
Al referirse al contexto sanitario como factor vital en la industria avícola, Federico comenta que “es clave trabajar con los organismos oficiales y entender que la gripe aviar no es algo aislado”. En esta entrevista, analiza el posicionamiento de Argentina, los impactos de la sanidad sobre los mercados y el rol de la logística en operaciones de alta complejidad.
¿Cómo ves hoy el rol de Argentina en la industria avícola a nivel global?
En lo que respecta a la industria avícola a nivel mundial, Argentina no es un líder en términos de producción ni de volumen exportado. Competimos directamente con Brasil y Estados Unidos, que son los principales productores. Eso ya nos marca una realidad: Brasil está muy cerca y tiene una escala enorme. Para dimensionarlo, lo que Brasil produce en un mes, Argentina lo produce en un año.
En ese contexto, como industria nacional no podemos fijar precios. Brasil, por su volumen, es quien termina marcando los valores a nivel global. Ahí es donde se abre una oportunidad para Argentina: enfocarnos en productos de mayor valor agregado, nichos específicos, productos cocidos o desarrollos más a medida para determinados importadores. El grueso del volumen sigue siendo commodity —pollo entero, trozados, alas— y ahí Brasil siempre lidera.
¿Cuáles son hoy los principales destinos de exportación para la industria?
Es importante contextualizarlo. En 2023 y nuevamente en 2025, Argentina tuvo brotes de gripe aviar, lo que implicó perder el estatus sanitario y, automáticamente, mercados. Eso significa que de un día para el otro se suspenden habilitaciones.
Hoy el principal mercado pendiente de rehabilitación es China, que históricamente es el destino más importante para la industria avícola argentina. Solo para darte un dato: en los cuatro meses que pudimos exportar antes de la última suspensión, el país asiatico volvió a posicionarse como el principal mercado del país.
También Medio Oriente es una región clave, con una demanda muy específica: pollo entero de tamaño chico, entre 700 gramos y kilo y medio, algo muy distinto a lo que se consume localmente, pero totalmente asociado a hábitos culturales. Europa es relevante para productos cocidos, como gallina veteada cocida, aunque la Unión Europea sigue con restricciones sanitarias. Chile también es un mercado importante.
Este año incluso se lograron duplicar volúmenes en algunos destinos respecto al año anterior, a pesar del contexto. Brasil, por primera vez en la historia, también tuvo gripe aviar en mayo, lo que abrió una ventana que Argentina pudo aprovechar durante algunos meses.
¿Qué tan desafiante es planificar con variables que están fuera de control?
Es extremadamente complejo. Todo lo que planificás puede quedar sin efecto de un día para el otro. Pero también creo que donde hay una crisis hay una oportunidad. Si bien las noticias a veces son duras, uno sabe cómo actuar.
Para dar un ejemplo, puede pasar de arrancar un día con más de 300 contenedores en el agua sin saber si iban a ser aceptados en destino. Ahí entran en juego muchas variables: la normativa de cada país, el criterio del inspector sanitario, el lobby de los productores locales de los países importadores. Todo eso influye.
Por eso es clave trabajar con los organismos oficiales y entender que la gripe aviar no es algo aislado. Es una realidad global. Necesitamos avanzar como país —y como región— en el concepto de regionalización sanitaria.

¿Qué implica la regionalización y por qué es tan importante?
Implica que ante un brote no se suspendan exportaciones a nivel país, sino solo en un radio determinado. Por ejemplo, con Singapur tenemos acordado un radio de 10 kilómetros. Si una planta está dentro de ese radio, se frena; el resto del país sigue exportando.
Lamentablemente, China y la Unión Europea todavía no aceptaron ese esquema con Argentina. Ese debería ser el camino. No se ha demostrado que el producto final, correctamente procesado y empacado, represente un riesgo sanitario. Sin regionalización, un solo caso puede frenar toda la industria.
¿Qué rol juega la logística en tu trabajo diario?
Es central. Se trabaja con grandes volúmenes y productos altamente sensibles. Después de tantos años, muchas cuestiones están aceitadísimas, pero siempre hay que estar atento.
Durante los brotes sanitarios, lo más complejo es revisar contenedor por contenedor, país por país. Algunos destinos aplican restricciones retroactivas. Sudáfrica, por ejemplo, rechaza cargas producidas hasta 21 días antes del brote.
¿Qué estrategia debería seguir Argentina para desarrollar la industria avícola a largo plazo?
Me parece importante no tenerle miedo a las importaciones, pero sí pensar los acuerdos comerciales de manera inteligente y a largo plazo. Se habla de un posible acuerdo con Estados Unidos, y ahí hay oportunidades reales si se hace bien.
Chile es un ejemplo: importa ciertos cortes y exporta otros de mayor valor. Argentina debería ir hacia ese modelo. Importar de forma controlada y atomizada en los productores, y usar eso para potenciar exportaciones propias.
No se trata de inventar la rueda, sino de aprender de experiencias exitosas y construir una estrategia conjunta entre sector público y privado. Si se hace bien, la industria avícola argentina puede crecer mucho sin perjudicar a los productores nacionales.
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