
“Siempre hay que trabajar para dar valor agregado a la cadena y nunca ir directo al consumidor”, sostiene Gabriel. En esta entrevista, comparte cómo articula compras, producción y comercio exterior, apostando a la creatividad, la diferenciación y la eficiencia logística.
¿Cómo gestionás y coordinás esta enorme tarea de articular áreas como compras, producción, comercio exterior, calidad y selección de productos?
La coordinación de todas las áreas que influyen, desde la logística hasta la selección de productos, es una tarea compleja pero muy linda. Tengo varias formaciones: soy analista programador, licenciado en publicidad y tengo una maestría en negocios internacionales. Todo eso me sirvió. De la programación aprendí a pensar y razonar, a analizar costos logísticos y de productos para lograr siempre los mejores precios. La publicidad me dio la mirada sobre el consumidor: entender qué busca, qué lo sorprende y qué lo diferencia en una góndola. Y los negocios internacionales me ayudan a manejar el resto.
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¿Cómo describís tu manera de liderar y contagiar entusiasmo?
Amo lo que hago. Desarrollar productos y verlos en el mercado me da satisfacción, y trato de transmitir eso a mi equipo. Siempre digo que nadie es único en esto: todos somos parte. Desde los operadores de línea hasta el jefe de producción o el gerente comercial, cada uno aporta su mirada. Hay que buscar generar un ambiente donde se sientan parte, donde propongan. No quiero asistentes, quiero gente que sume.
Ese entusiasmo se contagia. Por ejemplo, traigo una idea de China, la comparto, la trabajamos y termina siendo un producto real. Todos disfrutan cuando llega a la góndola. Desde los de diseño con el packaging, hasta los de comercio exterior que optimizan los tiempos para que esté listo para fechas clave.
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Mencionaste las ferias internacionales. ¿Qué importancia tienen y qué encontrás en ellas?
Son cruciales. Te permiten materializar lo que venis trabajando día a día. Conocés proveedores, comparás calidades, visitás fábricas, fortalecés vínculos. Viajo mínimo dos veces al año a China, a veces una tercera vez para visitar lugares específicos. Cada región fabrica diferentes electrodomésticos. También voy a ferias en Brasil y, por supuesto, locales.
Lo más valioso es que las ferias te muestran tendencias globales: ves qué está innovando cada país, qué materiales empiezan a usarse, qué diseños se valoran y demás. Muchas veces encuentro en Turquía o Corea propuestas distintas que luego sirven como inspiración para desarrollar en otro lado. La feria también es un espacio de relación humana, porque no todo se define en planillas: mirás a los proveedores a la cara, generás confianza y entendés mejor cómo trabajan.
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Hoy se habla mucho de competitividad. ¿Cómo lo vivís desde tu rol?
La creatividad y la diferenciación son claves. Viajar a ferias me da inspiración para traer productos únicos, no comprar lo mismo que todos. Siempre hay que trabajar para dar valor agregado a la cadena y nunca ir directo al consumidor. Eso mantiene el respeto por la cadena y la fuerza del canal.
Los productos tienen que generar un impacto. La competitividad no se reduce al precio: se trata de la propuesta de valor completa, desde la innovación del diseño hasta la eficiencia logística.
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¿Cuáles son tus claves profesionales para esto?
Yo busco desde mi experiencia y mi vida como consumidor, padre, usuario. Siempre pensando en el costo logístico y en la experiencia del producto. Uso muchas herramientas, desde planillas hasta inteligencia artificial.
Estoy formándome en IA aplicada al management, porque creo que siempre hay que crecer y adelantarse. La competitividad está en analizar bien cada paso: desde el diseño hasta la logística, que es fundamental.
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¿Qué peso tiene la logística en el costo final de un producto?
Es crucial. Muchos productos son voluminosos, y el costo del flete puede dejarte afuera del mercado. Los fletes son muy cíclicos: Año Nuevo chino, cambios arancelarios, paros, todo impacta. Podés comprar barato en origen, pero si el flete es caro, no sirve. Por eso hay que tener en cuenta siempre la logística, buscando que el producto llegue competitivo, de calidad y al precio adecuado.
Además, la logística no es solo un costo: es una ventaja estratégica. Un envío más rápido, un contenedor mejor planificado o un acuerdo de transporte eficiente pueden marcar la diferencia entre llegar a tiempo para una campaña o perder la oportunidad. Esa es la dimensión real de su impacto.
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