
“En farmacéutica todo es contrarreloj”, asegura Lucas. En esta entrevista detalla su labor coordinando compras, transporte e importaciones en un sector donde la trazabilidad, la gestión documental y la logística internacional deben estar perfectamente sincronizadas para evitar pérdidas y demoras.
¿Qué tareas y responsabilidades incluye tu rol de analista de supply chain actualmente?
Actualmente estoy en el área de operaciones triangulares, que se manejan con un Incoterm específico. Me encargo de gestionar la compra del producto y, una vez listo en fábrica, coordinar con el cliente. Si es FCA (Incoterm “Libre Transportista”), gestiono con el forwarder para coordinar el pick up; si es CIF (Incoterm “Costo, Seguro y Flete”), me ocupo de todo el proceso hasta la contratación del transporte. Esa es mi primera etapa. La otra parte de mi trabajo es importación, trayendo mercadería del exterior hasta el depósito.
¿Recordanos qué son los “Incoterms” y cómo los aplicás?
Son las condiciones de venta de la mercadería. Trabajo mucho con FCA, donde el proveedor entrega el producto en un punto acordado (planta, aeropuerto, warehouse) y nosotros nos encargamos del resto. También uso CIF, en el que el proveedor entrega la carga ya en el barco con flete pagado. Otro común es FOB (Franco a Bordo), en el que el proveedor deja la mercadería en el puerto y nosotros seguimos el transporte. Son las condiciones más utilizadas en el sector.
¿Con qué mercados te vinculás para desarrollar tu tarea?
Mi rubro actual es farmacéutico, por lo que hablo constantemente con Francia, Brasil, Estados Unidos y México para mandar pedidos a planta. Gestiono las importaciones de diferentes productos, desde jeringas hasta vacunas, además de equipos como robots. Es un mundo amplio, con productos que tienen fechas de vencimiento que pueden ser largas (cuatro años) o muy cortas (ocho meses). Cuando la vida útil es reducida, hay que traerlos y venderlos rápido para evitar pérdidas.
¿Con qué particularidades y desafíos te encontraste al trabajar con insumos de salud?
Es un mundo muy distinto al que me desempeñaba antes, que era industrial. En farmacéutica todo es contrarreloj: los clientes son laboratorios u hospitales y muchas veces necesitan insumos con urgencia porque se quedan sin stock. Además, algunas vacunas o instrumentos ya salen de fábrica con pocos meses de vigencia, por lo que hay que moverlos rápido para que lleguen a destino antes de vencer.
¿Tu rol es clave para evitar demoras innecesarias?
Sí, porque hay que presionar a los proveedores para que cumplan los plazos, coordinar el pick up, que tomen el vacío del contenedor y evitar retrasos. Otra tarea esencial es asegurarnos de que los papeles estén al día para que no haya problemas en aduana.
¿Es sencillo transmitir esta urgencia a los proveedores?
Sí, porque el proceso está muy aceitado. Intervienen muchas áreas: planning, comercio exterior, fábrica y forwarders con los que se trabaja hace años y que ya tienen tarifas fijas y procedimientos claros. Eso ahorra tiempo y permite que todos entiendan la criticidad de las operaciones.
¿Cómo es la participación de terceros organismos en estos procesos?
En mi trabajo actual no intervienen, pero en el anterior sí. Teníamos que gestionar certificados con organismos como el INTI y cumplir con requisitos de seguridad eléctrica. Eso implicaba ensayos, envío de muestras y seguimiento para que los certificados se emitieran a tiempo. Si no llegaban, la mercadería quedaba en depósito fiscal, lo que generaba costos extra.
¿Qué tipo de transporte se utiliza para estos productos?
En la industria farmacéutica usamos todos los medios de transporte internacional. Desde Brasil, generalmente camión. Desde Francia, Estados Unidos o México, depende de la urgencia y el volumen, puede ser aéreo o marítimo. En operaciones triangulares, muchas veces el cliente define el transporte.
¿Cómo trabajan la trazabilidad y la tecnología?
Todavía es bastante manual. Se sigue usando mucho el correo electrónico para pedir actualizaciones. Algunos forwarders ofrecen plataformas web, pero en la práctica, las consultas directas entre personas siguen siendo más efectivas.
¿Qué es lo que más te gusta del sector?
Al principio pensé que no era para mí, pero me terminó gustando mucho. Es un rubro donde todos los días se aprende algo nuevo. Aunque parezca mecánico, es muy dinámico: estás en contacto con muchas personas y sabés que tu trabajo impacta directamente en que un paciente reciba un medicamento o que un hospital cuente con el equipo que necesita.

¿Cuáles son tus expectativas profesionales?
Creo que, si las importaciones siguen abriéndose como ahora, el nivel de operaciones va a aumentar mucho. Hay productos que no se fabrican en el país o que requieren importar la materia prima para poder producirlos localmente, así que por una razón o por otra siempre va a haber movimiento y eso genera más trabajo.
En lo personal, mi objetivo es seguir formándome y ganando experiencia para profesionalizar cada vez más mi desempeño. Me gustaría crecer dentro del área. Me motiva la idea de asesorar a otras empresas, aplicar lo aprendido y seguir vinculado a un sector que ofrece tantos desafíos y oportunidades.
¿Cómo ves el sector?
Lo veo bien, avanzando hacia un país más normal en términos de comercio exterior. Antes había muchas restricciones y altos costos, lo que se trasladaba al precio al que conseguía los productos el consumidor. Hoy es más ágil, aunque sabemos que Argentina es cíclica y las políticas pueden cambiar. Por ahora, me mantengo optimista.
¿Te gustaría dejarle un mensaje a nuestros lectores?
Que se animen a estudiar, y en especial comercio exterior. Es un rubro amplio que permite trabajar en muchas áreas, desde logística internacional hasta importación y exportación. Abre la cabeza y te conecta con el mundo. Aunque pueda parecer complicado, también es divertido y desafiante.
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