
El mercado mundial de carga aérea cerró 2025 con niveles históricos y un papel decisivo en la estabilidad de las cadenas de suministro internacionales. Según los datos publicados por la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA), la demanda anual —medida en toneladas-kilómetro de carga (CTK)— creció un 3,4 % respecto de 2024, mientras que la capacidad aumentó un 3,7%.
Esta evolución confirma un proceso de normalización en el que el sector mantiene su dinamismo pese a un escenario marcado por tensiones arancelarias, cambios regulatorios y mayor competencia entre operadores.
El año terminó con un diciembre especialmente sólido: la demanda global superó en 4,3% los valores del mismo mes del año anterior y la capacidad avanzó 4,5%, consolidando un cierre de año con altos niveles de actividad en rutas internacionales. Aunque los rendimientos promedio cayeron 1,5%, se mantienen 37,2% por encima de los niveles de 2019, lo que refleja un mercado que recupera equilibrio sin perder márgenes operativos.
Este desempeño reafirma la importancia estratégica del transporte aéreo para sostener el comercio global. Su capacidad para absorber picos de demanda, responder a disrupciones y garantizar entregas críticas consolidó nuevamente su rol como infraestructura esencial para la continuidad de los flujos logísticos.
Comercio electrónico y reconfiguración de rutas globales
El crecimiento de 2025 estuvo fuertemente condicionado por dinámicas estructurales que se intensificaron durante el año. El avance del comercio electrónico siguió presionando las redes aéreas, especialmente en segmentos sensibles al tiempo como moda, electrónica y bienes de alto valor.
Paralelamente, el endurecimiento de políticas arancelarias -particularmente en Estados Unidos- llevó a muchas empresas a anticipar envíos, reorganizar inventarios y ajustar contratos logísticos para evitar costos adicionales o retrasos.
Estas presiones dieron lugar a un reordenamiento notable en las principales rutas globales. El corredor Asia–Norteamérica, históricamente dominante, perdió protagonismo frente al eje Asia–Europa, impulsado por la demanda manufacturera europea y por la búsqueda de alternativas ante mayores trabas en el mercado estadounidense. Los flujos intraasiáticos también se expandieron con fuerza, mientras que las conexiones Oriente Medio–Asia se fortalecieron gracias al crecimiento de hubs regionales que funcionan como articuladores de tránsito y distribución.

Las diferencias regionales ponen en evidencia esta transición. Asia-Pacífico lideró el crecimiento anual con un avance del 8,4%, consolidando su posición como centro global de producción. África registró un incremento del 6%, impulsado por mayores integraciones comerciales. Europa avanzó 2,9% y América Latina 2,3%, aunque con caídas puntuales en diciembre. Oriente Medio mostró un avance marginal, mientras que América del Norte fue la única región con retrocesos, afectada por el estancamiento del comercio con Asia.
El nuevo mapa confirma una tendencia ya visible en los últimos años: una diversificación acelerada de las rutas de abastecimiento, con cadenas menos dependientes de un único corredor y más conectadas con polos emergentes.
Factores operativos y perspectivas para 2026
El desempeño del sector estuvo acompañado por variables macroeconómicas y operativas que influyeron en costos, planificación y resiliencia logística:
- El comercio mundial de bienes mostró una expansión sostenida, lo que incrementó la demanda de servicios de transporte aéreo de alta velocidad.
- La caída en el precio del combustible aeronáutico aportó alivio operativo, aunque mayores márgenes de refinería moderaron parte de ese beneficio.
- La confianza manufacturera global cerró el año en su mejor nivel, anticipando un repunte moderado de la actividad industrial.
- Los nuevos pedidos de exportación se ubicaron por debajo del umbral de expansión, reflejando incertidumbre ante el escenario arancelario internacional.
Las perspectivas para 2026 apuntan a un crecimiento moderado, en línea con tendencias históricas, pero bajo un contexto de mayor exigencia regulatoria, reordenamiento de flujos y necesidad de redes más ágiles. La continuidad de tensiones comerciales y la redefinición de rutas obligarán a las empresas a mantener esquemas de flexibilidad operativa, con mayores inversiones en trazabilidad, gestión de riesgos y estrategia multimodal.
El transporte aéreo de carga seguirá desempeñando un rol esencial en sectores que dependen de ciclos logísticos cortos —como electrónica, farmacéutica, automotriz y e-commerce— y que requieren altos niveles de agilidad, previsibilidad y resiliencia. En ese ecosistema, las aerolíneas continuarán ajustando capacidad y diseñando redes para responder a cambios abruptos tanto en la demanda como en las condiciones regulatorias y geopolíticas.
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