
Al referirse al contexto actual, Matías comenta que “la logística tiene un desafío mundial. Todo lo que ocurre en Norteamérica, Europa o Asia impacta en el comercio internacional”. En esta entrevista, profundiza en la desregulación, el crecimiento del sector, el impacto del flete en los costos y la importancia de la previsibilidad para las empresas.
¿Cómo describís la actualidad del comercio exterior argentino?
Hoy la veo con mucho optimismo. Se están tomando medidas para desregular el comercio, hacerlo más práctico, más simple y menos costoso. Eso genera un escenario más dinámico, pero al mismo tiempo exige más precisión y profesionalismo.
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Las regulaciones cambian rápido y a las empresas ya no les alcanza con reaccionar: tienen que anticiparse. El comercio exterior está creciendo y eso obliga a elevar el nivel de asesoramiento, capacitación y previsibilidad en cada operación.
¿Qué piden actualmente los importadores cuando buscan asesoramiento?
Principalmente un asesoramiento preciso, optimización de costos y de tiempos, y una comunicación clara. Muchas empresas son pymes y necesitan acompañamiento en su crecimiento dentro del comercio exterior.
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También demandan capacitación interna: entender mejor la parte logística, la documentación, el rol de quienes se incorporan al área. En definitiva, buscan apoyo para poder superar obstáculos en un contexto donde el volumen de operaciones es mayor.
¿Cuáles son esos obstáculos que enfrentan hoy las empresas?
El primero es el aumento del volumen operativo. Se necesita más previsibilidad, más gente capacitada y conocimiento técnico específico. El comercio exterior tiene su propio lenguaje y no siempre es tan claro para quienes recién comienzan.
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Conceptos como BL, invoice, despacho de aduana o Incoterms, parecen básicos, pero muchas pymes que se están adaptando a una nueva realidad necesitan comprenderlos bien para evitar errores que después cuestan caro.
¿Qué tendencias van a marcar la agenda del comercio exterior argentino en 2026?
Soy optimista con lo que viene. Creo que habrá un crecimiento abrupto y favorable en la incorporación de mercados internacionales. Argentina tiene productos donde es competitiva y eso abre oportunidades de exportación.
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Al mismo tiempo, por cuestiones de competitividad de precios, también va a crecer la importación. Muchas empresas que antes compraban localmente hoy se animan a importar, y otras que vendían solo en el mercado interno empiezan a exportar. Ese balance va a generar un crecimiento exponencial.
En ese crecimiento, la logística ocupa un lugar central. ¿Qué desafíos ves en ese plano?
La logística tiene un desafío mundial. Todo lo que ocurre en Norteamérica, Europa o Asia impacta en el comercio internacional. Un conflicto o el cierre de un canal altera los transit times y los costos.
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Hoy un buque desde Asia puede tardar 44 días cuando antes tardaba 35. Parece poco, pero una semana más incide en la planificación. El gran desafío está en el flete internacional, la disponibilidad de espacios y la estabilidad de las tarifas.

¿Cómo impactan esas variaciones en el ciudadano común?
Inciden directamente en el precio final. El valor del flete forma parte de la base imponible sobre la que se calculan los impuestos. Si el transporte internacional sube, también sube la carga tributaria. Eso termina trasladándose al consumidor y genera un impacto negativo en el mercado interno.
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Operás con rubros muy diversos. ¿Qué ventajas te da esa amplitud?
Al principio puede ser una complicación porque obliga a estudiar aspectos técnicos muy específicos. Pero a largo plazo se transforma en una fortaleza. Permite adquirir un conocimiento amplio de regulaciones y mercaderías.
Esa diversidad genera valor en el asesoramiento. Muchas veces los clientes consultan sobre productos que no trabajan habitualmente, y el haber transitado distintos rubros facilita brindar una respuesta sólida y llevar la operación a buen puerto.
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¿Qué rol juega el seguro en las operaciones internacionales?
Es fundamental. No se puede pecar de optimismo y suponer que todo va a llegar bien. Existen riesgos de transporte, de embalaje o incluso situaciones extraordinarias como el hundimiento de un buque.
Contratar un buen seguro y trabajar con respaldo en pólizas reduce la exposición. El objetivo es que la mercadería llegue en condiciones, pero si algo falla, tiene que haber un marco de contención que permita subsanar el daño.
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¿Y los Incoterms? ¿Qué importancia tienen en ese esquema?
Son claves. Son los que definen las condiciones de compraventa y determinan en qué momento se transfiere el riesgo del exportador al importador. Aunque parezcan simples siglas, dicen todo.
Hay quienes prefieren comprar con flete y seguro incluidos, y otros que asumen esa responsabilidad porque ya tienen experiencia. Lo importante es dejar claro quién toma el riesgo y actuar en consecuencia.
En materia de certificaciones, ¿qué recomendación hacés a quienes importan?
Siempre partir de la posición arancelaria. Eso permite identificar si hay certificaciones obligatorias, como por ejemplo las de seguridad eléctrica cuando el producto tiene componentes eléctricos.
Hoy el proceso es más ágil y existen plataformas digitales que simplifican los trámites. Pero si no se cumple, pueden surgir demoras, multas o antecedentes negativos ante la autoridad aduanera. Es clave anticiparse y trabajar de la mano con profesionales.
¿Qué mensaje le darías a alguien que está pensando en dedicarse al comercio exterior?
Que le dé para adelante. Es una profesión apasionante, dinámica y en constante crecimiento. Tiene complejidades, claro, pero la satisfacción es mayor que los problemas.
Permite conectar oferta y demanda entre culturas distintas, atravesar fronteras y generar redes de contacto muy valiosas. Para quienes disfrutan los desafíos y la innovación, es un camino que recomiendo al 100%.
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