentablemente, hoy suele quedar en un segundo plano. Cuando una familia tiene que priorizar gastos, muchas veces el juguete se posterga.
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Además, se abrió mucho la importación a nivel individual: hoy prácticamente cualquiera puede importar, sin pagar impuestos ni certificaciones. Eso genera una competencia muy desigual.
Antes, sobre todo en fechas clave como Navidad y el Día del Niño, las jugueterías estaban llenas y las ventas eran muy fuertes. En estos últimos años, y especialmente en el último, esas temporadas se sienten mucho más suaves.
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¿Cómo se encuentran las importaciones?
Se flexibilizaron varios trámites previos a la importación. Antes, si no tenías todas las intervenciones previas —muestras, análisis, certificados cargados en sistema— no podías avanzar.
Muchas veces tenías todo listo y quedabas frenado por un certificado que no salía o por problemas en la plataforma.
Hoy el proceso es más ágil. Las intervenciones siguen existiendo, pero no siempre se exigen antes de importar. Eso hace que, en la práctica, el contenedor llega y sale.
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¿Es un sector con mucha regulación?
Sí, totalmente. Por ejemplo, los plásticos, o los juguetes que están en contacto con alimentos —como los juegos para hacer helados— requieren intervención del INAL.
No es simplemente “me gustó algo y lo traigo”. Hay pasos, tiempos y planificación. Todo tiene que estar bien hecho para que después no haya reclamos ni problemas. Nadie quiere enfrentarse a una situación grave, como que un producto cause daño a un niño.
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¿Qué mercados son los principales a la hora de abastecerse?
China, Vietnam y el sudeste asiático. Hoy prácticamente todas las primeras marcas producen allí, por una cuestión de costos y escala.
La idea de que “lo chino es de mala calidad” ya quedó bastante atrás. Hay distintas calidades y eso se nota. No es lo mismo un producto económico que un juguete licenciado o de primera línea. La clave está en a qué fábrica le comprás, con qué certificaciones y bajo qué estándares.
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¿Argentina puede ser competitiva produciendo juguetes localmente?
No. La realidad es que no tenemos los materiales ni la estructura de costos para producir con los estándares que exige el mercado. Producir acá sería carísimo.
Muchas veces, cuando se intenta producir localmente, se termina bajando calidad para poder competir en precio. Y aun así, cuesta muchísimo.
Si integramos la logística en este escenario, ¿qué rol ocupa?
Un rol primordial. Comprar es solo una parte: después hay que traer el producto en tiempo y forma. En juguetes, los tiempos son críticos porque dependemos de fechas muy puntuales.
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Si necesitás un producto para el Día del Niño, tenés que contar hacia atrás: producción, salida del barco, tránsito —que suele ser de unos 50 días—, llegada al puerto, traslado al depósito y distribución. Además, hay clientes que te exigen tener el producto disponible un mes antes. A eso se suman los costos logísticos, que son altísimos y muy variables.
¿Qué es lo que más te atrae de trabajar en este sector?
El dinamismo. Estás en contacto con proveedores y personas de todo el mundo. Hoy podés estar hablando con China, mañana con Estados Unidos, México u Holanda.
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También está la parte logística: buscar rutas alternativas, adaptarse a cambios, resolver imprevistos y demás. Esa dinámica a mí me encanta.

¿Tiene algo especial trabajar con juguetes?
Sí. Más allá del negocio, hay algo lúdico. Probamos productos, pedimos muestras y demás. Siempre aparece esa comparación con lo que había cuando uno era chico. Es un sector atrapante.
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Pensando en el comercio exterior en Argentina, ¿qué debería mejorar?
Agilidad. Plataformas que funcionen bien y procesos más rápidos. Hoy no puede ser que todo dependa de quién esté del otro lado o de si hay un feriado.
Cada demora es costo. En comercio exterior, el tiempo se traduce directamente en dinero.
¿Qué reflexión te gustaría compartir?
Creo que uno de los grandes desafíos es bajar costos y acelerar tiempos, sobre todo para mercados lejanos como el nuestro. Hoy traer cargas parcializadas es muy caro y engorroso, pero muchas veces necesitás traer pequeñas cantidades de un producto que está de moda.
Encontrar soluciones logísticas más flexibles ayudaría muchísimo al sector. Estamos lejos, el flete es caro, y esa es una realidad que hay que gestionar mejor para poder ser más competitivos.
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