
La transición hacia cadenas de suministro circulares dejó de ser un concepto ambiental para convertirse en un desafío operativo que está reconfigurando la logística global.
Así lo indica un informe reciente del World Economic Forum, que advierte que el sector deberá adaptar infraestructura, procesos y modelos de negocio para enfrentar un escenario donde los productos no solo se envían: también vuelven, se clasifican, se reacondicionan y se reintegran al mercado.
El documento revela que el 95% de los ejecutivos industriales considera que la circularidad será clave en los próximos tres años, una tendencia impulsada por la presión regulatoria, la escasez de recursos críticos y la necesidad de modelos más resilientes. Sin embargo, solo el 20% de las compañías logró escalar una cadena circular funcional, en gran parte debido a obstáculos directamente vinculados a la logística.
El talón de Aquiles: la logística inversa
El informe identifica un patrón repetido: incluso las empresas más avanzadas en sostenibilidad encuentran dificultades para gestionar el flujo de retorno. La disponibilidad de productos usados es baja, la calidad resulta impredecible y los volúmenes varían según la temporada o el comportamiento del consumidor.
Este escenario exige una logística inversa más robusta y flexible, capaz de absorber picos, reducir movimientos innecesarios y minimizar costos. Para América Latina, donde las distancias, los tiempos de tránsito y la infraestructura presentan desafíos propios, esta transición será aún más exigente.
La operación circular implica nuevas actividades: clasificación, diagnóstico, reparación, reacondicionamiento y redistribución. Cada una requiere espacios específicos, personal especializado y sistemas de trazabilidad que permitan modelar escenarios de retorno y anticipar la disponibilidad de materiales. La logística tradicional, enfocada en flujos lineales y previsibles, no está diseñada para estas necesidades.
Redes logísticas híbridas: el modelo que gana terreno
Según el estudio, más del 70% de las empresas ya opera modelos logísticos “híbridos”, donde conviven la cadena tradicional y la circular. En la práctica, esto significa integrar ciertos procesos —como almacenamiento y transporte— mientras se separan otros más complejos, como la reparación o la remanufactura.
Para los operadores logísticos de la región, esto abre un espacio de oportunidades: montajes de centros de clasificación, nodos especializados en reacondicionamiento, servicios de recolección urbana, trazabilidad digital y soluciones de gestión de inventarios para productos circulares.
Además, el diseño de red cambia por completo. Mientras los flujos lineales suelen concentrarse en grandes hubs, la cadena circular demanda proximidad. Por ejemplo, la clasificación se vuelve más eficiente cuando está cerca del punto de retorno, mientras que la remanufactura, por su complejidad, tiende a ubicarse en centros regionales más desarrollados.
La tecnología se convierte en un requisito estructural
El documento enfatiza que sin digitalización es imposible escalar el modelo. Sensores IoT para monitorear vida útil, blockchain para certificar trayectorias, inteligencia artificial para predecir disponibilidad de componentes y plataformas que integren forward y reverse logistics se vuelven piezas centrales.
En países donde la infraestructura tecnológica es desigual, el salto implica inversión en sistemas de gestión, interoperabilidad entre actores y trazabilidad estandarizada. Para el comercio exterior latinoamericano, esto también abre un debate sobre integración normativa: los productos usados suelen considerarse “residuos”, lo que complica movimientos transfronterizos y frena la economía circular regional.
Casos que muestran el potencial
El informe destaca experiencias que evidencian cómo la logística se vuelve protagonista.
- Hitachi, por ejemplo, integró la recolección de cajeros automáticos con la entrega de nuevos equipos, reduciendo tiempos, costos y emisiones.
- Beko, en Turquía, montó una red de recolección basada en tiendas y puntos de contacto urbanos, un modelo replicable en ciudades latinoamericanas.
- HP reorganizó su cadena regional según restricciones regulatorias: en India, todo el reacondicionamiento debe hacerse dentro del país; en Europa, centraliza en grandes hubs para ganar escala.
Todos los casos comparten algo: redes logísticas rediseñadas y basadas en trazabilidad, alianzas con operadores especializados y nodos pensados para circularidad.
¿Qué implica para Argentina y la región?
Para los países latinoamericanos —y especialmente para Argentina, con cadenas de suministro extendidas, costos logísticos elevados y fuerte dependencia de insumos importados— la circularidad puede convertirse en un factor de competitividad.
Reutilizar componentes, extender la vida útil de productos y recuperar materiales críticos reduce presión sobre importaciones, disminuye riesgos de ruptura de stock y ofrece alternativas frente a la volatilidad cambiaria. Además, abre un nuevo mercado de servicios logísticos vinculados a recolección, procesamiento, clasificación y remanufactura.
La región ya enfrenta una transición estructural: más regulaciones sobre residuos, nuevas exigencias ambientales en mercados de exportación y la creciente necesidad de operadores capaces de gestionar flujo inverso con calidad industrial.
Un cambio que ya llegó
El Foro Económico Mundial advierte que los próximos años definirán qué empresas lograrán adaptarse. La flexibilidad operativa, la capacidad de rediseñar redes logísticas y la inversión en trazabilidad serán claves.
Para la industria logística, la circularidad no es una tendencia ambiental: es un nuevo modo de operar. Y las compañías que lo adopten a tiempo podrán posicionarse en la nueva economía donde el transporte ya no termina en la entrega, sino que empieza con la devolución.
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