
Al referirse a la articulación regional del transporte, María comenta que “hidrovía, ferrocarril y bioceánico son tres ejes que no pueden analizarse por separado cuando se habla del sistema logístico del Cono Sur”. En esta entrevista, reflexiona sobre conectividad territorial, cadenas de valor y la necesidad de diseñar soluciones de largo plazo.
¿Cómo ves hoy el movimiento en los puertos argentinos?
El sector portuario es extremadamente dinámico y, muchas veces, se adelanta a lo que luego se ve reflejado en otros indicadores económicos. Cuando hay mayor apertura o mayor cierre de la economía, eso se empieza a notar rápidamente en los flujos: aumentan o disminuyen las demandas, cambia la relación entre importaciones y exportaciones, y se modifican los tipos de cargas que se mueven.
Los puertos trabajan con insumos y con productos terminados, por lo que están presentes en casi todas las cadenas de valor. Desde ese lugar, permiten ver con bastante claridad qué se está demandando y qué se está vendiendo al mundo. En un contexto como el actual, atravesado por cambios de reglas y un proceso de transformación económica, esa flexibilidad y ese dinamismo son fundamentales.
Hay momentos donde predomina la carga de importación y otros donde se fortalece la exportación. Eso luego se refleja en la balanza comercial y tiene que ver con cómo Argentina compra y vende en el mundo. El puerto es la puerta de entrada y de salida, pero no puede pensarse de manera aislada.
¿Qué le falta hoy al sistema portuario argentino?
Todavía necesitamos trabajar más en la conexión y la complementariedad entre los distintos puertos. No todas las terminales operan de la misma manera ni atienden los mismos flujos. Hay distintos tipos de buques, distintos tipos de cargas y distintos momentos económicos que demandan soluciones específicas.
Pero lo más importante es dejar de pensar al puerto únicamente como un punto de ingreso o egreso y empezar a entenderlo como parte de una logística integral. Es esa integralidad la que termina marcando la diferencia en términos de competitividad.
¿Qué rol juega la intermodalidad?
La intermodalidad no es un concepto nuevo, pero sí es cada vez más relevante. En el fondo, lo que permite es conectar la cadena de suministro con menos barreras y mayor eficiencia, tanto para importaciones como para exportaciones.
Cuando hablamos de esto, me refiero a elegir la mejor combinación posible: el embalaje adecuado, el medio de transporte más eficiente, la forma de combinar camión, tren, barco o incluso transporte aéreo sin generar sobrecostos en las transferencias. Pensar desde el origen hasta el destino final.
Argentina es un país extenso, y eso nos obliga a comparar nuestras soluciones logísticas con otros países de dimensiones similares. La logística no puede analizarse con parámetros de países pequeños. Necesitamos sistemas que contemplen largas distancias, última milla, eficiencia en costos y tiempos, y también las limitaciones propias de la infraestructura.
¿Cómo ves el rol de la hidrovía?
La hidrovía es absolutamente estratégica y siempre se puede mejorar. Argentina la necesita y también necesita integrarla a una visión regional. Nuestros países vecinos vienen trabajando desde hace tiempo en mejorar calados y condiciones de navegación, lo que permite operar con buques de mayor porte y justificar escalas más eficientes.
Es clave pensar esta alternativa en conexión con Uruguay, Paraguay y Brasil, pero también en relación con otros proyectos estructurales como el Corredor Bioceánico.

Desde el sector portuario, ¿por qué es tan importante involucrarse en actividades como la minería del NOA?
Porque entendemos la logística como un socio estratégico del desarrollo productivo. La logística tiene que estar sentada en la mesa cuando se diseña un proyecto. Muchas veces, de ella depende que una iniciativa sea viable o no.
En minería, por ejemplo, hay insumos críticos que no se producen en el país. Eso exige una logística integral, multimodal y permanente, porque la producción no se puede detener.
¿Cómo se articula esa logística integral en la práctica?
A través de una combinación de herramientas. Puerto, ferrocarril, camión, depósitos intermedios, stock de seguridad, última milla. No hay que quedarse con una sola opción: se pueden armar planes de contingencia, combinar modos y ofrecer alternativas. Las contingencias siempre existen, lo importante es tener datos para decidir rápido y bien.
¿Qué lugar ocupa hoy la capacitación en logística?
Es central. Cuando empecé, había muy pocas carreras específicas vinculadas a la logística. Mucho se aprendía en la práctica. Hoy eso está cambiando, y es positivo. Se necesitan perfiles técnicos, personas que conozcan profundamente los procesos, y también perfiles con formación universitaria. No todos tienen que ser líderes, pero todos tienen que ser idóneos en lo que hacen.
Además, no podemos olvidarnos de quienes llevan muchos años en el sector. La tecnología avanzó rápido y si no los acompañamos en ese proceso, quedan relegados. Las nuevas generaciones traen flexibilidad, manejo digital y otra relación con la tecnología. Las generaciones con experiencia aportan conocimiento profundo del negocio. Cuando esos mundos se combinan, los equipos funcionan mejor.
¿Cómo ves el impacto de la tecnología y la inteligencia artificial?
La inteligencia artificial ya es parte del presente. No hay que competir con ella, sino entenderla como una herramienta. Nos ayuda a tomar mejores decisiones, a ser más eficientes, a anticiparnos. El desafío es aprender a convivir con ella y enseñar a otros a hacerlo.
Lo peor que puede pasarle a una organización es no cuestionarse. Cuando alguien nuevo pregunta por qué se hacen las cosas de determinada manera, obliga a repensar procesos. Eso es crecimiento.
Para cerrar, ¿qué mensaje te gustaría dejar?
La logística atraviesa nuestra vida cotidiana. Nos organiza, nos ordena y nos permite ganar tiempo para pensar. Pensar es clave: cuestionar, leer, investigar, ser curiosos. Nadie llega lejos solo. Siempre se necesita un equipo.
Y no podemos dejar de lado la sustentabilidad. El mundo es uno solo y hay que cuidarlo. El sector tiene un rol enorme en ese desafío: energías renovables, mayor uso del ferrocarril, reducción de emisiones. Personas, conocimiento, tecnología y una mirada responsable deben ir de la mano para construir un sistema más eficiente y un mejor lugar para vivir.
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