
Resolver problemas, construir cultura organizacional y potenciar ecosistemas son ejes que atraviesan el nuevo liderazgo en tecnología. En esta entrevista, Franco profundiza sobre el rol estratégico de la logística en el comercio digital, el impacto de la cultura en los negocios y el valor que aportan las personas en contextos de transformación constante.
Te describís como alguien a quien le gusta “resolver problemas y desarrollar negocios digitales”, ¿en qué estás enfocado actualmente?
Estoy impulsado por la misión de bajar las barreras para emprender y empoderar a miles de emprendedores en Argentina a crear sus marcas o negocios digitales. Vivir de algo que les guste: diseñar zapatos, hacer barritas de cereales, lo que sea. Hay mucho por hacer. Considero que aportar al objetivo de aumentar la tasa de supervivencia de los emprendimientos representa una contribución real al país. Yo no me dedico a la política, pero creo que desde los negocios se puede aportar mucho a la economía, no solo de Argentina, sino de toda Latinoamérica.
¿Cómo surge la necesidad de optimizar la logística en emprendimientos digitales?
Una empresa tecnológica tiene que enfocarse en resolver problemas concretos. Al principio el desafío era crear una tienda online. Pero después vino la necesidad de resolver los pagos y, más adelante, cómo se envían los productos. La logística es clave en el comercio electrónico. Hoy hay una red más confiable, con trazabilidad, pero aún falta federalizar. A un emprendedor en Mendoza le cuesta competir con alguien en Palermo.
Por eso desde el mundo digital buscamos aportar a partir de nuestro lugar, primero desde el software, la tecnología y los datos. Para eso trabajamos junto a los que saben de rutas y distribución para potenciar soluciones. Todo lo que facilite pagos, envíos y creación de tiendas online suma al ecosistema.
¿Qué desafíos puntuales identificás de cara al futuro para la logística?
El e-commerce va a expandirse y con eso, la logística. Estamos pasando de un modo supervivencia a uno de crecimiento. Las compañías tienen que modernizarse. Hay un desfasaje entre la capacidad instalada y lo que se necesita en términos de servicio y tecnología. Las más tradicionales llevan décadas en el rubro, pero hace falta un cambio cultural profundo para que esta nueva etapa sea exitosa.

¿Ves oportunidades para la colaboración estratégica entre los distintos actores?
Totalmente. La industria tecnológica es colaborativa. La oportunidad es tan grande que hay espacio para todos. Cada problema se vuelve específico. Hay quienes trabajan en seguridad online, otros en métodos de pago, otros en logística. Y todos suman. El ecosistema necesita grandes jugadores, startups, talento emprendedor. En un país con desafíos macro y geográficos, este mindset colaborativo es clave.
Desde tu experiencia, ¿qué elementos tiene que tener un emprendimiento tecnológico para crecer?
No hay una fórmula. Pero creo que lo más importante es el compromiso con el problema que querés resolver. Estar desvelado por tu misión, incluso si va cambiando. Después, tener la cabeza en la luna y los pies en la tierra. Soñar en grande, pero construir algo concreto. Y algo fundamental: la cultura. El cómo hacés las cosas es lo que te diferencia. La tecnología se puede copiar. Lo que no se copia es cómo se siente alguien cuando interactúa con vos. Eso está en el ADN de cada equipo.
¿Qué debe tener una startup logística de cara al cliente?
Tiene que entenderse como una empresa de servicios y tecnología. No como una de camiones o depósitos. Eso son herramientas. Lo importante es dar el mejor servicio, con foco en el cliente, usando tecnología. Hoy las marcas necesitan trazabilidad, datos, inteligencia. Y los consumidores quieren elegir cuándo reciben, saber quién entrega, cambiar la fecha si hace falta. Todo eso ya no se resuelve con capacidad instalada. Lo resuelve quien mejor entiende al cliente y actúa con tecnología. Por eso están surgiendo muchas startups logísticas: aplican ese mindset a un problema viejo.
¿Qué rol tienen las personas en este entorno tan tecnológico?
Es central. La tecnología actual, incluso la inteligencia artificial, responde a lo que le pedimos. Pero hay problemas humanos, mal definidos, multicausales, que solo las personas pueden empezar a descomponer. El valor está en esa capacidad única. Y cuando las personas trabajan juntas, surgen mejores ideas. La pandemia nos hizo preguntarnos si todo podía ser remoto, pero quedó claro que el contacto genera innovación, aprendizaje. Aprendemos copiando, mirando. Y eso no se da igual frente a una pantalla.
¿Y cómo se relaciona eso con la cultura de una compañía?
La cultura define el diferencial. Cuando preferís una aerolínea o una plataforma en lugar de otra, no es solo por la tecnología. Es por cómo te sentís, por la confianza. Eso lo hacen las personas, no los sistemas.
¿Cómo definirías tu estilo de liderazgo?
Es difícil definirse uno mismo. Capaz lo define mejor el equipo. Soy muy autoexigente, y eso se traslada. Pero también creo que el trabajo tiene que ser satisfactorio. No me gusta la idea de “somos una gran familia”. Prefiero los equipos de alta performance, como el mejor equipo de fútbol. Donde hay talento, desafío compartido, transparencia, pero también humanidad. Me importa lo que pasa fuera del trabajo, que haya espacio para desarrollarse en lo personal. Me gusta ser agente de cambio. Y siempre digo: en cinco años no nos vamos a acordar si llegamos o no a la meta de este trimestre, pero sí cómo nos sentimos trabajando juntos. Y eso define si nos saludamos con un abrazo… o cruzamos de vereda.
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