
Para Leandro, “lo que vuelve a un profesional realmente completo en supply chain, comercio exterior o logística son las habilidades blandas”. Desde su mirada, sostiene que la eficiencia logística depende tanto de la innovación como del desarrollo humano y la alineación de los equipos.
¿Cuál fue el punto de inflexión en tu recorrido profesional que te hizo ver al talento como motor del crecimiento industrial?
Mi trayectoria empezó en campos duros: soy contador. De manera bastante casual migré al mundo de los recursos humanos, y cuando me crucé con las operaciones a través del headhunting, entendí que había una necesidad muy clara en la región: la falta de talento técnico para abastecer al mercado industrial.
A eso lo llamamos la “problemática de la empleabilidad industrial”. Hay menos talento capacitado que el que demanda la industria, y no hablo solo de Argentina: sucede en toda Latinoamérica. Faltan ingenieros, faltan perfiles especializados y, además, muchos jóvenes no eligen los caminos técnicos dentro de operaciones, incluso cuando estudiaron carreras vinculadas.
Sumale a eso un contexto donde la flexibilidad se volvió prioridad después de la pandemia, y las operaciones siguen siendo trabajos muy presenciales. Ahí es donde vimos que podíamos aportar valor: conocer a fondo el mercado industrial, sus culturas y sus desafíos, para lograr mejores matches que sean sostenibles en el tiempo.
¿Cómo venís observando a las nuevas generaciones a la hora de reclutar perfiles técnicos e industriales?
Hay un cambio enorme. Antes uno miraba el puesto, la proyección y el salario. Hoy los jóvenes empiezan por otras preguntas: ¿hay flexibilidad?, ¿hay home office?, ¿esta empresa tiene propósito?, ¿qué hace en materia de sustentabilidad?
Las compañías industriales tienen el desafío de leer esas demandas, porque muchas posiciones no ofrecen la flexibilidad que el mercado pide. Las plantas están lejos de las grandes ciudades y requieren presencia.

Pero también existe vocación: quien estudia ingeniería suele querer estar en los procesos, en los fierros, en la tecnología. Entonces, si mostramos el camino, el entusiasmo aparece. Es desafiante, pero totalmente posible.
En tu inicio como líder, ¿qué decisión que hoy ves básica te costaba tomar?
Dar feedback claro y en el momento justo. Al principio uno quiere que todos estén contentos, evitar las conversaciones difíciles, sostener un buen clima. Y eso suele llevar a no decir lo que hay que decir.
Hoy entiendo que el feedback es un regalo, y que debe ser bidireccional. Mi estilo no es vertical; es acompañar, dar herramientas y generar contexto para que las personas tomen decisiones. Y ahí entra otro desafío del liderazgo: delegar. Si querés crecer como equipo y como profesional, necesitás que otros también decidan.
¿Cómo se gestiona el talento en disciplinas tan exigentes como logística o comercio exterior?
Logística y comercio exterior son 24/7. La demanda es constante y muchas veces fuera de horario. Por eso es clave trabajar con las personas: entender qué las motiva, qué las sostiene y qué propósito tienen. Los equipos más eficientes no son los que solo dominan la técnica, sino los que saben por qué hacen lo que hacen, estén operando un transporte o tomando decisiones estratégicas sobre contenedores.
Muchas empresas invierten mucho en tecnología o en infraestructura. Está bien, pero eso solo no te gana el partido. La cultura organizacional, la comunicación interna y el sentido de pertenencia hacen una diferencia enorme, especialmente en trabajos intensos como estos.
¿Qué importancia tiene la gestión de personas para que una cadena logística funcione de forma eficiente?
Está directamente relacionada. La tecnología es vital, pero más importantes son las personas que la usan. Hoy todo se vuelve más desafiante: nuevas herramientas, inteligencia artificial, sistemas que se actualizan… pero nada funciona si el equipo no está alineado y emocionalmente preparado.
Vemos muy claro que las habilidades técnicas ya no alcanzan. Seguirán siendo indispensables, pero lo que vuelve a un profesional realmente completo en supply chain, comercio exterior o logística son las habilidades blandas: comunicación clara, negociación, gestión de presión.
Y agrego dos habilidades que, para mí, son diferenciales en el contexto actual: la capacidad de relacionarse interculturalmente, entendiendo cómo los cambios políticos o económicos en otros países afectan la operación local; y la emocionalidad estratégica, que es no abrumarse frente a los cambios de reglas constantes en Argentina y la región, sino poder leer el mapa completo y tomar decisiones desde ese marco. Eso, hoy, es lo que marca la diferencia entre un equipo que solo resuelve y uno que realmente se vuelve estratégico.
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