
La revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), prevista para mediados de 2026, comienza a perfilarse como un punto de inflexión para la logística y las cadenas de suministro en Norteamérica.
La industria mexicana anticipa un escenario de mayor presión operativa, exigencias documentales crecientes y posibles reconfiguraciones productivas ante cambios en reglas de origen y eventuales ajustes arancelarios.
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De acuerdo con especialistas en el comercio de la región, el sector logístico ya opera en modo preventivo. Aunque la revisión formal ocurrirá a mitad de año, los tres países iniciaron consultas desde agosto y septiembre del año pasado, activando el trabajo del denominado “Cuarto de junto”, donde cámaras empresarias y especialistas siguen de cerca los avances.
Aranceles, reglas de origen y reconfiguración de las cadenas de valor
El diagnóstico anticipa un panorama de “incertidumbre arancelaria”, especialmente en industrias como acero, aluminio, cobre, automóviles y vehículos pesados, donde ya se observan gravámenes adicionales. Para México, cuya estructura exportadora depende en gran medida del sector automotriz, cualquier modificación podría impactar en:
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- Costos logísticos transfronterizos.
- Tiempos de despacho.
- Volumen y dirección de los flujos comerciales.
- Competitividad en mercados clave de EEUU y Canadá.
La eventual reformulación de reglas de origen es uno de los puntos más sensibles: el contenido regional en vehículos ya pasó de 62,5% a 75% en el tránsito del TLCAN al T-MEC, y un nuevo incremento obligaría a relocalizar proveedores, reconfigurar abastecimiento y ajustar cadenas de valor para conservar el acceso preferencial al mercado norteamericano.

Frontera bajo presión: más controles y menor velocidad logística
Además del componente arancelario, se anticipa un aumento en la exigencia de cumplimiento documental al 100%, lo que impactará especialmente a industrias con producción just in time, cuyo equilibrio depende de cruces ágiles y tiempos de tránsito reducidos.
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La frontera norte podría convertirse en un cuello de botella aún más complejo por:
- Inspecciones reforzadas vinculadas a seguridad, fentanilo y migración.
- Mayor presión operativa sobre aduanas.
- Incrementos en estadías, almacenaje y costos asociados.
En sectores sensibles como perecederos y cadenas de frío, incluso demoras moderadas pueden traducirse en pérdidas por caducidad.
Nuevas exigencias internas: trazabilidad, digitalización y certificaciones
A nivel local, la revisión coincide con cambios recientes en la legislación aduanera mexicana, como la manifestación de valor electrónica. Según los especialistas, esto genera una “rigidización” del control que exige a las empresas acelerar su transformación digital.
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El experto señaló dos conceptos que ganarían centralidad:
- Materialidad: demostrar con evidencias operativas (contratos, órdenes, comprobantes) que cada operación ocurrió como fue declarada.
- Trazabilidad: acreditar paso a paso el movimiento y uso de insumos importados temporalmente dentro de los procesos productivos.
Esto obligará a las compañías a documentar quién suministró la mercancía, cuándo ingresó al país, cómo se almacenó, cuándo se transformó y en qué momento exacto fue exportada.
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Como respuesta preventiva, los expertos recomiendan impulsar certificaciones como Operador Económico Autorizado (OEA) y CTPAT, que pueden aportar mayor predictibilidad y agilizar inspecciones.
Por otro lado, también señalan que México deberá enfrentar desafíos estructurales que ya arrastraba antes de la revisión:
- Rezagos en infraestructura logística.
- Brechas de seguridad carretera.
- Trámites aún lentos y fragmentados en comercio exterior.
“Tenemos un tema de imprevisibilidad y volatilidad”, advierten, al pedir a empresas y operadores mantener un esquema de monitoreo activo para evitar interrupciones mayores en la cadena de suministro.
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