
A lo largo de esta nota, Gabriela deja en claro que pensar fuera de la caja “te permite ver procesos, oportunidades o soluciones que estaban ahí, pero no las veías”. Desde esa mirada analiza cómo la innovación amplía posibilidades para empresas que buscan internacionalizarse con propósito y visión de largo plazo.
¿Hay interés actualmente en las pymes argentinas de salir al mundo?
Mirá, si ponemos un poquito de contexto, el comercio internacional argentino cambió bastante respecto de lo que veníamos viviendo. Hubo regulaciones nuevas, desregulaciones positivas y un reacomodamiento general del sistema. Podemos mirarlo desde lo técnico y desde el impacto que estas medidas van a tener.
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Y sí: hay muchas pymes interesadas en salir a mercados internacionales. Más en este momento, donde el mercado interno empieza a deprimirse y la exportación aparece como un recurso para sostenerse.
Pero siempre explico lo mismo: exportar no es hacer una venta afuera. Exportar es iniciar un proceso de internacionalización. Requiere planificación a mediano y largo plazo, y exige que toda la empresa —desde la gerencia hasta el último operario— esté preparada. Es una reestructuración, no una aventura ocasional.
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¿Cuáles son los principales desafíos que enfrentan las pymes argentinas al decidir exportar?
El primero es que no tenemos cultura exportadora. Muchas empresas deciden salir porque el mercado interno se cae o porque el tipo de cambio las favorece, y ahí aparece el error: lo ven como una venta aislada. Exportar es un proceso previo, largo y estratégico.
El segundo gran desafío fueron las divisas. El esquema del dólar blend —80/20— hacía poco atractivo todo el esfuerzo de internacionalizarse. Por suerte, algunas regulaciones recientes empezaron a corregir eso.
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Otro gran obstáculo es la falta de acuerdos comerciales. Cuando salís a buscar mercados hacés filtros, comparás procedimientos, analizás certificaciones… y te encontrás con que Argentina tiene muy pocos acuerdos bilaterales y desaprovecha la integración regional. Eso dificulta todo.
Y la logística, por supuesto. Es el desafío por excelencia. Los costos operativos son altísimos, los tiempos de tránsito larguísimos, ya sea por vía terrestre o acuática. Eso condiciona muchísimo la competitividad de las pymes.
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¿Es difícil encontrar productos argentinos innovadores y atractivos para exportar?
Innovación hay, y muy buena. Trabajo con una empresa, por ejemplo, cuyo diferencial no está solo en el producto, sino en su comunicación, su diseño y su identidad cultural. Esa asociación con lo “argentino” nos da un posicionamiento muy cómodo afuera.
Para competir internacionalmente necesitás algo que te diferencie: calidad, diseño, innovación, marca. El precio nunca es el mejor camino, porque competencia hay en todos lados. También hoy la propiedad intelectual abre un mundo de oportunidades de monetización: diseño, marca, narrativa, procesos. La innovación suma desde lo productivo hasta lo comunicacional.
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¿Cómo ves hoy la relación entre importaciones y exportaciones? ¿Conviven o compiten?
La importación no es contraria a la exportación. Son complementarias. Cuando importás insumos, componentes o maquinaria para industrializar en Argentina y mejorar calidad o precio, eso es altamente positivo.
Lo complejo es cuando importás lo mismo que producís localmente. Pero es parte de las reglas del juego actuales: algunos sectores ganan, otros pierden. Y justamente por esa competencia internacional, muchas empresas deciden exportar como estrategia para equilibrar su operación.
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¿Qué habilidades profesionales considerás clave para trabajar en comercio internacional?
La primera, sin dudas, es adaptarse. Todos los días. Es una profesión que te exige leer los cambios —muchas veces abruptos— y convertirlos en estrategia. No podés quedarte solo con la regulación de turno: tenés que analizarla, entenderla y aplicarla a favor de tu cliente. Y la segunda es la capacitación continua. El comercio exterior cambia permanentemente; si no estás actualizado, quedás afuera.
¿Es importante pensar de manera innovadora en comercio exterior?
Totalmente. Hice una diplomatura en innovación abierta y realmente me abrió la cabeza. Pensar fuera de la caja no es una frase hecha: te permite ver procesos, oportunidades o soluciones que estaban ahí, pero no las veías. Si logramos sentarnos todos a pensar soluciones innovadoras para el comercio internacional, se logran resultados fabulosos.
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¿Qué perspectivas ves para el comercio exterior argentino en los próximos años?
La expectativa tiene que ser positiva. Y si miramos la historia, vemos ciclos que se repiten: los mismos beneficios, los mismos errores. Si pudiéramos aprender de lo que ya pasó y anticipar lo que probablemente vaya a pasar, estaríamos mejor posicionados.
Hoy Argentina tiene una enorme oportunidad: el mundo demanda alimentos y energía, y nuestro potencial en ambos sectores es gigantesco. Claro que hay que resolver muchas cosas para presentarnos como proveedores confiables, pero las posibilidades están.
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¿Cuál sería la idea clave que deberían llevarse nuestros lectores?
La integración. Integrarnos al mundo, ser visibles y competitivos dentro de las cadenas globales de valor, y hacerlo desde la regionalidad. El Mercosur sigue siendo fundamental, aunque no lo aprovechemos como deberíamos. Salir a negociar como bloque te coloca en otra posición. La integración regional y global debería ser el punto de partida de cualquier conversación seria sobre comercio exterior.
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