
“Las personas se comprometen más cuando sienten que su trabajo tiene un sentido y que son valoradas”, sostiene Melina. Esto, explica, se da en el marco de una importante transformación del mundo laboral, que modificó las exigencias y también el modo en que las personas eligen dónde trabajar.
¿Qué tipo de liderazgo necesitan sectores tan dinámicos y exigentes como la logística y el comercio exterior?
Tanto en la logística como en el comercio exterior, hay un nivel de exigencia muy alto: el ritmo es constante, las contingencias son habituales y muchas veces hay que trabajar en horarios poco convencionales. En ese contexto, el liderazgo no puede basarse en la presión o en el control rígido. Tiene que haber contención, comunicación clara y un sentido de propósito.
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Es fundamental que los equipos entiendan por qué hacen lo que hacen, que haya espacios para intercambiar ideas y para brindar feedback. Las personas se comprometen más cuando sienten que su trabajo tiene un sentido y que son valoradas. Y en sectores tan dinámicos como estos, contar con líderes capaces de guiar y cuidar a sus equipos marca la diferencia.
¿Cómo cambió la forma de pensar el trabajo y la empleabilidad en los últimos años?
Estamos en un momento de cambio muy fuerte. La comunicación se volvió mucho más amplia gracias al acceso a múltiples medios, y eso generó un impacto directo en el mundo laboral. Antes, una carrera delimitaba bastante el rumbo profesional. Hoy, una persona puede estudiar una disciplina y terminar trabajando en áreas muy distintas. Por ejemplo, un abogado o un contador pueden desempeñarse perfectamente en una startup tecnológica.
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Además, las herramientas tecnológicas permitieron que muchas personas se empleen sin necesidad de un título universitario. Certificaciones específicas, “bootcamps” o incluso un buen nivel de idiomas como inglés, portugués o francés pueden abrir muchas puertas. El foco ya no está tanto en el diploma sino en las habilidades concretas y en el valor que una persona puede aportar desde su experiencia.
¿Cómo se adaptaron las empresas a este nuevo paradigma?
Algunas evolucionaron y otras no. Las que sí lo hicieron entendieron que el trabajo cambió: que no hace falta estar sentado ocho horas en una oficina para ser productivo. El modelo tradicional dio paso a uno basado en objetivos, en donde el empleado se convierte en un socio estratégico del negocio. Si el talento crece, la empresa también lo hace.
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En paralelo, se empezó a valorar mucho más la cultura organizacional. Un buen clima laboral motiva, potencia y mejora los resultados. Las empresas comenzaron a invertir más en capacitaciones, impulsadas también por la necesidad de adaptarse a los avances tecnológicos. Las personas valoran eso: cuando sienten que pueden seguir aprendiendo, desarrollarse y crecer, eligen quedarse.
¿Qué habilidades blandas se volvieron más relevantes?
Hoy las empresas buscan personas que puedan adaptarse rápido a los cambios. Esa capacidad de adaptación es una de las soft skills más valoradas, especialmente en sectores dinámicos como la tecnología o las startups. Otra muy importante es la apertura al aprendizaje constante, la voluntad de incorporar nuevas herramientas, metodologías o enfoques.
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También se presta más atención a la comunicación, al trabajo en equipo, a la empatía. Son aspectos que antes parecían secundarios pero que ahora se volvieron fundamentales, sobre todo cuando hablamos de liderazgos que puedan sostener equipos y motivarlos en entornos desafiantes.

¿Qué características definen a un liderazgo efectivo en la actualidad?
Un buen líder necesita tener escucha y comunicación afectiva y efectiva. Tiene que motivar al equipo, ser una figura de confianza y contención. No se trata de presionar para obtener resultados, sino de guiar, potenciar y acompañar. El líder es quien logra sacar lo mejor de las personas, quien las ayuda a desarrollar sus capacidades y a alcanzar sus objetivos alineados con los de la organización.
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El feedback también es esencial. Poder señalar lo que se está haciendo bien y, al mismo tiempo, marcar con claridad lo que puede mejorarse es parte del crecimiento. Un liderazgo saludable es aquel que impulsa, no que frena.
¿Qué es lo que más valoran hoy las personas a la hora de elegir dónde y cómo trabajar?
Hoy se valora mucho el sentido. Las personas buscan trabajar en lugares donde sientan que pueden aportar, aprender y crecer. Eso implica no solo tener un salario acorde, sino también un entorno saludable, con una cultura que promueva el respeto, la escucha y el desarrollo. En este contexto, donde los cambios son rápidos y las exigencias altas –como ocurre en logística o comercio exterior-, ese vínculo con el trabajo cobra aún más importancia.
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Hacia adelante, las organizaciones que pongan a las personas en el centro, que promuevan entornos flexibles, formativos y con propósito, serán las que marquen la diferencia. La empleabilidad del futuro estará menos asociada a un rol fijo y más conectada con la capacidad de adaptarse, colaborar y evolucionar. Y en sectores tan dinámicos, quienes logren integrar esa mirada serán los que construyan relaciones laborales sostenibles, efectivas y humanas.
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